sábado, 07 de noviembre de 2009
Mi amor quiere amor en otro amor; 
cubierto como cumbres entre infiernos. 
Simulacros de grandes ventanales, 
aromas de mandrágora, de tierra derribada. 
No teme mi amor, ese amor; 
puede lacerarlo con sus alucinadas 
visiones de la verdad y el dolor... 
que dieron vida a sus trasgos, 
y muerte a su memoria. 
Matare mi amor, con otro amor… 
surcaré de iris mi frente; 
regaré de sus labios mis elevados 
tallos de castigo. Despertare, seré ceniza y amor... 
Reblandecerán sus entrañas las paredes de mi destino, 
floreceré en ellas, lo haré, amor de otro amor. 
Arderás en el veneno de mis palabras, 
te odiaré para siempre, renaceré en la verdad del dolor. 
No quiero mirarte pero estas ahí. La oda de mis 
palabras recibe tu mirada minada de piedras moradas, 
el paisaje se transforma en mi pensamiento, 
se abren de nuevo las cumbres del infierno. 
Quiero amor envenenado, pero otro amor… ¡mi amor! 
Marlene Recalde
Primera parte de un poema de amor

Tags: poema de amor, Marlene Recalde

Publicado por elchicoanalogo @ 4:50  | Relatos de amigos
Comentarios (0)  | Enviar
viernes, 06 de noviembre de 2009
Shiro Kikutani, modesto profesor, apuñaló a su mujer, mutiló a su amante e incendió la casa donde se encontraban. Condenado a prisión perpetua, Shiro no consigue arrepentirse de haber asesinado a Emiko, pues lo considera un crimen plenamente justificado. Tras dieciséis años de solitario confinamiento, se le concede libertad condicional y es arrojado a un mundo mecanizado e implacable, el nuestro.

La lluvia golpeaba el cristal de la ventana cuando cerré Bajo palabra, de Akira Yoshimura. Me llevé el libro a los labios, mis manos fuertemente cerradas sobre las hojas, noqueado por su final amargo y doloroso. Miré la portada, un hombre fotografiado de espaldas, difuminado, una sombra en mitad de lo que parece una estación de metro. Y pensé en cómo los libros de Yoshimura que tengo se cruzaron conmigo lejos, muy lejos, de mi pueblo. Justicia de un hombre solo estaba en una de las pulcras estanterías del Ateneo tucumano. Recuerdo que Gabriela me preguntó sobre la elección de ese libro y yo sólo pude contestar que desconocía al autor, pero que lo compraba por el título, había algo en él que me atraía (tiempo después, Justicia de un hombre solo se convirtió en uno de mis libros favoritos). Bajo palabra, en cambio, se perdía entre docenas de libros en la librería de viejo de Raimundo, en plena plaza de San Francisco, Cádiz. Me pregunté por qué había llegado a esa librería, si su anterior dueño no encontró lo que buscaba en la historia. Parece que mis encuentros con el escritor japonés sólo pueden darse en mis viajes, como si yo viajara al libro o el libro a mí. (Como curiosidad, el ejemplar de Bajo palabra que tengo en mis manos se editó en La Argentina, y se nota en la traducción).
Si en Justicia de un hombre solo Yoshimura retrata a un hombre acuciado por un crimen de guerra y su deambular por un país en ruinas tomado por el ejército enemigo, en Bajo palabra seguimos los primeros pasos de un maestro, Kikutani, tras conseguir la libertad vigilada. Ambas historias están contadas de manera reflexiva, densa, cuidadosa, como un monólogo interior en tercera persona, y protagonizadas por hombres que deben adecuarse a los nuevos tiempos que viven y que sólo buscan un utópico lugar tranquilo donde descansar y vivir, alejados de una sociedad y de un pasado que no consiguen esquivar.
Uno de los aciertos de Bajo palabra es cómo Yoshimura se centra en la reacción de Kikutani a su salida de la cárcel tras 16 años de condena por homicidio. En las primeras páginas sólo sabemos la angustia y la desubicación del maestro ante un mundo sin aparentes barrotes, no la causa de su encarcelamiento, que tardaremos en conocer casi un centenar de páginas. Eso permite que no juzguemos de manera aleatoria a Kikutani ni que lo definamos de un modo ligero y tópico. Seguimos sus pasos por un mundo de centros comerciales, rascacielos y escaleras mecánicas. Kikutani se siente fuera de lugar, debe aprender a vivir de nuevo en una sociedad desconocida y a la que teme pertenecer por sus actos pasados. Los años en la cárcel le han convertido en introvertido, ermitaño, desconfiado y temeroso.
Cuando Kikutani escapa por una noche a su pueblo descubrimos el brutal crimen que cometió. Es como un derechazo en la mandíbula. El hombre desubicado y temeroso había matado a su mujer y herido a su amante. Y lo más duro, no siente remordimientos. Yoshimura es un maestro en describir la psicología de su personaje, sus partes sombrías y sus miedos, su readaptación al mundo y la distancia con su pasado, la soledad y el concepto de libertad. El hombre tranquilo que se transforma en lobo…
Todo el libro describe el intento de Kikutani por reintegrarse a una sociedad diferente a la que conoció, por encontrar su libertad entre otro tipo de barrotes, por afrontar su pasado (no hay ni piedad, adoctrinamiento o demagogia). Hay algo en la forma de escribir y de entender la vida de Yoshimura que anticipa ese final duro y amargo, ese destino inexorable al que se dirige el protagonista.
Me pregunto en qué ciudad encontraré mi siguiente libro de Yoshimura. Y quién estará a mi lado. Jesús, muchas gracias por el regalo.


