Mi?rcoles, 30 de abril de 2008

Se miran, se presienten, se desean,

se acarician, se besan, se desnudan,

se respiran, se acuestan, se olfatean,

se penetran, se chupan, se demudan,

se adormecen, despiertan, se iluminan,

se codician, se palpan, se fascinan,

se mastican, se gustan, se babean,

se confunden, se acoplan, se disgregan,

se aletargan, fallecen, se reintegran,

se distienden, se enarcan, se menean,

se retuercen, se estiran, se caldean,

se estrangulan, se aprietan, se estremecen,

se tantean, se juntan, desfallecen,

se repelen, se enervan, se apetecen,

se acometen, se enlazan, se entrechocan,

se agazapan, se apresan, se dislocan,

se perforan, se incrustan, se acribillan,

se remachan, se injertan, se atornillan,

se desmayan, reviven, resplandecen,

se contemplan, se inflaman, se enloquecen,

se derriten, se sueldan, se calcinan,

se desgarran, se muerden, se asesinan,

resucitan, se buscan, se refriegan,

se rehuyen, se evaden y se entregan.

Oliverio Girondo

Espantapájaros 12


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Martes, 29 de abril de 2008
Melancólica y sutil novela de Murakami. Hajime, el narrador, es hijo único, algo extraño en su comunidad de casas de con jardín y dos o tres hijos, encuentra la amistad en otra hija única, Shimamoto. Y es esta mujer la que le persigue el resto de su vida, la que no puede olvidar aunque tarde más de veinte años en volver a verla.

Están la renuncia y el tiempo que se escapa y no se puede recuperar, está un amor que llega hasta el límite, y otro, secundario, doloroso, está el adolescente que escucha música clásica y jazz en la soledad de una habitación mientras rememora a su amiga. Y está la muerte. La muerte siempre asoma por los libros que he leído de Murakami. A veces como una leve sombra, a veces protagonista. Y no sólo hablo de la muerte física, también de esos seres muertos en vida, perdidos, derrotados.

Es un libro para leerlo del tirón. Hay una mujer aparece en días de lluvia, hay un juego con el color, con la naturaleza, con la música, hay algún momento de romanticismo y belleza, cierto beso helado, la pérdida, la melancolía.

Y es sutil. No nos cuenta todo, deja que el lector complete los recovecos de la historia.






Nadie se sumerge en ninguna aventura esperando resultados mediocres. La gente, pese a tener un chasco nueve de cada diez veces, desea tener al menos una experiencia suprema, aunque solo sea una vez. Y eso es lo que mueve el mundo. Eso es el arte.
Hay muchas maneras de vivir. Hay muchas maneras de morir. Pero eso no tiene ninguna importancia. Al final sólo queda el desierto.
Haruki Murakami
Al sur de la frontera, al oeste del sol (traducción de Lourdes Porta. Tusquets editores)


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Tom Sawyer, junto The Analog Kid y Roll The Bones, fue una de las primeras canciones que escuché de Rush. Me quedé perplejo ante la maestría y la complejidad de una música nueva para mí, fuera de ciertos ritmos previsibles de algunos grupos de rock. En apenas cuatro minutos Geddy Lee, Alex Lifeson y Neil Peart me dejaron boquiabierto con su forma de entender la música, con una melodía que sigo buscando, que sigue en mi cabeza a cada instante. El moderno Tom Sawyer…


Tom Sawyer (Rush)



A modern day warrior
Mean mean stride
Today's Tom Sawyer
Mean mean pride

Though his mind is not for rent
Don't put it down as arrogant
His reserve, a quiet defence
Riding out the day's events-
The river

What you say about his company
Is what you say about society
-Catch the mist- Catch the myth
-Catch the mystery- Catch the drift

The world is the world is
Love and life are deep
Maybe as his skies are wide

Today's Tom Sawyer
He gets high on you
And the space he invades
He gets by on you

No, his mind is not for rent
To any god or government
Always hopeful, yet discontent
He knows changes aren't permanent-
But change is

What you say about his company
Is what you say about society
-Catch the witness- Catch the wit
-Catch the spirit-Catch the spit

The world is the world is
Love and life are deep
Maybe as his skies are wide

Exit the warrior
Today's Tom Sawyer
He gets high on you
The energy you trade
He gets right on to
The friction of the day



