Martes, 05 de febrero de 2008

He leído País de nieve a trompicones, no acababa de arrancar con la novela o me tenía que detener y regresar a las mismas páginas antes de avanzar. Y aún así, había algo que me atraía, cierta melancolía, la sutileza con la que están dibujados los personajes, los paisajes tan fugaces como las emociones, la sombra de Komako y su amor no correspondido.

Hay momentos donde Kawabata se descuelga con hermosos párrafos que describen el paisaje blanquecino de la tierra nevada, párrafos donde la acción se detiene para detallar el movimiento del viento sobre los montes, la blancura de las cumbres en mitad de la noche, la elaboración de finos tejidos en la nieve al sol del invierno o los insectos que mueren en el final del otoño con la pronta llegada del invierno. Kawabata une el paisaje con las emociones de los personajes, la lentitud, el paso del tiempo, la belleza vista en la distancia, el amor pasional y el amor temporal.

Historia de amor a veces gélida, a veces pasional, País de nieve habla de la soledad de Shimamura, un hombre que pone distancia con su familia y Tokio a un territorio de montañas y cumbres nevadas, de la delicada geisha Komako, de un paraje que a veces parece una cárcel, de una mujer que se convirtió en geisha para ayudar al hombre que amaba, de una muchacha de voz angelical que no sabe abandonar la tumba de un amor pasado y único, de un paisaje que es un personaje más. Como el título de uno de sus libros, en Kawabata se funde lo bello y lo triste.





Shimamura estaba contemplando el dedo índice de su mano izquierda. Sólo ese dedo parecía conservar un recuerdo vital de la mujer que se proponía reencontrar. Cuánto más se esforzaba en convocar su imagen, más lo traicionaba su memoria y más difusa se le hacía aquella mujer. No conocía su nombre siquiera. En esa incertidumbre, sólo el dedo índice de su mano izquierda parecía conservar el tibio recuerdo de aquella mujer y acortar la distancia que los separaba. Invadido por la extrañeza, Shimamura se llevó la mano a los labios y luego trazó una línea distraída en el vidrio empañado. Un ojo femenino irrumpió en el cristal. Shimamura se estremeció. Creyó que había soñado hasta que comprendió que era sólo el reflejo en la ventanilla de la muchacha sentada al otro lado del pasillo.
Yasunari Kawabata
País de Nieve (Traducción de Cesar Durán. Traducción revisada de Beatriz Galán. Emecé )


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Publicado por elchicoanalogo @ 0:27  | Libros...
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