Kikutani se estiró sobre la estera de su celda y miró su pulgar doblándose y girando alrededor de sus otros dedos: lo veía como si fuera un ser vivo. En ese momento, una mosca que quién sabe cómo se había metido en la cárcel voló entre los barrotes de su celda, giró un momento zumbando y se posó en el borde del estante. Los ojos de Kikutani se fijaron en la mosca, el primer ser vivo que había visto en la celda desde su llegada a la cárcel. Cuando remontó vuelo del estante, Kikutani temió que desapareciera entre los barrotes, pero volvió a posarse en la juntura de las dos esteras que le servían de cama. Flexionando sus patitas, se frotó las alas y después se quedó perfectamente quieta. Kikutani se congeló y después lentamente levantó las piernas hacia el pecho y empezó a retroceder d de a centímetros, hasta que pudo tomar su gorra de trabajo, que estaba sobre el uniforme. Cuando la mosca empezó a frotarse las alas otra vez, él se precipitó y con habilidad la atrapó con la gorra. Le pareció casi milagroso que hubiera podido atrapar algo tan inteligente y tan rápido.
Volvió a sentarse y empezó a plegar la gorra cuidadosamente, hasta que aparecieron las alas de la mosca por la diminuta apertura entre la gorra y la estera. Evaluó la situación un momento y decidió que el único modo en que podía impedir que su prisionera se le escapara era cortarle las alas. Inmovilizando a la mosca con el borde de la gorra, delicadamente le arrancó la mitad de cada ala; después lentamente levantó la gorra y tomó la mosca. Seguía temiendo que la mosca desapareciera si la soltaba; así que tiró de una hebra de su toalla y trató de atar a la mosca con ella. Esto resultó más difícil de lo que había esperado, pero al fin logró hacer un nudo bajo el abdomen de la mosca y el otro extremo lo ató a un lápiz. La mosca movía lo que quedaban de sus alas, pero no hacía más que rodar en la estera, incapaz de alzar el vuelo.
Kikutani acercó la mosca a sus ojos. En el extremo de las patas tenía un gancho en forma de garra y encima de los ojos había antenas delicadas. Las manchas que corrían en su lomo, hasta el abdomen, estaban cubiertas de finos pelos. A la mañana siguiente lo alivió encontrar a la mosca caminando por la estera. La miró mientras comía su desayuno y supuso que estaría muerta a la hora en que él volvería al trabajo; pero cuando llegó a la celda esa noche seguía viva, ocupada en rascar la estera con sus patitas. Kikutani usó un palillo para depositar una gota de su caldo de verduras en la cabeza de la mosca y al cabo de un momento la vio mover la boca. Pasó esa velada otra vez contemplándola, pero a la mañana siguiente la encontró tendida de espaldas, muerta. Las patas estaba rizadas, duras y las medias alas estaban flácidas. Esperó casi una semana antes de librarse del pequeño cadáver; no hubo cambio externo en su apariencia, pero la sentía seca y quebradiza.
Akira Yoshimura
Bajo palabra (traducción de César Aira)

