Domingo, 25 de mayo de 2008
Habré de levantar la vasta vida

que aún ahora es tu espejo:

cada mañana habré de reconstruirla.

Desde que te alejaste,

cuántos lugares se han tornado vanos

y sin sentido, iguales

a luces en el día.

Tardes que fueron nicho de tu imagen,

músicas en que siempre me aguardabas,

palabras de aquel tiempo,

yo tendré que quebrarlas con mis manos.

¿En qué hondonada esconderé mi alma

para que no vea tu ausencia

que como un sol terrible, sin ocaso,

brilla definitiva y despiadada?

Tu ausencia me rodea

como la cuerda a la garganta,

el mar al que se hunde.

Jorge Luis Borges

Ausencia


Tags: Ausencia, Jorge Luis Borges

Publicado por elchicoanalogo @ 21:41  | Poes?a
Comentarios (0)  | Enviar
Viernes, 23 de mayo de 2008

En mi último viaje a Tucumán descubrí a un escritor argentino, Roberto Fontanarrosa, “El negro”, dibujante de comics y escritor de divertidos cuentos cortos, algunos con el fútbol como protagonista, un tipo cercano, inteligente e ingenioso, creador de Inodoro Pereyra, Mendieta o Boggie el aceitoso. En la misma semana donde le conocí el negro murió tras una larga enfermedad. Me gustaría dejar este discurso/ensayo que dio en un congreso de la lengua en su Rosario como homenaje.

 

La internacionalización del español (Roberto Fontanarrosa)


No sé que tiene que ver con lo de la internacionalización, que, aparte, ahora que pienso, ese título lo habrán puesto para decir que una persona que logra decir correctamente in-ter-na-cio-na-li-za-ción es capaz de ponerse en un escenario y hablar algo —porque es como un test que han hecho—.

Algo tendrá que ver el tema, éste, el de la malas palabras, por ejemplo, con éste, como el que decía el amigo Escribano (José Claudio Escribano), se nota que es tan polémica esta mesa que es la única a la que le han asignado «escribano» para que se controle todo lo que se dice en ella.

Creo que es un aporte real en cuanto al intercambio, me ha tocado vivir cuando he tenido que acompañar a la selección argentina a partidos (de fútbol) en Latinoamérica. El intercambio que hay en esos casos de este lenguaje es de una riqueza notable; es más, en Paraguay nos decían «come gatos» que es, estrictamente para los rosarinos, «un rosarinismo». Un Congreso de la Lengua, es más que todo, para plantearse preguntas. Yo como casi siempre hablo desde el desconocimiento, me pregunto por qué son malas las malas palabras, quién las define como tal. ¿Quién y por qué?, ¿quién dice qué tienen las malas palabras?, ¿o es que acaso les pegan las malas palabras a las buenas?, ¿son malas porque son de mala calidad?, o sea que ¿cuando uno las pronuncia se deterioran? o ¿cuando uno las utiliza, tienen actitudes reñidas con la moral?

Obviamente, no se quién las define como malas palabras, tal vez sean como esos villanos de viejas películas como las que nosotros veíamos, que en un principio eran buenos, pero que al final la sociedad los hizo malos.

Tal vez nosotros al marginarlas, las hemos derivado en palabras malas, lo que yo pienso es que brindan otros matices muchas de ellas. Yo soy fundamentalmente dibujante, con lo que uno se preguntará: ¿qué hace ese muchacho arriba del escenario? Manejo muy mal el color, por ejemplo, pero a través de eso sé que cuanto más matices tenga uno, más puede defenderse, para expresarse, para transmitir, para graficar algo, entonces, ¿hay palabras, palabras de las denominadas malas palabras que son irreemplazables, por sonoridad, por fuerza, algunos incluso por contextura física de la palabra. No es lo mismo decir que una persona es tonta o zonza que decir que es un pelotudo. Tonto puede incluso incluir un problema de disminución neurológica realmente agresivo.

El secreto de la palabra pelotudo, ya universalizada —no sé si está en el diccionario de dudas—, está en que también puede hacer referencia a algo que tiene pelotas. Puede hacer referencia a algo que tiene pelotas que puede ser un utilero de fútbol que es un pelotudo porque traslada las pelotas; pero lo que digo, el secreto, la fuerza; está en la letra t. Analicémoslo —anoten las maestras—: está en la letra t, puesto que no es lo mismo decir zonzo que decir peloTUdo.