Traducción tomada de La página en español de Rush 


Un guerrero moderno

significa paso firme

el Tom Sawyer de hoy

significa orgullo firme


Aunque no se deja alquilar

no lo taches de arrogante

su silencio, una defensa silenciosa

que sortea los acontecimientos diarios-

el rió


Lo que dices de su compañía

es lo que dices de la sociedad

-capta la niebla- capta el mito

-capta el misterio- capta la corriente


El mundo es lo que es

el amor y la vida son profundos

puede que sus cielos sean anchos


El Tom Sawyer de hoy

se fortalece contigo

y el espacio que ocupa

se fortalece en ti


No, su mente no se alquila

a ningún dios ni gobierno

siempre esperanzado, aunque descontento

sabe que los cambios no son permanentes

pero cambios son


Lo que dices de su compañía

es lo que dices de la sociedad

-capta el testimonio- capta el talento

-capta el espíritu- capta el escupitajo


El mundo es lo que es

el amor y la vida son profundos

puede que sus cielos sean anchos


Sale el guerrero

el Tom Sawyer de hoy

se fortalece en ti

la energía con la que comercias

es la que lo fortalece

el roce diario


Tags: Tom Sawyer, Moving Pictures, Rush

Publicado por elchicoanalogo @ 19:47  | Canciones
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Lunes, 28 de abril de 2008
En esta nueva serie de maravillosas invenciones, Ray Bradbury ya no es, solamente, el poeta de la ciencia ficción, el autor de algunas obras ya clásicas en la historia del género. Bradbury muestra aquí su ya famoso poder de de expresar con la historia de un individuo-- El peatón, El asesino, El basurero, toda una dramática visión del mundo y su posible futuro. Pero es también en este volumen el artista de lo extraordinario, lo fantasmagórico y lo hermoso, autor de curiosas parábolas chinas, de una narración aparentemente policial que se transforma poco a poco en una obsesionante pesadilla, de emocionadas historias fantásticas, y de algunos cuentos de un realismo poético y preciso que revelan una vez más la claridad y la intensidad de su arte. Uno de estos últimos, Sol y sombra, recibió en 1954 el Premio Benjamin Franklin, otorgado al menor cuento norteamericano del año.

Terminé de leer esta colección de relatos en una cafetería de Portugalete, junto al puente colgante. Era extraño, ejercía de aislante del exterior, todo llegaba apagado gracias a unos relatos repletos de fantasía, originalidad y melancolía. Está el tono apesadumbrado de Fahrenheit 451 en El peatón, un hombre que es detenido mientras pasea de noche, algo extraño en un mundo dominado por la luz azulada de los televisores, y El Basurero, un hombre que se replantea su trabajo por la posibilidad de tener que recoger los cadáveres que dejara una bomba atómica, la melancolía de una mujer que sólo quiere recibir cartas de “el ancho mundo allá lejos”, el viaje en el tiempo para una cacería de dinosaurios, una pequeña bruja capaz de adentrarse en los labios de una muchacha o en los pétalos de una flor y que se enamora de un humano, la expedición al sol para capturar un pequeño trozo… Merece la pena leer a Bradbury, ver cómo no sólo es un gran e imaginativo autor de ciencia ficción, también escribe relatos costumbristas y fábulas, pequeñas maravillas capaces de hacer enmudecer el ruido de un par de conversaciones.

En algún sitio de aquellas montañas de Missouri estaba Benjy, Cora parpadeó. Aquellas raras y altas colinas que ella y Tom cruzaban dos veces al año con la yegua y el carro camino del pueblo, y donde, treinta años atrás, ella había querido continuar la marcha, para siempre, diciendo: “Oh, Tom, sigamos y sigamos hasta llegar al mar”. Pero Tom la había mirado como si ella le hubiese dado una bofetada, y había dado media vuelta con el carro y la había llevado otra vez a la casa, hablándole a la yegua. Y ella ignoraba si había gente que vivía en las costas donde el mar golpeaba como una tormenta, unas veces con fuerza, otras suavemente, todos los días. Y ella ignoraba también si había ciudades con luces de neón como hielo rosado y menta verde y fuegos artificiales rojos todos los días. Su único horizonte, al norte, al sur, al este, al oeste, era este valle, y nunca había sido distinto.
Ray Bradbury
El ancho mundo allá lejos

 


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Domingo, 27 de abril de 2008

Por un resquicio de Las doradas manzanas del sol vi la proa azul de un mercante. Aparté la vista del libro y contemplé el paso mudo del barco, un cuerpo de hierro y acero que escindía la ría en dos mitades en su avance. A su lado, pequeño, menguado, el barco de los prácticos, bamboleante por la inquieta estela del mercante. En la margen derecha, la barquilla del puente colgante, quieta, esperaba paciente su turno para reanudar la marcha. Las copas de los árboles se movían por el viento. Algunos turistas hacían fotos desde debajo del puente, su mirada sorprendida y alborozada ante aun paisaje para mí familiar, predecible. Todo en silencio, en el extraño silencio con que las ventanas aislaban el mundo exterior de las mesas de la cafetería. En la mesa, a medio beber, un café con leche, algo suave pero agradable. Había salido de casa para leer apoyado en la pared del faro pero el día estaba raro, cambiante, nubes sucias, el viento agitado, frío. Fuera de las páginas, la música anónima, una familia que merendaba chocolate con churros y tres señoras mayores, clientas habituales. El camarero, argentino, no les tuvo que tomar nota de su pedido. Las páginas del libro eran como las ventanas del café, alejaban y enmudecían los sonidos alrededor. Bradbury me hablaba de un hombre cuarentón con apariencia de un niño de 12 años que viajaba por el país en busca de unos padres que lo adoptasen por unos años, un viaje hacía el sol para arrebatarle un puñado de su corazón, el amor de una adolescente y su familia que no se da cuenta de que cada día aparece un chico distinto, un basurero que va a dejar su trabajo al saber que se encargará de recoger los cadáveres desparramados en la calle por una posible bomba atómica. Pequeñas historias con la poesía y la melancolía de Bradbury.

Leí la última página del libro en la cafetería, el colofón a seis días donde la literatura pareció invadir mi vida. Todo empezó con un regalo, Bélver Yin, que me envió Sintaxia desde Barcelona. El día del libro, en mi cama, dos sobres: desde México, El niño con el pijama de rayas y desde Segovia, Seda. Cada libro atraía a otros. Galicia me trajo La vieja sirena de Sampedro, además de as pedras de Santiago, deliciosas, y un disco donde Susana Seivane dedica dos temas a la Ribeira de Piquín. De Elche surgió Tierras de Cristal. Y el sábado, en el trabajo, Sauce ciego, mujer dormida, de Murakami. Cada libro tiene un nombre, una dedicatoria, está atado invisiblemente a una persona, una voz, una tierra. Mari Carmen, Jacqueline, Auro, Susana, Sonia, Clara… Sin darme cuenta estoy coleccionando sobres de diferentes partes del mundo, sobres que me dan nuevos lugares que visitar… Como las postales de Carolina y Diana.

El viernes me perdí en una librería. Quería despojarme de todo ese cansancio mental que me produce mi actual trabajo (monótono, gris, una pura repetición de 8 horas sin descanso). Allí me esperan amigos, historias, fantasmas y voces, muchas voces. Y, de vez en cuando, encuentros inesperados. Liz. Liz buscaba un libro, Dios no es bueno. Me explicó que había trabajado con el autor a principios de los 80 en un periódico semanal, un tipo excéntrico que se vestía de blanco para destacar sobre los demás. Miró mi mano y leyó el título de los libros que tenía: El día de la independencia, de Richard Ford, uno de esos autores que ya son lugares comunes para mí, y Soldados de Salamina, de Javier Cercas. Mientras hablábamos mi mirada se perdía por las estanterías, se detenía en el lomo de un libro, en un nombre conocido, en la estantería dedicada a la poesía desde donde vi a mi surrealista Girondo. Tomamos un café y ella me habló de su experiencia con los libros. Entre los 7 y 14 años vivió en La India, cuando el mundo estaba sacudido por los totalitarismos y todavía no estábamos invadidos por el destello azul de los televisores. Ella, por navidad y su cumpleaños, en enero, pedía libros, sólo libros. Y un año, en apenas un mes, se encontró con 20. Dickens. Recuerdo que dijo Dickens. Y pensé en una niña de 7 años con Dickens entre sus manos.

Junto a los cines Renoir de Deusto vive un peculiar vagabundo. Sombrero aventurero, collares y pulseras en su cuerpo, una mirada alucinada, su perro atento a sus evoluciones. Tan pronto está sentado en el suelo como se levanta para cantar extrañas estrofas de su invención, algo así como “venimos del coño, del coño de una madre, tanto el rico como el pobre, al rico le dan cuna, el pobre la tiene que buscar”. Vende un libro en vez de tener el típico cartel pidiendo una limosna, Pelegrino o el arte de vivir y sobrevivir en la calle.

La voz de Susana me hizo recordar mis veranos en Galicia y mi amor platónico por Becky. Susana vive en Santiago, tiene una voz dulce, tranquila, acariciadora, tímida por momentos y un acento gallego entrañable. Le había regalado Tom Sawyer y le confesé mi amor por Becky, cómo buscaba una chica parecida entre mis compañeras de colegio y cómo no la encontré nunca. Sentí en su voz las palabras hogar, infancia, recuerdos, camino de luciérnagas y tardes de río, viento sobre los prados, estrellas fugaces y el “nena” de mi tío Polo. Llevaba en una mano el teléfono y en otra un libro que acababa de comprar, En algún lugar del tiempo, de Richard Matheson, una historia de amor entre dos tiempos.

Pasé la noche del sábado con Seda, de Baricco/Auro. Melancólica y poética historia, con toques de fábula, de ensoñación. Buen ritmo, una historia hecha a retazos, a detalles, el misterio de una mujer muda, la pasión por lo desconocido que nubla la realidad, lo que uno tiene, una madame que traduce cartas escritas en japonés, los viajes repetidos, un hombre que juega contra sí al billar…  

Ya no concibo mi vida sin libros, sin una historia que me espere para ser descubierta, sin la emoción de la primera página y la congoja de la última, sin los paseos por librerías o las conversaciones sobre tal o cual novela. Los libros me arropan, me enmudecen, me sostienen, me hablan de de mí, de mi vida, recuerdan mis recuerdos y anticipan mi futuro. A veces me pregunto dónde acabarán mis libros, si dentro de unas docenas de años alguien podrá construir una pequeña imagen de mí a través de mis lecturas…

 

A modern day warrior

Mean mean stride

Today's Tom Sawyer

Mean mean pride

Tom Sawyer (Rush)


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Martes, 22 de abril de 2008

Si hubiera sospechado lo que se oye después de muerto, no me suicido.

Apenas se desvanece la musiquita que nos echó a perder los últimos momentos y cerramos los ojos para dormir la eternidad, empiezan las discusiones y las escenas de familia.

¡Qué desconocimiento de las formas! ¡Qué carencia absoluta de compostura! ¡Qué ignorancia de lo que es bien morir!

