Lunes, 11 de febrero de 2008

Tras la reciente muerte de su esposa después de una larga enfermedad, el historiador de arte Max Morden se retira a escribir al pueblo costero en el que de niño veraneó junto a sus padres. Pretende huir así del profundo dolor por la reciente pérdida de la mujer amada, cuyo recuerdo le atormenta incesantemente. El pasado se convierte entonces en el único refugio y consuelo para Max, que rememorará el intenso verano en el que conoció a los Grace (los padres Cario y Connie, sus hijos gemelos Chloe y Myles, y la asistenta Rose), por quienes se sintió inmediatamente fascinado y con los que entablaría una estrecha relación. Max busca un improbable cobijo del presente, demasiado doloroso, en el recuerdo de un momento muy concreto de su infancia: el verano de su iniciación a la vida y sus placeres, del descubrimiento de la amistad y el amor; pero también, finalmente, del dolor y la muerte. A medida que avanza su evocación se desvelará el trágico suceso que ocurrió ese verano, el año en el que tuvo lugar la «extraña marea»; una larga y meándrica rememoración que deviene catártico exorcismo de los fantasmas del pasado que atenazan su existencia.

Hay temas que me atraen de especial manera. Uno de ellos es el regreso al pasado para buscar un lugar donde refugiarse del presente, donde restañar las heridas y, tal vez, tomar impulso ante lo que está por llegar. Por eso compré El mar. Banville, del que no había sabía nada hasta hace unos meses, me ha regalado un libro profundamente intimista, reflexivo, melancólico, catártico, escrito de manera admirable, poética, a veces doloroso, a veces como un susurro. Max regresa al pueblo de sus vacaciones infantiles para intentar superar la muerte de su esposa. En ese encuentro con el espacio de su niñez se confunde y entremezcla el tiempo, como las olas que llegan a la orilla y vuelven al mar una y otra vez, y saltamos de sus recuerdos de un verano iniciático, de descubrimiento continuo al último año con su esposa, a su no saber qué hacer con su vida actual, a su estado de perplejidad y pérdida. Es un libro hermoso con escenas conmovedoras, el primer beso del protagonista en la oscuridad de un cine, una tarde de picnic cerca del mar, el día de la extraña marea que llega a niveles nunca antes visto... Y por supuesto, la presencia constante, evocadora, del mar.


Me asombra lo poco que ha cambiado en los más de cincuenta años transcurridos desde la última vez que estuve aquí. Me asombra, y me decepciona, e incluso diría que me aterra, por razones que se me hacen oscuras, pues ¿por qué iba a desear algún cambio, yo, que he vuelto para vivir entre los escombros del pasado?
(...)
Se supone que la vida, la auténtica vida, es una lucha, una acción y una afirmación inagotables, la voluntad embistiendo con su cabeza roma contra la pared del mundo, cosas por el estilo, pero cuando vuelvo la vista atrás me doy cuenta de que la mayor parte de mis energías se dedicaron siempre a la simple búsqueda de cobijo, de comodidad, de sí, lo admito, un rincón acogedor. Comprenderlo se me hace sorprendente, por no decir escandaloso. Antes me veía como una especie de bucanero que se enfrentaba a todo el que se me ponía a tiro con un alfanje entre los dientes, pero ahora me veo obligado a reconocer que me engañaba. Esconderme, protegerme, guarecerme, eso es lo único que realmente he querido siempre, amadrigarme en un lugar de calor uterino y quedarme allí encogido, oculto de la indiferente mirada del sol y de la severa erosión del aire. Por eso el pasado supone para mí un refugio, allí voy de buena gana, me froto las manos y me sacudo el frío presente y el frío futuro.
John Banville
El mar


Tags: El mar, John Banville

Publicado por elchicoanalogo @ 23:25  | Libros...
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Comentarios
Libro que apasiona o se aborrece (comprobado!). Para m?, imprescindible...uno de los mejores libros que he le?do en los ?ltimos a?os...Y el fragmento que has escogido me ha hecho entrar ganas de releerlo...Saludos,
Publicado por sylvia
Martes, 12 de febrero de 2008 | 10:18
Saludos, Sylvia,

Disfrut? de cada p?gina de este libreo, de esa manera evocadora que tiene Banville de contar la historia. Una gozada de libro..
Un abrazo.
Publicado por elchicoanalogo
Martes, 12 de febrero de 2008 | 13:20