Otra cosa, hay una palabra maravillosa que en otros países está exenta de culpa —esa es otra particularidad, porque todos los países tienen malas palabras pero se ve que las leyes de algunos países protegen y en otros no—, hay una palabra maravillosa, decía, que es carajo. Yo tendría que recurrir a mi amigo y conocedor, Arturo Pérez Reverte, conocedor en cuanto a la navegación, porque tengo entendido que el carajo era el lugar donde se colocaba el vigía, en lo alto de los mástiles de los barcos para divisar tierra o lo que fuere, entonces mandar a una persona al carajo era estrictamente eso, mandarlo ahí arriba.

Amigos mexicanos con los que estuve cenando anoche me estuvieron enseñando una cantidad de malas palabras mexicanas. Ahora que lo pienso creo que me estaban insultando porque se suscitó un problema con la cuenta a la hora de pagar. Me explicaban, que las islas Carajo son unas islas que están en el océano Indico.

En España, el carajillo es el café con coñac y acá apareció como mala palabra, al punto que se llega a los eufemismos se decía caracho es de una debilidad absoluta y de una hipocresía... ¿no?

A veces hay periódicos que ponen: «El senador fulano de tal envío a la M a su par…». La triste función de esos puntos suspensivos, realmente el papel absurdo que están haciendo ahí, merecería también una discusión acá, en el Congreso de la Lengua.

Voy a ir cerrando, hay otra palabra que quiero apuntar que creo es fundamental en el idioma castellano, que es la palabra «mierda», que también es irreemplazable. El secreto de la contextura física está en la r —anoten las docentes— porque es mucho más débil como lo dicen los cubanos: miELda, que suena a chino y eso —yo creo que ahí está la base de los problemas que ha tenido la Revolución cubana—, quita de posibilidades de expresiva.

Voy cerrando, después de este aporte medular que he hecho al lenguaje y al Congreso, lo que yo pido es que atendamos a esta condición terapéutica de las malas palabras. Mi psicoanalista dice que es imprescindible para descargarse, para dejar de lado el estrés y todo ese tipo de cosas. Lo único que yo pediría (no quiero hacer una teoría) es reconsiderar la situación de estas palabras. Pido una amnistía para la mayoría de ellas. Vivamos una navidad sin malas palabras e integrémoslas al lenguaje, que las vamos a necesitar.



Tags: Roberto Fontanarrosa

Publicado por elchicoanalogo @ 12:39  | Libros...
Comentarios (0)  | Enviar
Jueves, 22 de mayo de 2008

En otra vida escribí…

 

La mirada de Blanca es infinita, abarcadora, y transparente, una puerta a sus sentimientos, ¡es la mejor mirada que he visto! La mirada de Blanca es profunda, transmite energía, y da vida a quien la observa. La mirada de Blanca no tiene límites, traspasa el horizonte, a veces se parece a la de un bebé de pocos meses, cuando observa, con los ojos bien abiertos, las sorpresas de los nuevos y atrayentes objetos que le rodean. Es como si quisiera atrapar el mundo, todo lo que ve, con ella, así, con esta frase que más tarde utilicé para el final del relato corto “Desierto Blanco”, y que ella leyó, apareció Blanca, por primera vez, en la agenda donde recojo el último pensamiento del día. La mirada de Blanca te eleva, te hace sentir importante, escuchado, la mirada de Blanca, en ocasiones, te mece en un suave caos.

 

Ahora la mirada de Blanca captura el mundo que la rodea. Enredos I quedó en segundo lugar en el concurso “El día de Internet”




Enredos I (Blanca García)



Enredos I


Tags: Enredos I, Blanca García, concurso día de Internet

Publicado por elchicoanalogo @ 13:23  | Voces amigas
Comentarios (0)  | Enviar
Mi?rcoles, 21 de mayo de 2008

Estoy enferma de ti,
maltrecha adolorida.
Otros brazos me buscan
y no puedo abrazarlos.
Me besan y no puedo
responder con mis labios.
Ando desintegrada,
dispersa por el mundo.
Y solo hay un momento
en que me encuentro:
Cuando los dos
jugamos a ser uno.
Cuando te siento
indefenso
en mis brazos,
y pierdes la conciencia
de que nos separamos.