Tags: Bajo palabra, Akira Yoshimura

Publicado por elchicoanalogo @ 4:15  | Libros...
Comentarios (0)  | Enviar
viernes, 30 de octubre de 2009
Nunca sé despedirme de ti, siempre me quedo
con el frío de alguna palabra que no he dicho,
con un malentendido que temer,
ese hueco de torpe inexistencia
que a veces, gota a gota, se convierte
en desesperación.

Nunca se despedirme de ti, porque no soy
el viajero que cruza por la gente,
el que va de aeropuerto en aeropuerto
o el que mira los coches, en dirección contraria,
corriendo a la ciudad
en la que acabas de quedarte.  

Nunca sé despedirme, porque soy
un ciego que tantea por el túnel
de tu mano y tus labios cuando dicen adiós,
un ciego que tropieza con los malentendidos
y con esas palabras
que no saben pronunciar.  

Extrañado de amor,
nunca puedo alejarme de todo lo que eres.
En un hueco de torpe inexistencia,
me voy de mí
camino a la nada.
Luis García Montero
Problemas de Geografía Personal (en Poesía Urbana)

Tags: Problemas, de Geografía Personal, Poesía Urbana, Luis García Montero

Publicado por elchicoanalogo @ 4:44  | Poesía
Comentarios (0)  | Enviar
jueves, 29 de octubre de 2009
El día después de un viaje soy un cúmulo de recuerdos y sentimientos, de imágenes y sensaciones que se cruzan de manera caótica y, a la vez, cálida. Miro a mi cielo y vuelvo al cielo gaditano, a la voz de mis amigos, la sonrisa en mi cara, la soledad en el avión y los aeropuertos, el cansancio, la libertad que da todo viaje, todo movimiento, los días fuera de mi vida y de mí. Porque viajar es tomar distancia no sólo con nuestra vida, también con nosotros mismos.
La niebla y la última oscuridad de la noche cercaban los montes bilbaínos. Parecía el paisaje de un sueño. Los pasajeros somnolientos tomaban un primer café o dormían con la cabeza apoyada en el hombro de su pareja. Un par de mujeres leían despreocupadas. Compré el primer libro del viaje. Experimentos con la verdad, de Paul Auster. Salí de mi vida para entrar en las palabras del ensayo de Auster, un ensayo sobre el arte de escribir donde se cruzan caminos y lecturas al azar.
Siempre me emociona el momento donde el avión levanta el vuelo, un truco de magia imposible que me hace creer que es la tierra la que huye del contacto con el avión. A ocho mil metros se borran las barreras, la rapidez  y el caos, los nudos en el estómago y esa parte de mí donde soy sólo emociones. Es la distancia justa para mirar dentro y fuera de mí… entre dos cielos, mi corazón sale de ti.
Hay algo atractivo en las grandes terminales. Y es ese cruce con otras miradas, otros idiomas, otros pasos. La condensación de una porción del mundo entre unas paredes de cristal. Mientras esperaba para embarcar de nuevo pensé en cómo mis viajes de los últimos años no han sido turísticos o culturales, sino que han sido viajes a otras personas. No iba a Cádiz; iba a Jesús, a Natalia, a Mamen.
Crucé la pista de aterrizaje a pie. El cielo gaditano limpio, azul, acogedor. Mi mochila roja al hombro. Y yo expectante y nervioso e impaciente por los días que estaba por vivir. Hace año y medio mi primer viaje a Cádiz fue una reacción a la necesidad de salir de las cuatro paredes que me ahogaban, que me emponzoñaban, que no me dejaban avanzar. En esta ocasión extrañaba a mis amigos.
Siento que me deshago cuando entro en el abrazo del otro y me cobijo entre sus brazos. En esta ocasión fue Jesús quien me recibió y quien me dejó un hueco donde cobijarme por unos segundos. A veces olvido el poder redentor y sanador de un abrazo, cómo en los brazos de otra persona puedes sentir alegría, pérdida o bienestar. Jesús no se separó de mi lado en este viaje. Me enseñó a su gente y sus lugares. Siento que lo conozco un poco mejor, que se ha quedado dentro de mí de una manera íntima, amigable. Una de los recuerdos más hermosos de este viaje fue comprobar el cariño que despierta Jesús entre sus amigos, los abrazos y mimos que recibe, la cantidad de personas que lo quieren y estiman, que buscan su compañía o su consejo. Eso dice mucho de este gaditano, es puro corazón.
