Jueves, 14 de febrero de 2008

Como aquellos entrañables personajes de las películas de Ford que eran medio irlandeses, yo soy medio gallego. Mis raíces se hunden en aquella tierra, una tierra que me acogió y cobijó en los dos meses de vacaciones que vivíamos en las aldeas de mis padres en Lugo. Para un niño no había mejor lugar donde soñar cientos de aventuras que un pedazo de tierra olvidada del mundo, rodeada de docenas de modestos montes que parecían escondernos de la vida. Ya las casas eran diferentes a las que veía acá. No eran bloques de cemento y ladrillo imitando a la torre de babel en su loca carrera hacia el cielo. No. Las casas, solitarias, de aspecto inquebrantable, tenían personalidad, parecían que estaban en consonancia con sus moradores. Siempre me pareció curioso que al lado de la puerta principal estuviera la puerta del establo, que las vacas y las personas se confundieran en algunos momentos del día.
Recuerdo aquellas aldeas y sólo puedo definirlas como mágicas. Los caminos estaban iluminados por la luz humilde de las luciérnagas, pequeños puntos verdes que parecían moverse con el paso de las estrellas, las casas abandonadas llamaban nuestra atención y nos descubrían temores desconocidos, la escuela en ruinas, solo dos paredes hundidas en la tierra, nos hablaba de otra época donde los niños de todas las edades se juntaban antes de trabajar en el campo. Allí olvidaba la rutina de los estudios y los patios de colegio, me sentí mayor, hombre, en plena adolescencia, cuando acompañaba a mis primos a trabajar en la hierba seca o a recoger hierba verde para las vacas y yo regresaba en el remolque del tractor, subido a una altura que me hacía sentir inalcanzable.
Pasé un decenio sin pisar los prados de la Ribeira, sin ver las caras curtidas y ajadas de mis abuelos y tíos. Regresé con 29 años, con una permanente sensación de pérdida, y pude ver los paisajes de mi infancia con mi mirada de adulto. Y todo aquello, los paisajes, las personas, los recuerdos, crecieron, se asentaron para siempre en mí. Tal vez por eso me atraen tanto las historias de regresos, confrontar el pasado en un presente herido, buscar un refugio donde restañar las heridas para seguir adelante."


Tags: Raíces, Ribeira de Piquín

Publicado por elchicoanalogo @ 0:05  | Great White Way
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