Renata Durán

Estoy enferma de ti


Tags: Estoy enferma de ti, Renata Durán

Publicado por elchicoanalogo @ 19:48  | Poes?a
Comentarios (0)  | Enviar
Lunes, 19 de mayo de 2008

Era lunes y como todos los lunes el alma me pesaba ahí mismo, abajo del saquito de los cojones. Una tarde pensé que el alma era una tercera bola que llevaba ahí colgado y que me servía tan poco como me servían las otras dos. Desde entonces, cuando es lunes y el alma me pesa, cuando es otro día y el alma me pesa, siento ese bulto y esa carga abajo del todo, peleando con la tela elástica del slip.

Yo no fui siempre un tipo con el alma entre los cojones. Durante bastantes años ni siquiera decía palabrotas y hasta utilicé durante otros muchos un vocabulario abundante y selecto. Ahora he decidido que la vida no merece arriba de quinientas palabras y que las más a propósito son palabrotas, pero no es que nunca haya pasado de aquí, sino que he llegado aquí. Muchos capullos se atascan donde yo estoy al poco de nacer y se quedan ahí para siempre. Yo he venido hasta aquí pasando por otros sitios antes, y algunos de ellos olían bastante mejor, aunque nunca duró demasiado. Puede parecer que más habría valido ser desde el principio uno de esos capullos que no ven mundo ni conocen otros sitios que huelen mejor. Y a mí me lo parece. Si toda mi vida hubiese sido un capullo ahora estaría contento, y no acordándome de que aquel día era lunes y el alma me pesaba encima del slip.

Lorenzo Silva

La flaqueza del bolchevique



Tags: flaqueza del bolchevique, Lorenzo Silva

Publicado por elchicoanalogo @ 20:35  | Libros...
Comentarios (0)  | Enviar

Estimado lector, estimada lectora:

Aunque el uso habitual de un texto como éste es describir las características de la obra, por una vez nos tomaremos la libertad de hacer una excepción a la norma establecida. No sólo porque el libro que tienes en tus manos es muy difícil de definir, sino porque estamos convencidos de que explicar su contenido estropearía la experiencia de la lectura. Creemos que es importante empezar esta novela sin saber de qué trata.

No obstante, si decides embarcarte en la aventura, debes saber que acompañarás a Bruno, un niño de nueve años, cuando se muda con su familia a una casa junto a una cerca. Cercas como ésa existen en muchos sitios del mundo, sólo deseamos que no te encuentres nunca con una. Por último, cabe aclarar que este libro no es sólo para adultos; también lo pueden leer, y sería recomendable que lo hicieran, niños a partir de los trece años de edad.

El editor.

 

Este libro me recordó a dos que leí en mi infancia, Charcos en el camino, donde unos hermanos londinenses deben refugiarse en el campo para evitar los bombardeos que destruían Londres y Cuando Hitler robó el conejo rosa, una familia de judíos que huyen de Alemania para salvar su vida. Recordé ese tono en la historia de Bruno, esa forma de enfrentarse a una de las grandes tragedias de la historia. No sé. Me gustó por momentos por su sencillez, por cómo se relata la deshumanización propia del nazismo a través de la inocencia de un niño alemán.


Tags: niño con pijama de rayas, John Boyne

Publicado por elchicoanalogo @ 18:59  | Libros...
Comentarios (4)  | Enviar
Viernes, 16 de mayo de 2008

Libro de relatos donde se reflejan pequeños episodios de la vida en esa América perdida, donde hay cowboys acabados, ancianos que han perdido ya sus sueños, gasolineras en mitad de ninguna parte, caballos desbocados y hombres que les curan no con susurros precisamente.

Tardé tres años en hacerme con el libro. La espera mereció la pena. Es un conjunto de relatos donde aparentemente pasan pocas cosas, leves anécdotas en algunos de ellos, pero que se leen con ganas. Me gustan esos relatos de cowboys desdentados capaces de curar caballos desbocados o esos otros donde un hombre se encierra en una habitación durante semanas rodeado de folletos de caballos, o las historias de amor que no pueden ser, o esos personajes soñadores, perdedores, vaqueros solitarios… Y, sobre todo, el relato que da título al libro, donde un par de amigos repiten cada día la misma rutina hasta que aparece una nueva camarera en su restaurante… Todo ello con paisajes desérticos, de película del oeste. Muy bueno.

