lunes, 18 de febrero de 2008

No había nadie en el apeadero. Eran las cinco y media de la mañana. Hacía viento, combaba los árboles, era el único sonido junto a los incansables ladridos de un perro. Todo era sombras, quietud y soledad. Me sentí a gusto, tranquilo, como una especie de último hombre vivo sobre la tierra. La luna apenas sobresalía por encima de los montes, era una luz lejana, disipada por unas frágiles y pequeñas nubes.

Bajé en otro apeadero solitario. Y anduve un par de kilómetros hasta la imprenta. Con las primeras casas aparecieron los ruidos de unos pocos coches y algunas personas que se dirigían a su trabajo. Otro perro ladraba con fuerza, como si aullara a la luna (y esa conexión es un misterio).

El mismo gesto durante 8 horas. Hoy me tocaba cargar pliegos en una máquina cosedora (la que junta y pone los hilos a los pliegos antes de convertirlos en libros). Agacharse, coger un taco de pliegos, igualarlo y cargarlo en la máquina, agacharse, coger un taco de pliegos, igualarlo y cargarlo en la máquina. 8 horas. A la media hora mi mente vagaba por un sin fin de juegos matemáticos para no desesperarme de tanta repetición. En cada taco, 50 pliegos. 15 cargadores. Ahora son 50, ahora 100, ahora 150, así hasta los 750. Luego, conté cada taco en los palés. 10 tacos por altura. 6 alturas. Los números bailaban. Las veces que me agachaba, las veces que se paraba la máquina, 60 euros por día trabajado, llevo 5…

Empecé a notar el sonido de las máquinas, una conversación propia. Había momentos donde parecía que hablaban. Y si uno está aburrido puede hacer que ese ruido constante e inquebrantable de las máquinas diga la palabra que uno quiera. Boludo… Viaje… Diez mil setecientos veintiocho…

Demasiadas horas por delante. Pensé… Pensé en una idea para un cuento que surgió hace ya 5 años y que nunca me pongo con ella. Un hombre que se pierde en el tiempo y vive atrasado del resto del mundo en una hora. Aparecieron imágenes de calles desiertas, de un hombre que busca un rumor, algo que le ayude a vislumbrar a las personas que viven en el presente. Pensé en la mañana en que Iván y yo descubrimos una golondrina moribunda en el taller de mi tío Cándido. Solían anidar en las esquinas del taller y a veces me gustaba contemplar sus vuelos tan pegados al techo. La golondrina apenas tenía fuerza para aletear. Iván y yo nos miramos, no sabíamos que hacer. Sólo se nos ocurrió ir a buscar gusanos para alimentarla. Intentamos que los tragara con una pinza, luego machacamos a uno y se lo dimos con la mano. Pero nada. No reaccionaba. No conseguí recordar qué pasó con la golondrina, si la enterramos o la dejamos en el primer lugar que vimos libre. Pensé en Brave, el disco de Marillion, que escucho de manera continua desde hace tres días. Es mi disco. MI disco. Lo descubrí por casualidad, como se descubren las mejores cosas, los amigos, el amor, un libro. Desde hace más de 10 años me siento atrapado por su música melancólica, intimista, a veces agresiva (como cuando cantan que no hay nada tan duro como el amor), siempre directo a las entrañas. Pensé en las últimas estrofas de la canción que da título al disco: “Ve su tristeza en tu cara. Ella está en ti y está llorando.” No consigo despegarme de esas frases. Pensé en que aún la quiero. Y, como me dice Sergio, entré en trance no de segundos o minutos como cuando estoy con él, sino de milésimas, apenas perceptible. Pensé en que necesito viajar, el movimiento, sentir que estoy en mitad de lo desconocido y que soy capaz de disfrutarlo. Necesito una ventanilla de autobús, un paisaje cambiante, sentir que me alejo y a la vez me acerco a un punto. Pensé en hacer realidad una pequeña locura que se me ocurrió días atrás. Conocer Islandia. Cada mes ahorraré un poco para irme el año que viene. Glaciares, géiseres, una isla, el norte, Sigur Rós, la película Cold Fever. Todo eso pasó por mi mente mientras pensaba en Islandia. 

Mañana, de nuevo, 8 horas.



The Hollow Man (Marillion)

Creo que me he vuelto uno de los hombres vacuos
A medida que brillo más por fuera en estos días
Noto el exterior alimentarse de mi interior
Dejando una oscuridad que crece en su lugar
Creo que me he vuelto uno de los hombres vacuos
Creo que me he vuelto uno de los solitarios
Ahora que todo el mundo me habla
Siento que me he vuelto uno de los vacíos

Los hombres vacuos pueden pararte con el brillar de un ojo
Los hombres vacuos te pueden llevar sin tan siquiera tender la mano
Los hombres vacuos te tienen cogido mucho antes de que te des cuenta

El veneno paraliza

Creo que me he vuelto uno de un par de hombres
Es un sentimiento que he tenido desde hace algún tiempo
Me miro a mi mismo y observo mis movimientos
Un ojo cegado ve al frágil destrozado

Observa este frío mundo servir a estos hombres vacuos sin fin
Encuéntranos allá donde mires
Ven y conoce a nuestros amigos
Aguántanos en nuestros estúpidos trajes
Ponnos las pilas
Ponnos en fila como a los patos de feria
Observa como sonreímos y sonreímos
Ve las mentiras tras nuestros ojos
Ve la voluntad para ganar
Te compraremos y venderemos
Aunque quizás guardemos tu piel

Siéntate en silencio y escucha la brisa
Los vacuos y solitarios escuchan también
Olisqueamos el aire en busca de algo que podamos usar

Somos duros como la lata y hacemos ruido cuando nos agitan


Traducción tomada de The Web Spain


Tags: Marillion, The Hollow Man, Islandia, trabajo temporal, desvaríos

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