Lunes, 11 de febrero de 2008

Algunas novelas crean un pequeño mundo cerrado; Un trozo de mi corazón se despliega inmensa en sus paisajes, tanto humanos como geográficos. Richard Ford cuenta la historia violenta –pero también conmovedora y divertida– de Robard y Sam, quienes se conocen en una peculiar casa en una isla del Mississippi. Las intenciones que les animaron a dirigirse a la isla se vuelven muy pronto confusas y acaban por sacrificar sus propósitos iniciales. El libro se inicia con un asesinato misterioso, con una víctima desconocida. Lo que sigue es intenso y a menudo brutal, y culmina con un personaje notable, un hombre valeroso, que se convierte en su propia –y última– víctima. Éste es un libro sombrío e intenso.

Conocí a Richard Ford gracias a la antología del cuento norteamericano que él compiló. Dentro, uno de sus relatos. Magnético. Quise leer más y coincidiendo con el cumpleaños de un amigo periodista deportivo, compré dos ejemplares de “El periodista deportivo”. Fue un encuentro homérico, exultante, uno de esos momentos donde un libro te atrapa hasta la última página.
Un trozo de mi corazón es la primera novela de Ford, escrita allá por la década de los 70. Dos hombres coinciden en una isla desconocida y perdida de los mapas, dos personajes desarraigados, perdedores, que deambulan por la vida sin saber qué hacer con ella. Uno de ellos, Robard, es víctima de una pasión sexual incontrolable que le hace conducir 5000 kms para encontrarse con una mujer, el otro, Newel, no sabe a dónde dirigir su vida.
Ford alterna el punto de vista. Cada capítulo está dedicado a uno de los dos hombres, vemos sus diferentes caminos y su diferente mirada ante esos días que comparten en la isla, donde conviven con un estrafalario viejo, su mujer y su criado.
Es un gran libro éste de Ford, con un final que me recordó por momentos a la explosión de violencia de los últimos minutos de Perros de paja.

Había una especie de serenidad nauseabunda en todo ello, en elegir lo único que le quedaba, cuando todo lo demás había sido eliminado, y no por algo que hubiera hecho sino por las mismas circunstancias. Era la satisfacción relativa que tiene una persona, pensó, cuando se encuentra en una playa desconocida después de pasarse semanas flotando a la deriva encima de un tronco, demasiado lejos de su país como para esperar que fuera a ser depositado en sus orillas, pero contento al menos de estar en tierra, aunque se tratase de un lugar desconocido.
Richard Ford
Un trozo de mi corazón


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Publicado por elchicoanalogo @ 0:00  | Libros...
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