 

Deja a su hija sentada sola en la silla plegable naranja y corre por el camino de piedras hacia la cabaña. Su corazón late con fuerza. Un viejo terror que no comprende se apodera de él. La puerta se cierra de golpe a su espalda cuando entra en la cocina. Su mujer está junto a la mesa dándole la espalda, acariciando el pelo de su hijo. El niño está sentado a la mesa hurgando en otro bol de cereales. Ella se vuelve hacia su marido, pero sigue acariciándole el pelo a su hijo. El hombre va hacia ella y la coge por la cintura. Ella se da la vuelta y se abrazan. Se besan durante mucho rato, un beso largo y profundo como los que se daban antes de que llegaran los niños. El niño sigue sorbiendo los cereales, sin levantar la cabeza. No está llorando. El crujir de los Cheerios es el único ruido. Y el repiqueteo de la cuchara contra el bol. El hombre y la mujer paran de besarse. Él habla.

“No te vayas a Francia”, es lo que dice.

Sam Shepard

No era Proust de El gran sueño del paraíso


Tags: El gran sueño del paraíso, Sam Shepard

Publicado por elchicoanalogo @ 10:40  | Libros...
Comentarios (2)  | Enviar
Martes, 13 de mayo de 2008

Hoy recordé Marty, aquella película de los años 50 donde un bonachón carnicero encuentra el amor en una solitaria maestra de escuela. Es una película entrañable, intimista, con escenas melancólicas y emotivas y conmovedoras y sencillas, salidas directamente del corazón. Una de esas historias de amor que te reconfortan por su cercanía, por su tono realista, alejado del cuento de hadas.
Hay una escena que me conmueve especialmente, aquella donde la madre intenta convencer a Marty para que salga un sábado noche. Ernest Borgine está extraordinario…

- Bueno, ¿qué vas a hacer esta noche, Marty?
- No lo sé, mamá. No he pensando en nada, probablemente me quedaré en casa.
- ¿Por qué no vas al salón Stardust?
- ¿Cómo?
- Digo que por qué no vas al salón Stardust. Está repleto de guayabos.
- ¿repleto de qué?
- Guayabos.
- ¿Quién te ha hablado del salón Stardust, mamá?
- Tommy.
- Tommy… Mamá, no es más que una sala de baile. He estado allí más de cien veces por lo menos. ¡Repleta de guayabos! Me haces gracia, mamá.
- ¡Marty! Pues no consiento que te quedes en casa esta noche. Quiero que te afeites y que te vayas a bailar.
- ¿Por qué no te das por vencida? Tienes en casa un solterón y no me casaré nunca.
- ¡Ay!, tú te casarás.
- Mamá, más pronto o más tarde llega un momento en la vida que hay que ver las cosas como son, y la verdad es que yo no soy del tipo que le gusta a las mujeres. Está claro. Ya he perseguido a bastantes chicas y he ido a bastantes bailes. Me ha hecho sufrir demasiado. No quiero que me hagan más daño. Esta misma tarde acabo de llamar a una chica y lo mismo, me ha dado calabazas. Creía que ya nada me haría sufrir pero estaba equivocado. Era una mujer estúpida a la que ni siquiera quería llamar y no quiere verme. No mamá, no pienso ir al salón Stardust. Y ¿sabes por qué? Porque allí las chicas me han hecho sentirme siempre como si fuera un bicho. Y yo tengo sentimientos… ya he sufrido bastante. No, gracias, mamá. Esta noche me voy a quedar en casa a ver la televisión.
- Te morirás sin tener un hijo.
- Pues me moriré sin tener un hijo.
- Marty… Ponte el traje azul, ¿eh?
- Ponte el traje azul, ponte el traje gris… Siempre seré un hombrecillo gordo y feo, ¡un hombrecillo gordo y feo!
- ¡Tú no eres feo!
- ¡Soy feo!, ¡soy feo!, ¡soy feo!
- Marty…
- Déjame en paz, mamá. A ver, dime qué quieres de mí. ¿Quieres que te obedezca? Ya soy bastante desgraciado… Está bien, iré al salón Stardust. Me pondré el traje azul e iré. ¿Sabes qué voy a sacar de ese baile? Tristeza, una noche de tristeza.
(Paddy Chayefsky para Marty, dirigida por Delbert Mann)

 


 


Tags: Marty, Delbert Mann, Ernest Borgnine

Publicado por elchicoanalogo @ 23:25  | Cine
Comentarios (0)  | Enviar

Hoy, remangada hasta los codos,

me preparo para trabajar en mi nueva vida,

porque quiero que sea la mejor de todas

(de todas mis vidas y las de los demás).

