Lunes, 10 de marzo de 2008

Tratando de huir desesperadamente de la estupidez noté que, irremediablemente, en el fondo, no hacía sino seguir el camino marcado para hundirme más y más en ella. Sin saber bien por qué, no pude evitar sentirme triste y cerré los ojos como esperando encontrar el aire que parecía que me faltaba.

Durante una décima de segundo, soñé con un paisaje que se abría ante el horizonte de mis ojos cerrados y, a pesar de la paradoja, vi una campiña levemente inclinada, ascendente, teñida de colores verdes y grises plateados.

Apenas perceptible, en una esquina, distinguí un árbol desnudo de hojas por los efectos del invierno, un campo infinito tupido de un verde fresco y chillón y un cielo nuboso, gris y eléctrico, amenazando con descargar una tormenta de mil demonios y otros tantos rayos.

A pesar de que no observé margaritas sobre el césped ni estrellas sobre el cielo, sin saber bien por qué, no pude evitar sentirme reconfortado y abrí los ojos como tratando de volver a alguna parte.

Me hubiera gustado fumar, pero no tenía tabaco. Hacía un poco de frío, me dolía la espalda y, en el fondo, tenía miedo no sabía muy bien de qué. Al pensarlo todo lo fríamente que pude, que no fue mucho, comprendí que, intentando huir desesperadamente de la estupidez, irremediablemente, había vuelto a hundirme más en ella.

Me tapé la cabeza con el forro nórdico y me encomendé a Morfeo para no volver a soñar historias tan raras, al menos en las próximas dos semanas, más o menos.

Tratando

Iñaki Calvo
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Publicado por elchicoanalogo @ 23:09  | Voces amigas
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