Martes, 05 de febrero de 2008

En Brooklyn Follies encontré un tono nuevo en Auster, una voz cálida y sencilla que habla sobre aprender a (sobre)vivir, que se detiene en personajes a la deriva que se encuentran por puro azar y en se encuentro se reconfortan y se apoyan los unos a los otros e intentar salir adelante, personas que construyen dentro de sí un hotel existencia donde refugiarse y protegerse.

Nathan regresa a Brooklyn tras un cáncer de pulmón, su jubilación y su divorcio. Descreído, cínico, y que, como dice en la primera frase del libro estaba buscando un sitio tranquilo para morir, habla sobre su proceso de mirar de nuevo a la vida, de cómo la soledad que en un principio buscaba se convierte en un continuo cruce de caminos y se reencuentra con parte de su pasado perdido.

Paul Auster otorga a Nathan el papel de narrador y consigue que cada personaje secundario tenga una voz propia, además, sigue escribiendo de esa manera cristalina que parece no supone ningún esfuerzo y que atrapa. Cuida cada detalle, cada personaje, ya ocupen dos páginas o sean protagonistas, incluye pequeñas historias dentro de la historia, multitud de detalles que arropan la historia principal, el azar como punto de encuentro, como catalizador de una nueva vida.





Estaba seguro de que iba a morirme, y una vez que me extirparon el tumor y pasé el extenuante suplicio de la radio y la quimioterapia, después de sufrir los largos periodos de náusea y mareos, la pérdida del pelo, la pérdida de la voluntad, la pérdida del trabajo, la pérdida de mi mujer, me resultaba difícil imaginar cómo iba a salir adelante. De ahí Brooklyn. De ahí el inconsciente regreso al lugar donde había empezado mi historia.
Tenía casi sesenta años, y no sabía cuánto tiempo me quedaba. A lo mejor veinte años más; quizá sólo unos meses. Cualquiera que fuese el pronóstico médico de mi estado, lo fundamental era no dar nada por seguro. Mientras siguiera en este mundo, tenía que encontrar la manera de empezar a vivir otra vez, pero incluso si me moría pronto, debía hacer algo más que quedarme de brazos cruzados esperando el fin.
Paul Auster
Brooklyn Follies (Benito Gómez Ibáñez. Anagrama)


Tags: Brooklyn Follies, Paul Auster, Benito Gómez Ibáñez, Anagrama

Publicado por elchicoanalogo @ 9:18  | Libros...
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Comentarios
Bienvenido... Fant?stico libro y texto Sonrisa ?nimo Sonrisa
Publicado por sylvia
Martes, 05 de febrero de 2008 | 10:12
Saludos Sylvia,

Ac? vamos de nuevo... Aunque parezca extra?o, ?ste es uno de mis libros favoritos de Auster por la ternura que tiene, por esa segunda oportunidad vital que muestra. Me gustar?a agarrarme a eso, a los heteles existencia, a que mi vida cambie y vaya por buen camino de nuevo. Ahora mismo todo es incertidumbre...
Un abrazo.
Publicado por elchicoanalogo
Martes, 05 de febrero de 2008 | 11:37
En realidad, si lo piensas, la incertidumbre es perenne, aunque a veces los espejismos de la vida nos hagan creer lo contrario... paso a paso, el tiempo (y la vida) dir?...Af?rrate a la buena literatura, pq es uno de los posibles salvavidas Sonrisa
Publicado por sylvia
Martes, 05 de febrero de 2008 | 12:32
Pues es cierto, Sylvia, todo es incertidumbre, lo que pasa es que ahora me gustar?a tener algo claro en mi vida, algo a lo que agarrarme, que fuera medianamente seguro, una tabla de salvaci?n tras el naufragio. S? que es dif?cil, pero necesito algo que me ayude a salir de donde me encuentro. La literatura siempre ha estado en mi vida y seguir? ah?, de eso no hay duda.
Publicado por elchicoanalogo
Martes, 05 de febrero de 2008 | 18:45