Y esta vez, lo prometo,

no usaré libro de instrucciones,

porque las vidas salen más bonitas

así, improvisando.

No consiste en mirar al cielo,

pues eso lo hacen todos:

hay que mirar un segundo más

y encontrar en él

lo que nadie ha visto todavía.

Pues el azul ya está pasado

y yo quiero un arco iris por camino,

agarrada a las bridas

de un rayito de sol.

Mariola Hernández

Remolinos (mayo 1998)


Tags: Remolinos, Mariola Hernández

Publicado por elchicoanalogo @ 9:49  | Voces amigas
Comentarios (0)  | Enviar
Lunes, 12 de mayo de 2008

Mi abuela —que no era tuerta— me decía:

“Las mujeres cuestan demasiado trabajo o no valen la pena. ¡Puebla tu sueño con las que te gusten y serán tuyas mientras descansas!

“No te limpies los dientes, por lo menos, con los sexos usados. Rehuye, dentro de lo posible, las enfermedades venéreas, pero si alguna vez necesitas optar entre un premio a la virtud y la sífilis, no trepides un solo instante: ¡El mercurio es mucho menos pesado que la abstinencia!

“Cuando unas nalgas te sonrían, no se lo confíes ni a los gatos. Recuerda que nunca encontrarás un sitio mejor donde meter la lengua que tu propio bolsillo, y que vale más un sexo en la mano que cien volando.”

Pero a mi abuela le gustaba contradecirse, y después de pedirme que le buscase los anteojos que tenía sobre la frente, agregaba con voz de daguerrotipo:

“La vida —te lo digo por experiencia— es un largo embrutecimiento. Ya ves en el estado y en el estilo en que se encuentra tu pobre abuela. ¡Si no fuese por la esperanza de ver un poco mejor después de muerta!...

“La costumbre nos teje, diariamente, una telaraña en las pupilas. Poco a poco nos aprisiona la sintaxis, el diccionario, y aunque los mosquitos vuelen tocando la corneta, carecemos del coraje de llamarlos arcángeles. Cuando una tía nos lleva de visita, saludamos a todo el mundo, pero tenemos vergüenza de estrecharle la mano al señor gato, y más tarde, al sentir deseos de viajar, tomamos un boleto en una agencia de vapores, en vez de metamorfosear una silla en transatlántico.

“Por eso —aunque me creas completamente chocha— nunca me cansaré de repetirte que no debes renunciar ni a tu derecho de renunciar. El dolor de muelas, las estadísticas municipales, la utilización del aserrín, de la viruta y otros desperdicios, pueden proporcionarnos una satisfacción insospechada. Abre los brazos y no te niegues al clarinete, ni a las faltas de ortografía. Confecciónate una nueva virginidad cada cinco minutos y escucha estos consejos como si te los diera una moldura, pues aunque la experiencia sea una enfermedad que ofrece tan poco peligro de contagio, no debes exponerte a que te influencie ni tan siquiera tu propia sombra.

“¡La imitación ha prostituido hasta a los alfileres de corbata!”

Oliverio Girondo

Espantapájaros 14


Tags: Espantapájaros, Oliverio Girondo

Publicado por elchicoanalogo @ 23:33  | Oliverio Girondo
Comentarios (0)  | Enviar
Domingo, 11 de mayo de 2008

El protagonista y narrador de esta historia se empotra contra el descapotable de una irritante ejecutiva en lunes a las ocho de la mañana. Ciertamente, él se distrajo un poco, pero ella no tenía por qué frenar en seco ni, desde luego, escupirle todos los insultos del diccionario. Por ello, y para hacer soportables las tardes de aquel bochornoso verano, decide dedicarse al acecho y aniquilación moral de Sonsoles. La flaqueza del bolchevique sería una novela absolutamente cómica si no fuera por el carácter inquietante que adquiere a medida que se complican las argucias del protagonista. Una historia a caballo entre la comedia, la intriga y el melodrama.