Natalia apareció en uno de los lugares favoritos de Jesús, el O´Connells. Mi timidez, aún con las personas que conozco, no me ayuda a saber presentarme o despedirme, siempre la palabra y el gesto inadecuado. Natalia es una mujer chispeante, divertida, con una sempiterna sonrisa en la boca y buen humor. Y ahora madre. Hace año y medio no me atreví a abrazarla por su embarazo. En esta ocasión no supe cómo hacerlo por mi conocida torpeza. Aún así, sentirla junto a mi mejilla fue uno de esos momentos donde crees que el mundo va a cámara lenta. Algún día podré dar esos abrazos de oso que sólo he conseguido dar a un pequeño número de personas, esos abrazos donde cubro por entero a la otra persona con mi cuerpo e intento que se sienta a salvo y tranquilo entre mis brazos. Me perdí en observar sus cuidados para con Alma, su forma de mirarla, de hablar de ella, de calmarla con un simple gesto o caricia. La magia inabarcable de las madres. La primera mirada a Alma: en la silla, amodorrada, extrañada, callada. Al poco rato la tenía en mis brazos, risueña, juguetona. Alma fue la principal acaparadora de miradas y cariños. Un encanto de bebé.
Mamen sólo pudo estar un momento. Sigue siendo esa mujer de frases desternillantes y mirada cercana, capaz de arrancarte una carcajada o las ganas de mimarla por su manera de ser. Una tímida aún mayor que yo que en este encuentro se despojó de su timidez. Una mujer de pequeña estatura y enorme corazón. Sé que he de conformarme con el tiempo compartido, sean 5 minutos o 5 días, pero siempre me sabe a poco con ella. Fue agridulce verla desaparecer por la calle San Francisco.
También me gustaría nombrar a Inés, una amiga de Jesús que se unió el domingo por la tarde, una gaditana/madrileña que supo integrarse en un desconocido grupo de obsesos lectores. Cálida, entrañable, impulsiva e inquieta, fue un placer descubrirla, hablar con ella e intentar hacerle ver qué tenía de bueno. La noche de domingo fue para desvariar sobre amores y desamores. A veces los viajes traen lugares o personas inesperadas que te reconfortan y te hacen sonreír. Viajes al sur de la frontera y al oeste del sol…
Se mezclan las imágenes de estos tres días, no consigo quedarme con una sola para describirla. Las risas, las frases inolvidables, el cielo gaditano al alcance de los sueños, los pasillos de una facultad de aires árabes, las calles luminosas y amigables, el encuentro con la escritora y profesora Nieves Vázquez, que me firmó su libro El día de la ballena, las tapas exquisitas, el bizcocho de Jesús, la placidez del atardecer en la plaza de Mina, el caos de las librerías, las noches donde me quedé prendado de un cielo donde una solitaria estrella brillaba junto a una media luna. Soy imágenes desordenadas…
Las librerías de Raimundo son los lugares perfectos para los lectores empedernidos. Librerías  de viejo donde se acumulan estanterías y libros en espacios pequeños y donde pierdes la noción del tiempo y descubres pequeñas joyas o ediciones de libros que te recuerdan tu infancia en blanco y negro. Los libros amarillos, con un poco de polvo y los nombres de sus anteriores dueños. No tocabas sólo un objeto, también las huellas de docenas de personas que ya no existen, una mano tendida al pasado, a otro lector. Se me escapó un grito de alegría cuando descubrí un libro de Akira Yoshimura enterrado entre un montón de títulos desconocidos. Fue un momento de pura felicidad y congoja, como el reencuentro con un amigo que pensabas nunca volverías a ver. La vida es así, un encuentro con lo inesperado.
No sé cómo agradecer a estos gaditanos tan lindos los días pasados a su lado. Sólo sé que ya pasen dos meses o quince años, siempre vuelvo. Necesito estos viajes gaditanos, me lleno de la luz de su tierra y su gente.


