Paul Rayment, fotógrafo profesional, pierde una pierna en un accidente de bicicleta. A raíz de dicho percance su vida solitaria cambiará radicalmente. Paul rechaza la posibilidad de que los médicos le inserten una prótesis y, tras abandonar el hospital, vuelve a su piso de soltero en Adelaida. Incómodo ante la nueva situación de dependencia que conlleva su invalidez, Paul pasa por periodos de desesperanza al reflexionar sobre sus sesenta años de vida. No obstante, su ánimo se recupera al enamorarse de Marijana, su pragmática y campechana enfermera de origen croata. Mientras Paul busca el modo de conquistar el afecto de su ayudante, recibe la visita de la misteriosa escritora Elizabeth Costello, que le desafía a retomar las riendas de su vida.
Hombre lento lleva a cabo una meditación acerca de lo que nos convierte en seres humanos, a la vez que reflexiona sobre la vejez. La lucha de Paul Rayment con su supuesta debilidad se traduce a través de la voz clara y sin tapujos de J.M. Coetzee; el resultado es una historia profundamente conmovedora sobre el amor y la mortalidad que deslumbra al lector en cada página.
Hombre lento fue la primera novela de Coetzee que leí, y para bien. Una escritura aparentemente sencilla y, a la vez, profunda, una historia que surge de una anécdota leve, un inicio donde parece que nos vamos a encontrar ante una ya leída historia de amor entre enfermo y enfermera pero que se convierte en una reflexión sobre el amor, la vejez, el movimiento, en todos los sentidos, el interior con este hombre que se mira a sí mismo antes del accidente y ve que su vida ha sido fría y frívola, exterior, personajes emigrantes que no saben cómo encontrar un hogar o dónde esta...
Curiosa la aparición de la escritora Elisabeth Costello, protagonista del anterior libro de Coetzee, donde se juega con diferentes realidades, parece como si Paul fuera el protagonista de una novela que ella está escribiendo... y que intenta que el personaje de Paul se arriesgue y haga algo por ese amor, por su vida, más allá que quedarse quieto y esperar.
El final... en fin, no puedo hablar de él, pero me dejó con la sensación de no saber quién era realmente el protagonista de la novela...
Piense en Don Quijote. Don Quijote no trata de un hombre sentado en una mecedora que se queja de lo aburrida que es La Mancha. Trata de un hombre que se coloca un bacín en la cabeza y se sube a lomos de su viejo y fiel rocín y parte para emprender grandes hazañas. Emma Roualt, Emma Bovary, sale y se compra ropa cara aunque no tiene ni idea de cómo va a pagarla. "Solamente se vive una vez", dice Alonso, dice Emma, "así que démonos una oportunidad". Dese una oportunidad, Paul. Vea qué se le ocurre.
Los dos somos feos, Paul, viejos y feos. Y más que nunca nos gustaría llevar en nuestros brazos la belleza del mundo. Ese anhelo nunca muere en nosotros. Pero la belleza del mundo no nos quiere a ninguno de los dos. Así que tenemos que conformarnos con menos, con mucho menos. De hecho tenemos que conformarnos con lo que se nos ofrece o pasar hambre...
J.M. Coetzee
Hombre lento
Tags: Hombre lento, J.M. Coetzee