 

Tenía curiosidad por Lorenzo Silva, un escritor del que sólo había leído algún artículo y entrevistas y que me parecía interesante. Cosa que ha corroborado con La flaqueza del bolchevique, una novela corta que se lee en un par de horas, con un buen ritmo, cinismo, mala lache, y un protagonista perdido con reflexiones peregrinas sobre la vida y una pasión inesperada hacia una adolescente. Me ha gustado. Y te deja con un sabor amargo.

 

Hubo un tiempo en que me preocupaba oscilar de la desesperación a la ligereza con tanta facilidad como quien cambia de corbata, pero desde que comprendí que ser ciclotímico es una vacuna contra otras formas más fatigosas y antipáticas de trastorno mental, acepto con gusto las variedades de mi ánimo.
Lorenzo Silva
La flaqueza del bolchevique


Tags: flaqueza del bolchevique, Lorenzo Silva

Publicado por elchicoanalogo @ 22:23  | Libros...
Comentarios (2)  | Enviar

Un periodista del New York Post recibe la noticia de que su amigo Gal Ackerman, veinticinco años mayor que él, ha muerto. El suceso le obliga a cumplir un pacto tácito: rescatar de entre los centenares de cuadernos abandonados por Ackerman en un motel de Brooklyn, una novela a medio terminar. El frustrado anhelo de su autor era llegar a una sola lectora, Nadia Orlov, de quien hace años que nadie ha vuelto a saber nada.

Llámame Brooklyn es una historia de amor, amistad y soledad. Es un canto al misterio y el poder de la palabra escrita. Una novela caleidoscópica en la que, como en un rompecabezas, se construye un artefacto literario insólito en la tradición literaria española.

 

Llámame Brooklyn me ha sorprendido, maravillado y dejado boquiabierto tanto por la historia que cuenta como por cómo la cuenta. Me gusta que la historia, la reconstrucción de la vida de Gal, sea un puzzle, que los capítulos sean piezas que poco a poco van encontrando su sitio, que se cambie al narrador y se entremezclen diarios, notas y correos, que haya saltos en el tiempo, en los países, las pequeñas historias que se entremezclan como afluentes con la gran historia, esa forma tan melancólica de narrar un amor y de describir a un puñado de perdedores, las casualidades y el azar tan de Auster, eso, que haya un poco de Auster en esta novela, el misterio, el amor por la escritura (y el amor es, a la vez, dolor, cómo no). Eduardo Lago ha creado una novela atractiva, de esas que duele leer a trompicones.

 

Le dije que necesitaba quedarme un momento a solas y salí por una puerta a uno de los balcones que daban a la Gran Vía. Necesitaba no oír ninguna voz, ninguna historia más, perderme dentro de mí mismo, olvidarme unos instantes de quién era, de por qué estaba allí.
Eduardo Lago
Llámame Brooklyn


Tags: Llámame Brooklyn, Eduardo Lago

Publicado por elchicoanalogo @ 21:59  | Libros...
Comentarios (0)  | Enviar

No decía palabras,

acercaba tan sólo un cuerpo interrogante

porque ignoraba que el deseo es una pregunta

cuya respuesta no existe,

una hoja cuya rama no existe,

un mundo cuyo cielo no existe.

 

La angustia se abre paso entre los huesos,

remonta por las venas

hasta abrirse en la piel,

surtidores de sueño

hechos carne en interrogación vuelta a las nubes.

 

Un roce al paso,

una mirada fugaz entre las sombras,

bastan para que el cuerpo se abra en dos,

ávido de recibir en sí mismo

otro cuerpo que sueñe;

mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne,

iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.

 

Aunque sólo sea una esperanza,

porque el deseo es una pregunta cuya respuesta nadie sabe.
Luis Cernuda
No decía palabras


Tags: No decía palabras, Luis Cernuda

Publicado por elchicoanalogo @ 16:53  | Poes?a
Comentarios (0)  | Enviar
Jueves, 08 de mayo de 2008

En la gran casa de campo de la familia Tallis todo parece fluir con apacible elegancia en el día más caluroso del verano de 11935. Pero si el lector ha agudizado el oído, ya habrá percibido unas sutiles notas disonantes, y comienza a esperar el instante en que el gusano que habita en la deliciosa manzana asome la cabeza. La tensión estallará después de que Cecilia, la hija mayor de los Tallis, salga empapada de una fuente, vestida solamente con su ropa interior, mientras Robbie, el brillante hijo de la criada y protegido de la familia Tallis, la contempla.

