Martes, 06 de mayo de 2008

Aquella tarde, al llegar a casa, se sintió desesperadamente triste. Intentó escribir algo. Inconscientemente, cogió un folio de color negro y, al mirarlo, no pudo evitar sonreír. La fotografía de mayo, en blanco y negro, parecía una inversión antinatural, una especie de negativo extraño en el que un blanco nieve lo invadía absolutamente todo.

- ¡Qué curioso!, pensó.

Pensó, también, en conceptos raros, en ideas inconexas, dulces, agobiantes; felices, a ratos; tristes, en otros momentos...; gritos, sirenas estridentes, y el sabor del chocolate caliente.

Y, fue entonces cuando recordó aquellas dos palabras: astenia otoñal. ¡Lástima que fuera primavera!

En aquel momento, sin saber por qué, a pesar de todo, la expresión le sonó tranquilizadora, como si en ella estuvieran todas las respuestas a la tristeza que lo invadía todo. Y, de repente, se sintió a gusto entre aquellas cuatro paredes, con sus historias, con sus cosas...

Aunque no tuviera el más mínimo sentido, tomó la determinación de desterrar todos los pensamientos absurdos. Decidió parapetarse entre aquellas cuatro paredes. Descolgó el teléfono y el portero automático, subió el volumen de la música y plantó, simbólicamente, una tienda de campaña sobre la alfombra de la habitación mágica. Sacó punta a una pintura blanca y empezó a emborronar el folio negro que había cogido unos minutos antes. Y, como nada tenía sentido, optó por juntar letras blancas sobre un ‘desierto’ negro. Todo era muy raro; pero le gustaba.

Cambió el tratamiento recomendado contra la astenia, otoñal en plena primavera. Sustituyó el ‘ginsen’ por la cerveza y el ‘gelocatil’, y, a pesar de que la mezcla sonaba peligrosa, la solución surtió efecto. El dolor de cabeza se fue y las sirenas y los gritos dejaron de sonar en su cabeza.

Aquella noche, probablemente, soñó con chocolate cálido, dulce, y espeso (¡no todo iba a ser perfecto!), dentro de su tienda de campaña imaginaria, en su habitación mágica.
Iñaki Calvo
Desesperadamente triste


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Publicado por elchicoanalogo @ 21:28  | Voces amigas
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