Atardecía. El mundo a ocho mil metros. Las ciudades como constelaciones terrestres… entre dos cielos, mi corazón vuelve a mí…



Tags: espacios en blanco, Cádiz

Publicado por elchicoanalogo @ 0:19  | Espacios en blanco
Comentarios (0)  | Enviar
miércoles, 28 de octubre de 2009
Entré en una cafetería para hojear los libros comprados. Había un grupo de hombres y mujeres que charlaban de manera febril y contagiosa. Me gustó observar su mirada brillante y despreocupa, la risa en tiempos tan adustos, las expresiones que parecían recordar una lejana infancia. Junto a mi café, la bolsa abierta y un par de libros sobre la mesa. Leía el inicio de Menos que cero cuando una canción pegadiza desvió mi atención de las hojas al televisor colgado de la pared. Mika cantaba su último single, We Are Golden, en un vídeo colorista, loco, animado  y de imparable ritmo. Salí de la cafetería con la canción dando vueltas en mi cabeza.
Me gusta esta canción de Mika por su alegría, por su ritmo desenfadado, porque me hace saltar y mover los pies y tararear la letra y me hace sentir bien, el contrapunto perfecto a las canciones melancólicas que suelo escuchar. Y, sobre todo, me gusta escuchar a Mika porque me lleva a Mariola, una de las personas que más quiero. La voz cambiante de Mika se confunde con la voz cálida (el alma cálida) de  Mariola, una voz que siempre está dispuesta a animar, a pegar capones, a decirme lo que hago bien o las cagadas que nunca debí haber hecho, una voz sonriente o jocosa, irónica o sorprendida. La melodía de esta canción me serviría para intentar definir a Mariola, algunos momentos tranquilos se cruzan con otros homéricos e impetuosos, cálidos, desentonados, juguetones y sencillos.
Siempre es hermoso que un libro o una canción o una calle te lleven a una persona.


We Are Golden (Mika)



Teenage dreams in a teenage circus
Running around like a clown on purpose
Who gives a damn about the family you come from?
No giving up when you´rdeprimavera9022re young and you want some

Running around again
Running from running

Waking up
In the midday sun
What´s to live for?
You could see what I´ve done
Staring at emotion
In the light of day
I was running
From the things that you´d say

We are not what you think we are
We are golden, we are golden.
We are not what you think we are
We are golden, we are golden.

Teenage dreams in a teenage circus
Running around like a clown on purpose
Who gives a damn about the family you come from?
No giving up when you´re young and you want some

Running around again
Running from running
Running around again
Running from running

I was a boy
At an open door
Why you staring
Do you still think that you know?
Looking for treasure
In the things that you threw
Like a magpie
I live for glitter, not you

We are not what you think we are
We are golden, we are golden.
We are not what you think we are
We are golden, we are golden.

Teenage dreams in a teenage circus
Running around like a clown on purpose
Who gives a damn about the family you come from
No giving up when you´re young and you want some

Now I´m sitting alone
I´m finally looking around
Left here on my own
I´m gonna hurt myself
Maybe losing my mind
I´m still wondering why
Had to let the world let it bleed dry

We are not what you think we are
We are not what you think we are
We are not what you think we are
We are golden, we are golden

Teenage dreams in a teenage circus
Running around like a clown on purpose
Who gives a damn about the family you come from
No giving up when you´re young and you want some

Running around again
Running from running
Running around again
Running from running

We are not what you think we are
We are golden, we are golden.

