lunes, 19 de mayo de 2008

No sé qué clase de árbol es. Siempre he sido patoso para identificarlos y diferenciarlos. Es lo único que veo desde mi puesto de trabajo que no sean rotativas, molinos ruidosos o extraños artilugios. El árbol, mediano, modesto, en la esquina izquierda de la puerta del taller. He visto cómo la luz se pegaba a sus hojas, cómo el anochecer lo oscurecía e invisibilizaba por completo, cómo se combaba por el viento y se desprendían sus pequeñas hojas de las ramas.

Cuando me agobio por la repetición de mi trabajo y pienso en cosas inútiles, inconvenientes que hacen detenerse al tiempo me fijo en el árbol. Siento que nos emparentamos en la quietud, yo no puedo salir de un metro cuadrado, el está anclado a la tierra. Los días de viento y lluvia me pierdo en el movimiento inesperado de la copa, cómo resiste los envites de las ráfagas a pesar de su aparente fragilidad, la doble lluvia que hay bajo él, la que cae del cielo, la que cae de sus ramas.

Esta semana me toca el turno de noche. Sólo podré distinguir su silueta hacia el amanecer.


Publicado por elchicoanalogo @ 12:40  | Descartes...
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios