Domingo, 03 de febrero de 2008

No se me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! —y en esto soy irreductible— no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!

Ésta fue —y no otra— la razón de que me enamorase, tan locamente, de María Luisa.

¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos? ¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de pronóstico reservado?

¡ María Luisa era una verdadera pluma!

Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba sus compras, sus quehaceres.

¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores! Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado. “¡ María Luisa! ¡ María Luisa!”... y a los pocos segundos, ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte.

Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos aproximaba al paraíso; durante horas enteras nos anidábamos en una nube, como dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta, el aterrizaje forzoso de un espasmo.

¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera..., aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas! ¡Qué voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes la de pasarse las noches de un solo vuelo!

Después de conocer una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre? ¿Verdad que no hay una diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?

Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando.

Oliverio Girondo
Espantapájaros 1

Tags: Espantapájaros, Oliverio Girondo, mujeres voladoras

Publicado por elchicoanalogo @ 11:17  | Oliverio Girondo
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Comentarios
me seduce oliverio que otra obra recomendariasLlorando
Publicado por osval
Lunes, 29 de marzo de 2010 | 16:43
Pues Veinte poemas para ser leídos en el tranvía y Persuasión de los días están realmente bien. Saludos
Publicado por elchicoanalogo
Lunes, 29 de marzo de 2010 | 18:50
Amo este poema desde la primera vez que lo leí... Casualmente lo publicaste el día de mi cumpleaños!!! Casualidad???
Publicado por KeLPieOz
Martes, 13 de abril de 2010 | 4:09
Es uno de mis poemas favoritos de Girondo. Y acá otro nacido a principios de febrero. Saludos.
Publicado por elchicoanalogo
Martes, 13 de abril de 2010 | 20:52

me gusta su obra publicada ya que mi maestro de matematicas me hablo de ella me gusta ese genero alguien me podria recomendar otros autores porfavor

Publicado por Invitado
Viernes, 30 de septiembre de 2011 | 1:43

Podrías leer a Jaime Sabines, Mario Benedetti, Oscar Hahn, Ángel González...

Publicado por elchicoanalogo
Viernes, 30 de septiembre de 2011 | 17:56