Domingo, 11 de mayo de 2008

Un periodista del New York Post recibe la noticia de que su amigo Gal Ackerman, veinticinco años mayor que él, ha muerto. El suceso le obliga a cumplir un pacto tácito: rescatar de entre los centenares de cuadernos abandonados por Ackerman en un motel de Brooklyn, una novela a medio terminar. El frustrado anhelo de su autor era llegar a una sola lectora, Nadia Orlov, de quien hace años que nadie ha vuelto a saber nada.

Llámame Brooklyn es una historia de amor, amistad y soledad. Es un canto al misterio y el poder de la palabra escrita. Una novela caleidoscópica en la que, como en un rompecabezas, se construye un artefacto literario insólito en la tradición literaria española.

 

Llámame Brooklyn me ha sorprendido, maravillado y dejado boquiabierto tanto por la historia que cuenta como por cómo la cuenta. Me gusta que la historia, la reconstrucción de la vida de Gal, sea un puzzle, que los capítulos sean piezas que poco a poco van encontrando su sitio, que se cambie al narrador y se entremezclen diarios, notas y correos, que haya saltos en el tiempo, en los países, las pequeñas historias que se entremezclan como afluentes con la gran historia, esa forma tan melancólica de narrar un amor y de describir a un puñado de perdedores, las casualidades y el azar tan de Auster, eso, que haya un poco de Auster en esta novela, el misterio, el amor por la escritura (y el amor es, a la vez, dolor, cómo no). Eduardo Lago ha creado una novela atractiva, de esas que duele leer a trompicones.

 

Le dije que necesitaba quedarme un momento a solas y salí por una puerta a uno de los balcones que daban a la Gran Vía. Necesitaba no oír ninguna voz, ninguna historia más, perderme dentro de mí mismo, olvidarme unos instantes de quién era, de por qué estaba allí.
Eduardo Lago
Llámame Brooklyn


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Publicado por elchicoanalogo @ 21:59  | Libros...
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