Ni un conventillo de calabreses malcasados, en plena catástrofe conyugal, daría una noción aproximada de las bataholas que se producen a cada instante.

Mientras algún vecino patalea dentro de su cajón, los de al lado se insultan como carreros, y al mismo tiempo que resuena un estruendo a mudanza, se oyen las carcajadas de los que habitan en la tumba de enfrente.

Cualquier cadáver se considera con el derecho de manifestar a gritos los deseos que había logrado reprimir durante toda su existencia de ciudadano, y no contento con enterarnos de sus mezquindades, de sus infamias, a los cinco minutos de hallarnos instalados en nuestro nicho, nos interioriza de lo que opinan sobre nosotros todos los habitantes del cementerio.

De nada sirve que nos tapemos las orejas. Los comentarios, las risitas irónicas, los cascotes que caen de no se sabe dónde, nos atormentan en tal forma los minutos del día y del insomnio, que nos dan ganas de suicidarnos nuevamente.

Aunque parezca mentira —esas humillaciones— ese continuo estruendo resulta mil veces preferible a los momentos de calma y de silencio.

Por lo común, éstos sobrevienen con una brusquedad de síncope. De pronto, sin el menor indicio, caemos en el vacío. Imposible asirse a alguna cosa, encontrar una asperosidad a que aferrarse. La caída no tiene término. El silencio hace sonar su diapasón. La atmósfera se rarifica cada vez más, y el menor ruidito: una uña, un cartílago que se cae, la falange de un dedo que se desprende, retumba, se amplifica, choca y rebota en los obstáculos que encuentra, se amalgama con todos los ecos que persisten; y cuando parece que ya se va a extinguir, y cerramos los ojos despacito para que no se oiga ni el roce de nuestros párpados, resuena un nuevo ruido que nos espanta el sueño para siempre.

¡Ah, si yo hubiera sabido que la muerte es un país donde no se puede vivir!

Oliverio Girondo

Espantapájaros 11


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Publicado por elchicoanalogo @ 19:49  | Oliverio Girondo
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Al llegar del trabajo me encontré con un sobre de Sintaxia, una amiga del foro de Lectores empedernidos. Me iba a mandar un audio libro de Stephen King, mi primera experiencia en este apartado de la literatura, pero dentro del sobre había más, mucho más. Una carta dentro de un libro con fecha pero sin dedicatoria, una dedicatoria que tendrá que ser escrita en persona en Barcelona para que esa primera hoja en blanco no quede extraña.

Los regalos de Sintaxia me han recordado a “Centauros del desierto”, aquella intensa y extraordinario historia de búsqueda interior y exterior del maestro Ford. En ella, la sobrina de Ethan Edwards es secuestrada por los indios. Una historia dura donde se entrelaza el drama, la tragedia de tintes griegos, la aventura, el viaje iniciático y redentor y, además, la comedia. Es un misterio la capacidad de Ford de combinar drama y comedia, de cómo te consigue sacar una sonrisa en medio de historias duras. En mitad de la tormenta uno puede vivir momentos inesperados, hermosos, entrañables… Porque el último año no es sólo el año de la enfermedad de mi madre que tanto nos preocupó hasta que los médicos dieron con ella y de la ruptura con Gabriela, también el último año es el de los viajes a Madrid, Valladolid, Cádiz y los que están por llegar, Océano Mar y Gabriela, clavo y canela, el viaje más divertido que recuerde con mis primas Elisa y Aurora, los capones de Mariola y su humanidad y su inmenso corazón y la felicidad que me regaló, los encuentros, redentores, con Blanca, Iñaki y Sergio, las postales de Diana y Carolina desde Estados Unidos, las sonrisas, tan luminosas como su Cádiz, de Jesús, Natalia y Morena, la locura lectora y de compras compulsivas con Clara y Arturo y una tarde inolvidable en Madrid, las llamadas de Auro, Miau de Galdós y Pura Anarquía de Allen, los cuadernos artesanales de Andrea, el regreso al cine, mi deambular por las cafeterías bilbaínas, los cuentos que me envía Iñaki, los paseos de 30 kilómetros, la bajada de peso, caminar bajo la lluvia, que dentro de mí se haya instalado el movimiento, el (casi) seguro regreso a Galicia tras cuatro años de ausencia (casi porque la vida es tan frágil que puede cambiar en un segundo). Sí, normalmente no sé nada, estoy perdido y me agotan mis días y los pensamientos y sentimientos tan contradictorios que aparecen, pero siempre hay un poco de luz en mitad del caos.

