Mi?rcoles, 16 de abril de 2008

Publicada en 1940, ilustra los mecanismos de la destrucción de la personalidad y el envilecimiento de las víctimas que pusieron en evidencia los procesos de Moscú de los años treinta.
La novela, una suerte de glacial teorema, transcurre en la prisión a la que ha sido conducido un dirigente de la vieja guardia bolchevique caído en desgracia, Rubashov, personaje, según cuenta Koestler en sus memorias, calcado en sus ideas de Nikolai Bujarin, y en su personalidad y rasgos físicos de León Trotski y Karl Radek. Para debilitar su resistencia, Rubashov es sometido a mortificaciones como impedirle dormir y enfrentarlo a reflectores deslumbrantes.


Koestler, que fue comunista convencido, escribe sobre los extraños procesos de Moscú, donde cientos de antiguos miembros del partido, de los primeros revolucionarios, se autoinmolan para salvar al partido, la idea stalinista del partido. Rubashov, uno de los héroes de la revolución, es encarcelado como todos sus antiguos compañeros, desaparecidos uno a uno. En la cárcel, Rubashov, entre los descansos de los interrogatorios, repasa algunos momentos de su vida al servicio de la revolución, su anteriores detenciones, la ilógica de las decisiones del partido, cómo era imposible la aparición del "yo". A trompicones despierta del ideal comunista, aunque justifica la farsa de los juicios y las mentiras sobre las acusaciones como último deber hacia el partido.

Fuimos tomados por locos porque seguimos cada pensamiento hasta su consecuencia final, y obramos de acuerdo con ello. Fuimos comparados con la Inquisición, porque, como ella, sentíamos constantemente el peso de la responsabilidad por la superindividual vida futura, y, realmente, nos parecíamos a los grandes inquisidores en que perseguíamos las semillas del mal no solamente en las acciones de los hombres, sino en sus pensamientos. No admitíamos ninguna esfera privada, ni aun dentro del cráneo del hombre. Vivíamos bajo la coacción de continuar lo empezado hasta su conclusión final, y nuestra mente estaba cargada hasta tal punto, que la más ligera colisión ocasionaba un corto circuito mortal. Esto nos condenaba a una destrucción mutua.
Arthur Koestler
El cero y el infinito


Tags: El cero y el infinito, Arthur Koestler

Publicado por elchicoanalogo @ 17:24  | Libros...
Comentarios (2)  | Enviar
Comentarios
me interesa mucho Koestler, conoces alg?n libro suyo o art?culo en el que hable sobre la teor?a de la evoluci?n y c?mo el hombre gen?ticamente tiende a la destrucci?n? como si el mal fuera inherente a los seres humanos, y no el bien... algui?n me coment? una vez que ?sta era la teor?a de Koestler pero no he sabido encontrar d?nde afirma estas cosas... ahora se habla mucho de la violencia de los seres humanos, que si porqu? alguien destruir?a a otro, que si nuestra tendencia es al bien o al mal, y me gustar?a mucho encontrar las teor?as de Koestler al respecto...

Manuela www.manuelassecret.blogspot.com
Publicado por Invitado
Lunes, 16 de febrero de 2009 | 12:50
Saludos, Manuela, bienvenida a la p?gina. S?lo he le?do El cero y el infito. En mi edici?n viene un pr?logo muy interesante de Vargas Llosa que creo te puede servir- Sobre la evoluci?n y la destrucci?n no encontr? nada, salvo que pertenec?a a una sociedad a favor del suicidio. Te dejo el enlace al pr?logo de Vargas Llosa y te enlazo.
Abrazos

http://www.letraslibres.com/index.php?art=5834
Publicado por elchicoanalogo
Lunes, 16 de febrero de 2009 | 13:01