Viernes, 11 de abril de 2008

Estaba a punto de salir, mirando llover a través de los cristales, cuando notó unos senos clavándose en su espalda y unas manos empezando a juguetear sobre su pecho, abarcándolo todo. Una cabeza se apoyó sobre su hombro y le susurró algo al oído.

Le contó cualquier cosa que ya no recuerda bien. Algo, seguramente, sin importancia; pero de un modo suavecito y dulce, como a él le gustaba. Y, de repente, sintió como si el tiempo se detuviera. Una especie de calor relajante que le llenó completamente.

Le hubiera gustado quedarse así el resto de su vida. No le habría importado lo más mínimo morir en aquel preciso instante. Lo habría hecho en paz, en calma total, con aquella sensación tan parecida –creyó recordar- a la que debió experimentar entre líquido amniótico que alguna vez le envolvió.

Después, dejó de abrazarle y le subió la cremallera de la chamarra hasta el cuello. Le ató los botones sin parar de decirle cosas con aquel tono dulce y suavecito, como a él le gustaba. Le habló de lo frágil que en realidad era, de lo mucho que llovía, de lo importante que era que se abrigara... 

Al salir a la calle, a pesar del intenso frío, de la humedad que invadía el ambiente y de las gotas de lluvia con tamaño de coco que se estrellaban contra su frente, quizás por el contraste de temperatura, notó que continuaba con la ‘piel de gallina’, disfrutando de aquella cálida sensación que le traspasó un día lluvioso de una fría primavera invernal.
Iñaki Calvo
Cálida sensación


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Publicado por elchicoanalogo @ 15:42  | Voces amigas
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