El vídeo se puede ver en el siguiente enlace: http://www.youtube.com/watch?v=p2Gh1U14RZA


Tags: We Are Golden, Mika

Publicado por elchicoanalogo @ 4:24  | Canciones
Comentarios (2)  | Enviar
martes, 27 de octubre de 2009
Cada poco tiempo vuelvo al cine clásico y a directores como John Ford, Raoul Walsh o Howard Hawks, capaces de una sencillez expositiva y narrativa que sólo se alcanza con un absoluto dominio técnico. Sus películas son aventureras, emotivas, entrañables, sinceras, un puñado de obras maestras que nos muestran la aventura por la aventura, el drama social de los campesinos arrastrados por una crisis económica que no entienden, amores homéricos e impetuosos, el sentido de amistad y familia y desarraigo. En cierta forma, los siento como viejos amigos.
Howard Hawks fue uno de los directores del Hollywood clásico más versátiles y atractivos. Era capaz de adentrarse con igual maestría en el cine negro (Scarface, El sueño eterno); el western (Río Rojo, Río de sangre, Río Bravo, Eldorado); la aventura (Sólo los ángeles tienen alas, Hatari) o la comedia (La fiera de mi niña, Luna nueva, Bola de fuego, La novia era él).
Y precisamente elegí “Me siento rejuvenecer”, una de sus últimas comedias para una noche de cine. Pasado ya el tiempo de la comedia loca (screwball comedy) de los años 30, Hawks firma una película desternillante, alocada y repleta de momentos memorables con guión de los grandes I. A. L. Diamond (compinche de Billy Wilder), Charles Lederer y Ben Hecht.
El inicio de la película me hizo sentir que asistía a un salto temporal, como si hubiéramos vuelto a la impagable pareja de La fiera de mi niña y comprobásemos que fue de su amor pasados unos cuantos años de matrimonio. Como en la fiera de mi niña, Cary Grant es un científico despistado y con aire a Harold Lloyd incapaz de seguir las más sencillas instrucciones de su mujer, una paciente Ginger Rogers alejada de sus papeles junto a Fred Astaire, una típica mujer de casa de las películas norteamericanas de los años 50. Las primeras escenas nos muestran lo que el matrimonio causa en el amor: cierta docilidad y apaciguamiento y rutina (desde el inicio de la película aparece la ironía de Diamond).
El científico Grant busca la fórmula de la eterna juventud, una especie de Xanadú en forma de pastilla rejuvenecedora, todo su empeño está en conseguir esa fórmula perfecta. Y la consigue, sin saberlo, gracias a las mezclas que hace un chimpancé en las probetas del laboratorio y que esconde en la expendedora de agua. Grant prueba la fórmula escondida y se comporta como un adolescente. Durante una tarde se comportará no cómo fue en su adolescencia, sino como nunca llegó a ser, un tipo divertido, alegre, despreocupado y aventurero que coquetea con la secretaria de su jefe (una sensual, cómo no, Marilyn Monroe).
La ironía, la mala leche, continúa cuando su mujer también prueba la fórmula y pasa de ser una típica ama de casa a una adolescente traviesa, temerosa y virginal que huye de su marido. La fórmula no sólo les rejuvenece, también saca de dentro todo lo que llevan reprimido en su vida.
Si en La fiera de mi niña la locura aparece en el personaje caótico y divertidamente destructor de Katherine Hepburn, en Me siento rejuvenecer la locura y el caos lo desata una fórmula desconocida. Hawks, como siempre, dirige de forma brillante una comedia con mucha ironía y unos cuantos gags impagables. Los amigos como Hawks siempre te deparan buenos momentos.
Información: http://www.filmaffinity.com/es/film777312.html




Tags: Me siento rejuvenecer, Monkey Business, Howard Hawks, Cary Grant, Ginger Rogers, Marilyn Monroe

Publicado por elchicoanalogo @ 4:51  | Cine
Comentarios (0)  | Enviar
lunes, 26 de octubre de 2009
                               Cuando sientas tu herida sangrar
                               cuando sientas tu voz sollozar
                               cuenta conmigo.
 
                               (de una canción de Carlos Puebla)

Compañera,
usted sabe
que puede contar conmigo,
no hasta dos ni hasta diez
sino contar conmigo.