 

Me ha sorprendido cómo McEwan ha decidido contar la historia, las formas tan diferentes de hacerlo en cada parte del libro, el inicio con el cambio del punto de vista de los personajes en cada capítulo y un lenguaje más rebuscado, deteniéndose en infinidad de detalles, las otras partes directas, a veces brutales, con frases cortas y sin tantas digresiones.

El encuentro en la biblioteca de los dos amantes me fascinó, sensual e inquietante, Robbie y Cecilia que no pueden parar su amor, Briony, la hermana pequeña, testigo de una escena que no acaba de comprender; la parte de Dunkerque se convirtió en mi preferida, esa retirada que había leído en unos cuantos libros de historia pero que en esta ocasión había algo más, se desmoronaba el vida de Robbie y la vida en general, ese “te esperaré, vuelve” tan hermoso, tan incondicional, tan definitivo, una esperanza para seguir un camino lleno de muertos y metralla. El regreso al Londres de la guerra, rítmico, donde la verdad de lo ocurrido en aquel verano cálido crece en Briony.

La parte de 1999, espléndida. Como escribe en ella, al final, no hay expiación posible para Dios o un novelista. Muy triste.

 

Un relato era simple y directo, no permitía que nada se interpusiese entre ella y el lector: no había intermediarios, con sus ambiciones privadas o su incompetencia, no había presiones de tiempo ni recursos limitados. En un relato sólo había que desear, bastaba con escribirlo y tenías el mundo; en una obra de teatro debías apañártelas con lo disponible: no había caballos, ni calles de un pueblo, ni costa. No había telón. Parecía evidentísimo ahora que era demasiado tarde: un relato era una forma de telepatía. Mediante el proceso de trazar símbolos de tinta en una página, enviaba ideas y sentimientos desde su mente a la del lector. Era un proceso mágico, tan ordinario que nadie se detenía a pensarlo. Leer una frase y entenderla era lo mismo; como en el caso de doblar un dedo, nada mediaba entre las dos cosas. No había una pausa durante la cual los símbolos se desenredaban. Veías la palabra castillo y allí estaba, a lo lejos, con bosques que se extienden ante él en pleno verano, con el aire azulado y suave del humo que asciende de la forja de un herrero y un camino empedrado que serpentea hacia la verde sombra...

Ian McEwan

Expiación


Tags: Expiación, Ian McEwan

Publicado por elchicoanalogo @ 20:51  | Libros...
Comentarios (0)  | Enviar

Hay días en que yo no soy más que una patada, únicamente una patada. ¿Pasa una motocicleta? ¡Gol!... en la ventana de un quinto piso. ¿Se detiene una calva?... Allá va por el aire hasta ensartarse en algún pararrayos. ¿Un automóvil frena al llegar a una esquina? Instalado de una sola patada en alguna buhardilla.

¡Al traste con los frascos de las farmacias, con los artefactos de luz eléctrica, con los números de las puertas de calle!.

Cuando comienzo a dar patadas, es inútil que quiera contenerme. Necesito derrumbar las cornisas, los mingitorios, los tranvías. Necesito entrar —¡a patadas!— en los escaparates y sacar —¡a patadas!— todos los maniquíes a la calle. No logro tranquilizarme, estar contento, hasta que, no destruyo las obras de salubridad, los edificios públicos. Nada me satisface tanto como hacer estallar, de una patada, los gasómetros y los arcos voltaicos. Preferiría morir antes que renunciar a que los faroles describan una trayectoria de cohete y caigan, patas arriba, entre los brazos de los árboles.

A patadas con el cuerpo de bomberos, con las flores artificiales, con el bicarbonato. A patadas con los depósitos de agua, con las mujeres preñadas, con los tubos de ensayo.

Familias disueltas de una sola patada; cooperativas de consumo, fábricas de calzado; gente que no ha podido asegurarse, que ni siquiera tuvo tiempo de cambiarle el agua a las aceitunas... a los pececillos de color...

