Hoy duele. Ahora, en este instante, mientras escribo, me siento extraño dentro de mi pecho, como vacío y acongojado, un nudo gordiano, sin fuerzas, sin ánimo, inerte. Y esto es así, una pura (puta) montaña rusa de emociones hasta que el tiempo haga su trabajo y duela cada vez menos y todo se difumine y sólo queden los recuerdos hermosos de un amor y una mujer hermosos.
Hay días donde me siento tranquilo por momentos, donde no me dejo pensar e intento cansarme física y mentalmente con extensas caminatas o sesiones de cine o escribiendo horas y horas, como antaño, sobre mí, sobre mi pasado o inventando cualquier cuento medio cursi, típico de mí. Me ocupo, me muevo, organizo viajes (en una semana, Madrid), cambio mi manera de ser, de afrontar la vida que tenía estos últimos meses. Avanzo. Pero hoy duele.
Siento vértigo en el pecho, como si estuviera cayendo a alturas insondables, me siento perdido, baqueteado. Triste. Tengo días así, es inevitable. Y lucho contra ellos hasta que consigo cierta calma. Ha sido una pérdida demasiado grande. Sólo hace falta conocer a Gabriela para que alguien me entienda.
Ayer, entre las hojas de Rayuela, encontré una hoja escrita por Gabriela. Decía, Te quiero mucho, mi vida… Te amo. 25/11/2005. La escondió en uno de mis bolsillos, antes de irme de Tucumán. Siempre tan mimosa. He perdido esa sensación de estar enamorado, de ser amado con una fuerza descomunal, de sentirme cómodo, de haber encontrado una persona que me complemente y me entienda y ante la que puedo actuar con libertad. Todo es tan extraño ahora. Y hoy duele.
No sé qué hacer hoy, cómo salvar y remontar el día, no tengo fuerzas. Hoy duele.
Tags: ruptura, corazón roto