Si algunas veces
advierte
que la miro a los ojos,
y una veta de amor
reconoce en los míos,
no alerte sus fusiles
ni piense que deliro;
a pesar de la veta,
o tal vez porque existe,
usted puede contar
conmigo.

Si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo,
no piense que es flojera
igual puede contar conmigo.

Pero hagamos un trato:
yo quisiera contar con usted,
                  es tan lindo
saber que usted existe,
uno se siente vivo;
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos,
aunque sea hasta cinco.

No ya para que acuda
presurosa en mi auxilio,
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.
Mario Benedetti
Hagamos un trato


Tags: Hagamos un trato, Mario Benedetti

Publicado por elchicoanalogo @ 4:36  | Mario Benedetti
Comentarios (0)  | Enviar
domingo, 25 de octubre de 2009
A mediados de los noventa grupos como King Crimson, Yes y Marillion me descubrieron otro estilo de música. Cada disco de rock progresivo me adentraba en un género arriesgado, diferente y con abundantes matices. Pasé por una época donde sólo admitía esa música progresiva y no me movía de sus límites. De los sonidos clásicos de los Yes setenteros al intimismo de Marillion, de la complejidad de Rush al espíritu innovador de los King Crimson de Fripp. Cualquier grupo con la etiqueta de rock progresivo llamaba mi atención: Ozric Tentacles, Spock´s Beard, Porcupine Tree… Y Dream Theater.
Durante un tiempo la música de los Dream Theater capitalizó mis horas de escucha. Esperaba sus discos con expectación y los quemaba a los pocos días de haberlos comprado. Me gustaba esa mezcla de rock pesado y contundente con la música progresiva, los aires a Rush o Kansas, la destreza instrumental de sus componentes. Era tanta mi admiración por el quinteto norteamericano que también me hacía con los proyectos paralelos de sus componentes.
En un inicio me quedé sorprendido y enganchado al poderío instrumental y virtuoso de Liquid Tension Experiment (con el gran Tony Levin) y ese “retro rock” fascinante de los Transatlantic. Pero, curiosamente, con el tiempo, el grupo paralelo a Dream Theater con el que me quedo es Platypus, donde estaba el bajista John Myung y el teclista Dereck Sherinian, además del siempre interesante Ty Tabor a las voces y guitarras y el batería de los Dixie Dregs, Rod Morgenstein. Platypus no era un grupo tan extremadamente (cansinamente) virtuoso como Liquid Tension Experiment ni se dejaban llevar por la nostalgia del viejo rock progresivo en largas y complejas suites como Transatlantic. Platypus era más un divertimento, canciones cortas, entretenidas y rítmicas y con unas instrumentales de un virtuosismo asumible para los que no somos músicos y podemos agotarnos con tanta profusión de notas por segundo. When Pus Come To Shove, su primer disco, me agradó por la combinación de canciones cortas e instrumentales atractivas; el segundo, Ice Cycles me pareció más equilibrado y con guiños hacia el pop.
En los últimos días he recuperado a este “supergrupo” formado por los miembros de Dream Theater, King´s X y Dixie Dregs y su música me sigue pareciendo un buen divertimento.
Información: http://en.wikipedia.org/wiki/Platypus_(band)

De When Pus Come To Shove dejo la instrumental Blue Plate Special





De Ice Cycles, la canción The Tower



I am the captain and it feel absurd.
How I let my life crash down by your every word.
And I know you feel the weight it puts on you.
But I can't stop thinking we can make it through.

Can we keep hanging from the tower?
Can you believe in what you once could feel?
Not turning back but going up the hill.
I'm sure there is a view from the very top.
And then it's all downhill and never stop.

Can we keep hanging from the tower?
Can we keep hanging from the tower?

Today I said out loud a little prayer.
And I Don't believe it died out in the air.
It maybe seems impossible today ...
But I will keep believing anyway, everyday, all the way.

Can we keep hanging from the tower?

Tags: Platypus, Ty Tabor, John Myung, Rod Morgenstein, Dereck Sherinian, Ice Cycles, When pus come to shove

Publicado por elchicoanalogo @ 5:05  | Canciones
Comentarios (2)  | Enviar