 

La (re)construcción de la luz…


Publicado por elchicoanalogo @ 19:35  | Great White Way
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Lunes, 21 de abril de 2008

Siempre piso la baldosa rota de la acera. Y me mojo los pantalones y las botas en los días de lluvia como hoy. Es una especie de ritual. En la parada del autobús, una chica subrayando un libro de estudio. Veía su mirada deambular rápida por las páginas, elegir una frase y marcarla con rosa fosforito, relegándola del olvido. Recordé mis días de estudiante, mis libros llenos de dibujos extraños, garabatos, los nombres de mis grupos favoritos. Necesitaba salir después de pasarme la mañana encerrado en el trabajo. No quería una tarde de nuevo entre cuatro paredes, agobiado, cansado y encabronado por un trabajo que me molesta. Hoy elegí Bilbao, como pude haber ido al paseo de Portugalete o a los acantilados. Quería callejear sin rumbo, darle sentido a la tarde. Me gusta ver el paisaje por una ventanilla. Las gotas de lluvia resbalaban por el cristal, todo se emborronaba. En la entrada a Bilbao, San Mamés, monumental, un retazo del Guggenheim, las gotas sobre la ría del Nervión, describiendo elipses inagotables. Y rodeando la ciudad los montes con las cumbres hoy neblinosas. Pasear bajo la lluvia me calma, una lluvia tímida y esquiva pero perenne. La gran vía estaba llena de paraguas y móviles. Conversaciones en voz alta, secretos gritados, caras sonrientes o preocupadas. Al pasar bajo los árboles me mojaban las gotas de las hojas, unas gotas de lluvia de hace uno o dos minutos, que se quedaron suspendidas en el borde y cayeron con el peso del viento. No sé por qué pensé en la luz de las estrellas, cómo el universo que hoy vemos no existe, la luz que nos llega para iluminar nuestras noches es pasado. El cielo como máquina del tiempo. Entré en una librería, mi particular antro de perversión, con mi chambergo mojado. Me siento en casa entre los pasillos de una librería, como un náufrago que ha encontrado su isla (después del naufragio). Toco lomos de libros, los acaricio con suavidad, con el dolor de saber que no tendré el tiempo de leerlos todos, que elegir entre dos que están juntos en una estantería ya es toda una acción homérica. Me llevé Llámame Brooklyn. Recordé unas palabras elogiosas de Auro. Y Auro me trajo Océano Mar. Se quedaron un montón de historias a mi espalda, indeciso en la elección, con mala conciencia por seguir comprando y comprando libros, mi único vicio. De vuelta a la lluvia. De vuelta a los paraguas y móviles. Algunos mendigos se resguardaban bajo los portales con todo su arsenal de abrigos y cajas de cartón y bolsas de plástico. Entré en una cafetería de buen nombre y mal café. Empecé a ojear (hojear) el libro, esa sensación única de abrir por primera vez un tesoro, pasar la mirada por sus páginas, elegir frases al azar, como la chica de la parada de autobús, subrayarlas en la memoria, reconocerse en ellas y anticipar el placer de un cuento que me van a susurrar. Café y libros. Combinación perfecta. Un último paseo por la orilla de la ría, antes de volver a casa para descansar la espalda y el inesperado dolor ciático. Me equivoqué de parada de autobús. Me di cuenta cuando llegó un autobús de otra línea. Tuve que andar unos 20 metros hasta la mía. Despistado. Despistado, torpe, desmemoriado y sin saber ni entender nada. No pude evitar reírme.


Publicado por elchicoanalogo @ 19:18  | Great White Way
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Mi?rcoles, 16 de abril de 2008
Plaza de las Flores. Casi las cuatro de la tarde.
Olor de frituras entre gentes y geranios.
Las mesas, ocupadas; nosotros, hambrientos;
¡dejadme un choco por un momento!

Como santos, nos elevan a lo más alto
para degustar tan delicioso manjar.
Señores, puntillitas y cazón del bueno,
choquitos y esponjosas croquetas;
gastronomía con más categoría
que de Martirio sus grandes peinetas.

¿Realidad? ¿Ciencia ficción? Ahora dudo.
La fritura, muy real. Una voz del más allá.
"Paco, cocina cerrada". ¿Quién habló? Un señor
que ya deja de trabajar.
Como custodiando las puertas de Mordor,
sentimos la presencia de aquel Sauron.
"Ya nos vamos, ya nos vamos, aunque dejemos pescado".
Y aunque pescado quedó, salimos alimentados.

No pretendan encontrar en mis palabras
el noble arte de la poesía,
pues mi cometido no es otro
que rendir en regla toda
al pescaíto frito, esta escueta oda.
Jesús Martínez
Oda al pescaíto frito


Qué recuerdos...

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Publicado por elchicoanalogo @ 19:54  | Voces amigas
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Publicada en 1940, ilustra los mecanismos de la destrucción de la personalidad y el envilecimiento de las víctimas que pusieron en evidencia los procesos de Moscú de los años treinta.
La novela, una suerte de glacial teorema, transcurre en la prisión a la que ha sido conducido un dirigente de la vieja guardia bolchevique caído en desgracia, Rubashov, personaje, según cuenta Koestler en sus memorias, calcado en sus ideas de Nikolai Bujarin, y en su personalidad y rasgos físicos de León Trotski y Karl Radek. Para debilitar su resistencia, Rubashov es sometido a mortificaciones como impedirle dormir y enfrentarlo a reflectores deslumbrantes.


