Domingo, 03 de febrero de 2008

Paisajes desérticos, cafeterías en penumbra, bares con una luz agonizante, carreteras polvorientas, luces solitarias en las orillas y un puñado de seres que deambulan al margen de la sociedad, de la vida. Rock Springs se ha convertido en uno de mis libros de cuentos favorito, una decena de relatos donde se habla de vidas grises y cansadas, unas vidas que parecen agonizar por momentos pero que albergan la posibilidad de un cambio, de una redención en gestos pequeños e inesperados. Hay cierta poesía en esa imagen de supervivientes y perdedores, de carreteras secundarias y moteles, del momento donde todo parece perdido y roto y, aún así, surge una fuerza subterránea que parece equilibrar la balanza entre lo perdido y una pequeña esperanza.

Los personajes de los relatos de Rock Springs son cercanos, hombres y mujeres que buscan la redención o una segunda oportunidad o sólo seguir adelante sin reabrir sus heridas. Hermosos, melancólicos, duros a veces, los relatos de Richard Ford son pequeños trozos tomados al azar de una vida, momentos que parecen anodinos pero que son el inicio de un cambio, encuentros de apenas minutos entre desconocidos que dejarán una huella perdurable, amantes que hablan de una relación que se extingue o familias que se despiden por un tiempo.

Los diez cuentos de Rock Springs me han dejado del revés, se han convertido en uno de esos libros que perdurarán en mi recuerdo, que serán un referente, que estarán unidos a un momento importante en mi vida. Gran libro de Richard Ford.




De alguna manera, quién sabe por qué, tus decisiones un día dan un vuelco y pierdes tu dominio de las cosas. Y un día te despiertas y te encuentras en la situación en la que juraste que jamás te encontrarías, y ya no sabes qué es para ti lo más importante en este mundo. Y después de eso, todo ha acabado. Y yo no quería que a mi me sucediera; jamás pensé, de hecho, en la posibilidad de que llegara a sucederme. Sabía el significado del amor. El amor era no crear problemas, no ponerse en situación de crearlos. Era no dejar a una mujer porque se ha puesto el pensamiento en otra. Era no llegar nunca a estar donde se juró que nunca se estaría. Y no era vivir aislado, estar solo. Eso nunca. Nunca.

( ... )

- Ah, muchacho – dijo mi padre en la oscuridad. Lo miré: tenía los ojos entrecerrados, y parecía estar pensando en algo-. ¿Sabes, Jackie? – dijo -, tu madre me dijo una vez una cosa que nunca he olvidado. Me dijo: "Nadie se muere porque se le parta el corazón". Fue poco antes de nacer tú. Vivíamos en Texas y habíamos tenido una pelea tremenda, y se le ocurrió decirme eso. No sé por qué – dijo, y sacudió la cabeza.

( ... )

-¿Qué piensas todas las noches cuando te metes en la cama conmigo? No sé por qué, pero el caso es que quiero saberlo –dijo Arlene-. A mí me parece importante.
Y la verdad es que no tuve que pensar en absoluto la respuesta, porque ya la conocía; ya había pensado en ello, y me había preguntado si mi respuesta se debía a la época que estaba atravesando, o a la existencia de un ex marido, o a que tenía una hija a quien educar yo solo y nadie más de quien pudiera estar totalmente seguro.
-Lo único que pienso -dije- es que ha pasado otro día. Un día que he pasado contigo. Y que ha quedado atrás.
-Y en eso hay como una pérdida, ¿no es cierto? -Arlene movió la cabeza y me sonrió.
-Supongo que sí -dije yo.
-Pero después de todo no es tan malo, ¿no crees? Puede haber un día siguiente.
-Es cierto -dije.
-No sabemos a dónde nos lleva todo esto, ¿verdad? - dijo Arlene, y me apretó con fuerza la mano.
-No -dije.
Y yo sabía que eso no era malo en absoluto, para nadie, en ninguna vida.
Richard Ford
Rock Springs (traducción de Jesús Zulaika. Anagrama)


Tags: Rock Springs, Richard Ford, Jesús Zulaika, Anagrama

Publicado por elchicoanalogo @ 10:48  | Libros...
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