Jueves, 07 de febrero de 2008

Hermosa y triste historia de Kawabata. Un libro también repleto de sensualidad y carnalidad. Un hombre se dedica a pasar las noches junto a los cuerpos desnudos de diferentes jóvenes, mientras se preguntaba sobre la cercana muerte y la fealdad de la vejez y por qué otros hombres viejos, que ya no “son hombres”, como se dice en la novela, buscan placer en la compañía de mujeres sedadas. Con cada mujer dormida, el protagonista, sin buscarlo, va recordando pasados y pequeños amores que había olvidado y que recuerda por una fragancia o un gesto de las bellas durmientes.

En La casa de las bellas durmientes está la delicadeza y la escritura sutil de Kawabata, la lentitud y el silencio en los gestos y las acciones, las imágenes que mezclan sueño, recuerdo y realidad y acaban por ser algo real pero inexacto, el paso tiempo y la crueldad de la vejez. Hay mucha tristeza en esta historia de Kawabata, la imposibilidad de aprehender el tiempo y la propia vida.





Recordó un beso de hacía más de cuarenta años. Con las manos posadas ligeramente sobre los hombros de la muchacha que estaba frente a él, acercó los labios a los suyos. Ella meneó la cabeza de izquierda a derecha.
- No, no, no lo haré.
- Ya lo has hecho.
- No, no, no lo haré.
Eguchi se frotó los labios y enseñó a la muchacha el pañuelo manchado de rosa.
- Pero si ya lo has hecho. Mira esto.
La muchacha cogió el pañuelo y lo miró de hito en hito, y después lo metió en su monedero.
- No, no lo haré – dijo, bajando en silencio la cabeza, ahogada por las lágrimas.
Yasunari Kawabata
La casa de las bellas durmientes (traducción de Pilar Giralt. Círculo de lectores)


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Publicado por elchicoanalogo @ 0:17  | Libros...
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