Koestler, que fue comunista convencido, escribe sobre los extraños procesos de Moscú, donde cientos de antiguos miembros del partido, de los primeros revolucionarios, se autoinmolan para salvar al partido, la idea stalinista del partido. Rubashov, uno de los héroes de la revolución, es encarcelado como todos sus antiguos compañeros, desaparecidos uno a uno. En la cárcel, Rubashov, entre los descansos de los interrogatorios, repasa algunos momentos de su vida al servicio de la revolución, su anteriores detenciones, la ilógica de las decisiones del partido, cómo era imposible la aparición del "yo". A trompicones despierta del ideal comunista, aunque justifica la farsa de los juicios y las mentiras sobre las acusaciones como último deber hacia el partido.

Fuimos tomados por locos porque seguimos cada pensamiento hasta su consecuencia final, y obramos de acuerdo con ello. Fuimos comparados con la Inquisición, porque, como ella, sentíamos constantemente el peso de la responsabilidad por la superindividual vida futura, y, realmente, nos parecíamos a los grandes inquisidores en que perseguíamos las semillas del mal no solamente en las acciones de los hombres, sino en sus pensamientos. No admitíamos ninguna esfera privada, ni aun dentro del cráneo del hombre. Vivíamos bajo la coacción de continuar lo empezado hasta su conclusión final, y nuestra mente estaba cargada hasta tal punto, que la más ligera colisión ocasionaba un corto circuito mortal. Esto nos condenaba a una destrucción mutua.
Arthur Koestler
El cero y el infinito


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Publicado por elchicoanalogo @ 17:24  | Libros...
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Martes, 15 de abril de 2008

Ha sido un gran fin de semana en Cádiz, la otra cara de un viernes donde me desvié de lo que debe ser mi camino. Desde que pisé aquella tierra no paré de reírme, de sentirme cómodo, arropado, enamorado de la ciudad y de cuatro personas hermosas, acogedoras y abiertas. He encontrado en un foro de literatura a un puñado de gente que merece la pena, que forman parte importante de mi vida y que me dan un respiro cuando estoy mal y una sonrisa en el momento más inesperado. Eso parece invisible, nadie se percata de ello, Internet sólo es noticia por la piratería, el ciber sexo o la pedofília. Pero es una parte. Hay más. Y, como digo, ese más es hermoso.

Hace un par de meses solté aquello de que no conocía el sur, este sur. Y la opción lógica era Cádiz, donde tendría con quien encontrarme, quien me haría de guía. Es hermoso, siempre es hermoso, que haya quien te espere. Como Mariola sentada en la estación de Valladolid, como estos tres gaditanos tan lindos.

Hubo muchas risas, mucho cachondeo, pescaíto frito, un bizcocho espectacular, simplemente espectacular, que hizo Junior especialmente para la ocasión y con el que recuperé el apetito (entre la merienda y el desayuno me comí la mitad)

Junior es un tipo cercano, amigable, con mucho arte, inteligente y galdosiano. Me pervirtió al llevarme de librerías. Al final me encontré con una bolsa con seis libros que ya no sé dónde poner. Hace unos postres increíbles, tendré que volver para probar sus galletas.

Natalia es dicharachera, alegre, con golpes de humor inesperados (y tira con bala), una expresión siempre radiante, ahora más que va a ser mamá, siempre de buen ánimo. Achuchable, muy achuchable.

Morena es la caña. Alegre, de esa alegría expansiva que se contagia, muy graciosa, entrañable. Me gustó ver cómo mimaba a su chico, las caricias que se dedicaban.

Me quedé prendado de los tres, su acento tan cálido, como ellos, su manera de alegrar al otro, cómo ellos, sin saberlo, me han quitado “telarañas” de la cabeza.

Viajar me sana. Y estar con mis amigos.



Tags: Cádiz, Lectores empedernidos

Publicado por elchicoanalogo @ 13:45  | Great White Way
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Viernes, 11 de abril de 2008

Estaba a punto de salir, mirando llover a través de los cristales, cuando notó unos senos clavándose en su espalda y unas manos empezando a juguetear sobre su pecho, abarcándolo todo. Una cabeza se apoyó sobre su hombro y le susurró algo al oído.

Le contó cualquier cosa que ya no recuerda bien. Algo, seguramente, sin importancia; pero de un modo suavecito y dulce, como a él le gustaba. Y, de repente, sintió como si el tiempo se detuviera. Una especie de calor relajante que le llenó completamente.

Le hubiera gustado quedarse así el resto de su vida. No le habría importado lo más mínimo morir en aquel preciso instante. Lo habría hecho en paz, en calma total, con aquella sensación tan parecida –creyó recordar- a la que debió experimentar entre líquido amniótico que alguna vez le envolvió.

Después, dejó de abrazarle y le subió la cremallera de la chamarra hasta el cuello. Le ató los botones sin parar de decirle cosas con aquel tono dulce y suavecito, como a él le gustaba. Le habló de lo frágil que en realidad era, de lo mucho que llovía, de lo importante que era que se abrigara... 

