Esta es la historia del padre José, un sacerdote atormentado por su conciencia que se debate entre el servicio a su comunidad y los remordimientos por su sentimiento de pecador, pues es padre de una joven. La acción transcurre en él México de los años veinte, cuando el catolicismo fue perseguido, y la suya es la historia de una huida de las autoridades. Hay quienes consideran ésta la novela en la que mejor planteó Greene los debates internos de sus personajes.
Greene hace algo curioso con esta novela. Presenta, al inicio, una galería de personajes, un dentista inglés, una madre que lee a sus hijas una historia religiosa, un tipo que habla inglés y que parece que quiere huir, un jefe de policía, un teniente, un hombre que baja en barco y se dedica a comerciar con bananas, todo parece indicar que es una novela de esas corales, hasta que Greene toma al hombre que huye y lo convierte en protagonista. Ahí conocemos que es un cura en un estado de México donde la policía les persigue bien para que dejen de lado su sacerdocio obligándoles a casarse o bien fusilándoles. Este cura huye por el estado, realiza misas y confesiones clandestinas y conocemos su pasado, uno de esos curas rollizos con ambiciones, un cura que es más hombre que cura, que bebe y tiene una hija, que está plagado de miedos e inseguridades, que no se considera valiente y menos un mártir pero que se ha acostumbrado a huir. Greene disecciona a este hombre arrepentido y errante, que no sabe vivir con su pasado y que busca su absolución, viajamos con él, conocemos sus errores, torpezas, miedos, sentimientos, reflexiones, mientras nos muestra las aldeas, los pantanos, las selvas, los indios, la gente pobre de la zona. Al final, Greene retoma a los personajes iniciales que apenas vuelven a asomar en el resto del relato, una especie de novela circular y lo finaliza admirablemente.