S?bado, 01 de marzo de 2008

Si esto es un hombre
Dice Primo Levi que, si no llega a ser por su encierro en los campos de exterminio, nunca hubiera sido escritor. Por tanto, su primer libro, “Si esto es un hombre”, escrito a mediados de los 40, nada más regresar de su infierno, parte de la necesidad de hablar sobre lo vivido durante un año en Auschwitz, dar testimonio, dar a conocer lo que allí dentro ocurría mientras el mundo alrededor miraba a otro lado. Con un estilo directo, sencillo, y profundo nos va narrando desde su apresamiento en Italia, el viaje en los tenebrosos trenes nazis hacia Auschwitz, su supervivencia en unos campos de aniquilación (Levi resalta lo propio de esta palabra, porque no sólo se mataban seres humanos, sino se mataba la misma humanidad, convirtiendo en vacío a los hombres y mujeres que poblaban los campos), donde va dando cuenta de toda la parafernalia nazi para destruir a los prisioneros, la desnudez y los primeros golpes, el tratamiento de bestias de carga, la esclavitud, que beneficiaba a las empresas alemanas (algunas de las cuales siguieron su actividad tras la guerra como si no hubiera pasado nada), la incredulidad por la vida en el campo, la supervivencia como inercia, los recuerdos que se deben olvidar de una patria y una familia y un pasado lejano para no enloquecer, el recuerdo de los “musulmanes”, aquellos judíos que eran el último eslabón del campo, los que pronto serían exterminados por no poder ser mano de obra o no tener la capacidad de adaptarse y saber robar y adquirir ropa y comida extra, los prisioneros, muchos judíos, que ostentaban un lugar de poder entre los barracones y eran los encargados de dar palizas a sus compañeros, las selecciones para las cámaras de gas, la enfermedad y la muerte alrededor, la llegada de los rusos y la liberación...
Hay un epílogo interesante escrito en 1976, donde Levi responde a las preguntas que le han ido haciendo en sus comparecencias en colegios o en las cartas que le han ido llegando, preguntas que son las mismas, territorio común, preguntas como: ¿Los alemanes sabías? ¿Los aliados sabían? ¿Cómo es que no hubo rebeliones en masa? o ¿cómo se explica el odio fanático de los nazis por los judíos?
Un libro que se lee con el espíritu encogido, pero que debe leerse, un libro valiente, nada sensiblero, un libro de un testigo de la mayor barbarie de la humanidad.

La tregua
La tregua, escrito a principios de los 60, empieza donde termina “Si esto es un hombre”, en la liberación del campo por los rusos. Es un libro donde se entremezcla el horror pasado con la picaresca de los hombres mediterráneos, en especial italianos y griegos, en ese regreso al hogar que parece no tiene fin. Hay momentos de placidez, incluso de sonrisa por el caos y la improvisación de los rusos, por las fiestas y las obras de teatro organizadas por los liberados, por respirar el aire libre. Y, también, momentos duros, angustiosos, la narración de ese regreso que se atrasa, donde al marea de prisioneros de Auschwitz deambulan por los campos de refugio de Europa sintiéndose lejos de su hogar, de su vida, la sombra perenne de la vergüenza, de los campos de concentración. “La tregua”, donde uno lee la vuelta a la vida de un puñado de seres que han estado en el infierno y cómo aprenden, o intentan aprender a vivir de nuevo. (Hay una versión cinematográfica de Francesco Rosi, con John Turturro, que merece la pena ver).

Los hundidos y los salvados
Escrito en 1986, Levi termina su trilogía de Auschwitz con un ensayo en el que, como se dice en la contraportada “trata de comprender, a partir del ejemplo de los campos nazis, las condiciones y circunstancias que permiten la degradación del ser humano.” Se habla sobre la vergüenza de la víctima, del sobreviviente, de la zona gris (esos prisioneros que tomaron parte en las matanzas), de la comunicación o la falta de ella en unos campos tomados por seres de todas partes, de la mirada al otro lado de la población alemana, de los estereotipos, de las cartas que sus lectores alemanes le han escrito. Interesantes reflexiones salpicadas por los recuerdos de Levi de seres que permanecieron a su lado como sombras o que lograron salir aún cuando arrastraron a su vida la vida en el lager, una angustia constante.

En una semana he leído la trilogía, los recuerdos de Levi, su vida en el lager, he intentado comprender. Merecen la pena estos libros de Primo Levi, deberían estar siempre en el recuerdo...
Para terminar, un fragmento de las primeras páginas de “”Si esto es un hombre”, la víspera del viaje a Auschwitz...

Cada uno se despidió de la vida del modo que le era más propio. Unos rezaron, otros bebieron desmesuradamente, otros se embriagaron con su última pasión nefanda. Pero las madres velaron para preparar con amoroso cuidado la comida para el viaje, y lavaron a los niños, e hicieron el equipaje, y al amanecer las alambradas espinosas estaban llenas de ropa interior infantil puesta a secar; y no se olvidaron de los pañales, los juguetes, las almohadas, ni de ninguna de las cien pequeñas cosas que conocen tan bien y de las que los niños tienen siempre necesidad. ¿No haríais igual vosotras? Si fuesen a mataros mañana con vuestro hijo, ¿no le daríais de comer hoy?
En la barraca 6 A vivía el viejo Gattegno, con su mujer y sus numerosos hijos y los nietos y los yernos y sus industriosas nueras. Todos los hombres eran leñadores; venían de Trípoli, después de muchos y largos desplazamientos, y siempre se habían llevado consigo los instrumentos de su oficio, y la batería de cocina, y las filarmónicas y el violín para tocar y bailar después de la jornada de trabajo, porque eran gente alegre y piadosa. Sus mujeres fueron las primeras en despachar los preparativos del viaje, silenciosas y rápidas para que quedase tiempo para el duelo; y cuando todo estuvo preparado, el pan cocido, los hatos hechos, entonces se descalzaron, se soltaron los cabellos y pusieron en el suelo las velas fúnebres, y las encendieron siguiendo la costumbre de sus padres; y se sentaron en el suelo en corro para lamentarse, y durante toda la noche lloraron y rezaron. Muchos de nosotros nos paramos a su puerta y sentimos que descendía en nuestras almas, fresco en nosotros, el dolor antiguo del pueblo que no tiene tierra, el dolor sin esperanza del éxodo que se renueva cada siglo.
El amanecer nos atacó a traición; como si el sol naciente se aliase con los hombres en el deseo de destruirnos. Los distintos sentimientos que nos agitaban, de aceptación consciente, de rebelión sin frenos, de abandono religioso, de miedo, de desesperación, desembocaban, después de la noche de insomnio, en una incontrolable locura colectiva. El tiempo de meditar, el tiempo de asumir las cosas se había terminado, y cualquier intento de razonar se disolvía en un tumulto sin vínculos del cual, dolorosos como tajos de una espada, emergían en relámpagos, tan cercanos todavía en el tiempo y el espacio, los buenos recuerdos de nuestras casas.
Muchas cosas dijimos e hicimos entonces de las cuales es mejor que no quede el recuerdo.
Primo Levi
Si esto es un hombre


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Publicado por elchicoanalogo @ 11:26  | Libros...
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