Nathan y Tom, tío y sobrino, un cínico divorciado en proceso de recuperarse de un cáncer de pulmón y un joven que prometía mucho, pero cuya fulgurante estrella académica ha caído en picado. Dos hombres solos cuyos fracasos existenciales los han llevado a Brooklyn y que, en compañía de Harry, antiguo falsificador de arte y actual jefe de Tom, sueñan en sus noches etílicas con sus respectivos «hoteles existencia», ese lugar imaginario donde uno se recluye cuando la vida pesa demasiado.
En el instante en que Harry planea un golpe que puede reportarles una enorme inyección de dinero, el sueño empieza a teñirse de posibilidad... Una novela que transforma la desesperanza en amor, un entramado de historias y personajes, brillante, vital, hilarante a veces, sobre los sueños que se cumplen y los que no, en un hotel que nunca cierra.
Un libro sobre aprender a (sobre)vivir, sobre personajes a la deriva que se encuentran para reconfortarse y apoyarse e intentar salir adelante, un libro sobre personas que tienen dentro de sí un hotel existencia donde refugiarse y protegerse del exterior, de la duros golpes con los que nos sorprende la vida. Maravilloso, entrañable, de esos que no puedes hacer pausas porque un corte en la lectura es tan doloroso como un corte real. Un hombre, Nathan, que regresa a su Brooklyn tras un cáncer de pulmón, su jubilación y su divorcio, descreído, cínico, que, como dice en la primera frase del libro “Estaba buscando un sitio tranquilo para morir”, narra ese proceso de mirar de nuevo a la vida, de cómo la soledad que en un principio buscaba se convierte en un continuo conocer gente y reencontrarse con parte de su pasado al que había perdido de vista.
Paul Auster, no sé cómo demonios lo hace, otorga a Nathan el papel de narrador y consigue que cada personaje tenga una voz propia, además, sigue escribiendo de esa manera cristalina que parece no supone ningún esfuerzo pero que embelesa y atrapa. Cuida cada detalle, cada voz de los personajes, ya ocupen dos páginas o sean protagonistas, incluye pequeñas historias dentro de la historia, multitud de detalles que arropan la historia principal...
Siempre encuentro refugio en Auster...
Estaba seguro de que iba a morirme, y una vez que me extirparon el tumor y pasé el extenuante suplicio de la radio y la quimioterapia, después de sufrir los largos periodos de náusea y mareos, la pérdida del pelo, la pérdida de la voluntad, la pérdida del trabajo, la pérdida de mi mujer, me resultaba difícil imaginar cómo iba a salir adelante. De ahí Brooklyn. De ahí el inconsciente regreso al lugar donde había empezado mi historia.
Tenía casi sesenta años, y no sabía cuánto tiempo me quedaba. A lo mejor veinte años más; quizá sólo unos meses. Cualquiera que fuese el pronóstico médico de mi estado, lo fundamental era no dar nada por seguro. Mientras siguiera en este mundo, tenía que encontrar la manera de empezar a vivir otra vez, pero incluso si me moría pronto, debía hacer algo más que quedarme de brazos cruzados esperando el fin.
Paul Auster
Brooklyn Follies
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