Al salir a la calle, a pesar del intenso frío, de la humedad que invadía el ambiente y de las gotas de lluvia con tamaño de coco que se estrellaban contra su frente, quizás por el contraste de temperatura, notó que continuaba con la ‘piel de gallina’, disfrutando de aquella cálida sensación que le traspasó un día lluvioso de una fría primavera invernal.
Iñaki Calvo
Cálida sensación


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Publicado por elchicoanalogo @ 15:42  | Voces amigas
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Martes, 08 de abril de 2008

Una escritura aparentemente sencilla y, a la vez, profunda, una historia que surge de una anécdota leve, un hombre que pierde una pierna en un accidente, un inicio donde parece que estamos ante una típica historia de amor entre enfermo y enfermera pero que se convierte en una reflexión sobre el amor, la vejez, el movimiento, en todos los sentidos, una mirada interior, este hombre que se mira a sí mismo antes del accidente y ve que su vida ha sido fría y frívola, y una exterior, personajes emigrantes que no saben cómo encontrar un nuevo hogar.

Curiosa la aparición de la escritora Elisabeth Costello, protagonista del anterior libro de Coetzee, donde se juega con diferentes realidades, como si Paul fuera el protagonista de una novela que ella está escribiendo, y que intenta que Paul se arriesgue y haga algo por ese amor inesperado y por su vida, más allá que quedarse quieto y que su vida sea espera e inacción.

Hombre lento habla, como las mejores novelas de Kawabata, del paso del tiempo, la vejez y el amor, del miedo, las dudas y la muerte.




Piense en Don Quijote. Don Quijote no trata de un hombre sentado en una mecedora que se queja de lo aburrida que es La Mancha. Trata de un hombre que se coloca un bacín en la cabeza y se sube a lomos de su viejo y fiel rocín y parte para emprender grandes hazañas. Emma Roualt, Emma Bovary, sale y se compra ropa cara aunque no tiene ni idea de cómo va a pagarla. "Solamente se vive una vez", dice Alonso, dice Emma, "así que démonos una oportunidad". Dese una oportunidad, Paul. Vea qué se le ocurre.
Los dos somos feos, Paul, viejos y feos. Y más que nunca nos gustaría llevar en nuestros brazos la belleza del mundo. Ese anhelo nunca muere en nosotros. Pero la belleza del mundo no nos quiere a ninguno de los dos. Así que tenemos que conformarnos con menos, con mucho menos. De hecho tenemos que conformarnos con lo que se nos ofrece o pasar hambre...
J.M. Coetzee
Hombre lento


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Publicado por elchicoanalogo @ 19:52  | Libros...
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¿Resultará más práctico dotarse de una epidermis de verruga que adquirir una psicología de colmillo cariado?

Aunque ya han transcurrido muchos años, lo recuerdo perfectamente. Acababa de formularme esta pregunta, cuando un tranvía me susurró al pasar: “¡En la vida hay que sublimarlo todo... no hay que dejar nada sin sublimar!”

Difícilmente otra revelación me hubiese encandilado con más violencia: fue como si me enfocaran, de pronto, todos los reflectores de la escuadra británica. Recién me iluminaba tanta sabiduría, cuando empecé a sublimar, cuando ya lo sublimaba todo, con un entusiasmo de rematador... de rematador sublime, se sobreentiende.

Desde entonces la vida tiene un significado distinto para mí. Lo que antes me resultaba grotesco o deleznable, ahora me parece sublime. Lo que hasta ese momento me producía hastío o repugnancia, ahora me precipita en un colapso de felicidad que me hace encontrar sublime lo que sea: de los escarbadientes a los giros postales, del adulterio al escorbuto.

¡Ah, la beatitud de vivir en plena sublimidad, y el contento de comprobar que uno mismo es un peatón afrodisíaco, lleno de fuerza, de vitalidad, de seducción; lleno de sentimientos incandescentes, lleno de sexos indeformables; de todos los calibres, de todas las especies: sexos con música, sin desfallecimientos, de percusión! Bípedo implume, pero barbado con una barba electrocutante, indescifrable. ¡Ciudadano genial —¡muchísimo más genial que ciudadano!— con ideas embudo, ametralladoras, cascabel; con ideas que disponen de todos los vehículos existentes, desde la intuición a los zancos! ¡Mamón que usufructúa de un temperamento devastador y reconstituyente, capaz de enamorarse al infrarrojo, de soldar vínculos autógenos de una sola mirada, de dejar encinta una gruesa de colegialas con el dedo meñique!....

¡Pensar que antes de sublimarlo todo, sentía ímpetus de suicidarme ante cualquier espejo y que me ha bastado encarar las cosas en sublime, para reconocerme dueño de millares de señoras etéreas, que revolotean y se posan sobre cualquier cornisa, con el propósito de darme docenas y docenas de hijos, de catorce metros de estatura; grandes bebés machos y rubicundos, con una cantidad de costillas mucho mayor que la reglamentaria, a pesar de tener hermanas gemelas y afrodisíacas!...

Que otros practiquen —si les divierte— idiosincrasias de felpudo. Que otros tengan para las cosas una sonrisa de serrucho, una mirada de charol.

Yo he optado, definitivamente, por lo sublime y sé, por experiencia propia, que en la vida no hay más solución que la de sublimar, que la de mirarlo y resolverlo todo, desde el punto de vista de la sublimidad.
Oliverio Girondo
Espantapásaros 10


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Publicado por elchicoanalogo @ 18:21  | Oliverio Girondo
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Jueves, 03 de abril de 2008
Llueve porque te nombro y estoy triste,
porque ando tu silencio recorriendo,
y porque tanto mi esperanza insiste,
que deshojada en agua voy muriendo.

La lluvia es mi llamado que persiste
y que afuera te aguarda, padeciendo,
mientras por un camino que no existe
como una despedida estás viniendo.

La lluvia, fiel lamido, va a tu encuentro.
La lluvia, perro gris que reconoce
tu balada; la lluvia, mi recuerdo.

Iré a estrechar tu ausencia lluvia adentro,
a recibir tu olvido en largo roce:
Que mi sangre no sepa que te pierdo.
Amelia Biagioni
Lluvia

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Publicado por elchicoanalogo @ 18:42  | Poes?a
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Mi?rcoles, 02 de abril de 2008

Alex y Kiki son dos amigas de la universidad. Alex alquila una habitación en el apartamento de la Sra. Benes, en el mismo edificio donde vive Kiki. En esta habitación de Bucarest, donde comparten sus noches, empieza su historia de amor. Pero, a medida que va evolucionando su relación, descubrimos las diferencias emocionales entre las dos jóvenes. Por un lado, la fuerte personalidad de Alex que se oculta bajo una apariencia tranquila y por otro, la inestabilidad emocional de Kiki enmascarada tras una extravagante fachada. Los celos del hermano de Kiki harán que su relación se complique...

 

A ratos interesante, a ratos aburrida, esta película rumana habla sobre el amor, del roce de un dedo sobre la piel a la obsesión por el otro y el dolor y la incomprensión de ruptura. Es una película sencilla, sutil, a veces demasiado sutil y parece que no acaba de profundizar en los personajes, no cae nunca en el morbo, con un buen inicio y una gran escena final. En el medio, lo dicho, un poco de todo.

 

ALEX: ¿Cómo huele mi piel?

KIKI: Fuerte

ALEX: ¿Qué quieres decir?

KIKI: Es un olor somnoliento, como el que sientes al despertar después de haber soñado mucho.

 

 

ALEX: Me rompiste el corazón, ¿sabes? No siento nada. Estoy vacía.

 

 

KIKI (OFF) Para la mayoría, no éramos más que unas buenas amigas que no encontraban su sitio en el mundo. Algunos creían saber la verdad acerca de nuestra relación. Sin embargo sólo nosotras conocíamos la cruda realidad. Que no teníamos ni idea de lo que había pasado, pero que había sido algo hermoso.

 

TITULO ORIGINAL: Legaturi bolnavicioase (Love Sick)

AÑO: 2006 

DURACIÓN 86 min.  

PAÍS: RUMANÍA

DIRECTOR: Tudor Giurgiu

GUIÓN: Cecilia Stefanescu, Razvan Radulescu

MÚSICA: Vlaicu Golcea

FOTOGRAFÍA: Vlaicu Golcea

REPARTO: Maria Popistasu, Ioana Barbu, Tudor Chirila, Catalina Murgea, Mircea Diaconu, Virginia Mirea, Tora Vasilescu, Valentin Popescu, Mihai Dinvale

PRODUCTORA: Coproducción Rumanía-Francia

 

(Datos tomados de Filmaffinity)


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Publicado por elchicoanalogo @ 22:38  | Cine
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Martes, 01 de abril de 2008

¿Nos olvidamos, a veces, de nuestra sombra o es que nuestra sombra nos abandona de vez en cuando?

Hemos abierto las ventanas de siempre. Hemos encendido las mismas lámparas. Hemos subido las escaleras de cada noche, y sin embargo han pasado las horas, las semanas enteras, sin que notemos su presencia.

Una tarde, al atravesar una plaza, nos sentamos en algún banco. Sobre las piedritas del camino describimos, con el regatón de nuestro paraguas, la mitad de una circunferencia. ¿Pensamos en alguien que está ausente? ¿Buscamos, en nuestra memoria, un recuerdo perdido? En todo caso, nuestra atención se encuentra en todas partes y en ninguna, hasta que, de repente advertimos un estremecimiento a nuestros pies, y al averiguar de qué proviene, nos encontramos con nuestra sombra.

¿Será posible que hayamos vivido junto a ella sin habernos dado cuenta de su existencia? ¿La habremos extraviado al doblar una esquina, al atravesar una multitud? ¿O fue ella quien nos abandonó, para olfatear todas las otras sombras de la calle?

La ternura que nos infunde su presencia es demasiado grande para que nos preocupe la contestación a esas preguntas.

Quisiéramos acariciarla como a un perro, quisiéramos cargarla para que durmiera en nuestros brazos, y es tal la satisfacción de que nos acompañe al regresar a nuestra casa, que todas las preocupaciones que tomamos con ella nos parecen insuficientes.

Antes de atravesar las bocacalles esperamos que no circule ninguna clase de vehículo. En vez de subir las escaleras, tomamos el ascensor, para impedir que los escalones le fracturen el espinazo. Al circular de un cuarto a otro, evitamos que se lastime en las aristas de los muebles, y cuando llega la hora de acostarnos, la cubrimos como si fuese una mujer, para sentirla bien cerca de nosotros, para que duerma toda la noche a nuestro lado.
Oliverio Girondo
Espantapájaros 9


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Publicado por elchicoanalogo @ 11:48  | Oliverio Girondo
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