Oliverio Girondo

Espantapájaros 13


Tags: Espantapájaros, Oliverio Girondo

Publicado por elchicoanalogo @ 19:34  | Oliverio Girondo
 | Enviar
Martes, 06 de mayo de 2008

Aquella tarde, al llegar a casa, se sintió desesperadamente triste. Intentó escribir algo. Inconscientemente, cogió un folio de color negro y, al mirarlo, no pudo evitar sonreír. La fotografía de mayo, en blanco y negro, parecía una inversión antinatural, una especie de negativo extraño en el que un blanco nieve lo invadía absolutamente todo.

- ¡Qué curioso!, pensó.

Pensó, también, en conceptos raros, en ideas inconexas, dulces, agobiantes; felices, a ratos; tristes, en otros momentos...; gritos, sirenas estridentes, y el sabor del chocolate caliente.

Y, fue entonces cuando recordó aquellas dos palabras: astenia otoñal. ¡Lástima que fuera primavera!

En aquel momento, sin saber por qué, a pesar de todo, la expresión le sonó tranquilizadora, como si en ella estuvieran todas las respuestas a la tristeza que lo invadía todo. Y, de repente, se sintió a gusto entre aquellas cuatro paredes, con sus historias, con sus cosas...

Aunque no tuviera el más mínimo sentido, tomó la determinación de desterrar todos los pensamientos absurdos. Decidió parapetarse entre aquellas cuatro paredes. Descolgó el teléfono y el portero automático, subió el volumen de la música y plantó, simbólicamente, una tienda de campaña sobre la alfombra de la habitación mágica. Sacó punta a una pintura blanca y empezó a emborronar el folio negro que había cogido unos minutos antes. Y, como nada tenía sentido, optó por juntar letras blancas sobre un ‘desierto’ negro. Todo era muy raro; pero le gustaba.

Cambió el tratamiento recomendado contra la astenia, otoñal en plena primavera. Sustituyó el ‘ginsen’ por la cerveza y el ‘gelocatil’, y, a pesar de que la mezcla sonaba peligrosa, la solución surtió efecto. El dolor de cabeza se fue y las sirenas y los gritos dejaron de sonar en su cabeza.

Aquella noche, probablemente, soñó con chocolate cálido, dulce, y espeso (¡no todo iba a ser perfecto!), dentro de su tienda de campaña imaginaria, en su habitación mágica.
Iñaki Calvo
Desesperadamente triste


Tags: Desesperadamente triste, Iñaki Calvo

Publicado por elchicoanalogo @ 21:28  | Voces amigas
Comentarios (0)  | Enviar

A Irene, a la que conocí un invierno de hace 5 años gracias a mi amiga Carolina, no se le ha ocurrido mejor idea que darme el premio que da el blog Arte y pico. Así que no me queda más que decirte, Irene, gracias por la distinción y por acordarte de este blog.

 

1) Debes elegir a 5 blog que consideres sean merecedores de este premio por su creatividad, diseño, material interesante y aporte a la comunidad bloguera, sin importar su idioma.

2) Cada premio otorgado debe tener el nombre de su autora y el enlace a su blog para que todos lo visiten.

3) Cada premiada, debe exhibir el premio y colocar el nombre y enlace al blog de la persona que la ha premiado.

4) Premiada y premiadora, debe exibir el enlace de Arte y pico, para que todas sepan el origen de este premio.

5) Exhibir estas reglas.

Mis 5 premiados:
1) Sylvia, de Sylvia´s Blog
2) Junior, de La caverna de las ideas
3) Alex, de De camino a la libertad
4) Laurana, de Simplemente Ale...
5) Leslie, de Diario de una arpía
6) Julia, de Sugiero palabras

Sí, seis, para romper las reglas...



Lunes, 05 de mayo de 2008
Quinta novela de Haruki Murakami que llega a mis manos. De nuevo en la historia se juntan la pasión, la sensualidad, la muerte y la división entre la realidad y lo onírico. A veces reflexiva, a veces sumergida en mundo de sueño, Murakami nos habla de amores imposibles, el de Sumire por Muy, el del narrador por Sumire, con esa melancolía que le es propia al escritor japonés.

Hay lugares comunes que uno espera encontrar cuando empieza una novela de Murakami, el jazz y la música clasica, los pozos, las desapariciones misteriosas, los sueños simbólicos, los seres solitarios y perdidos, la mezcla entre sueño y realidad, una suave tristeza, unos diálogos lánguidos, un mundo azul.

Creo que Sputnik, mi amor está un pequeño escalón por debajo de Tokio Blues y Al sur de la frontera, al oeste del sol, a estos dos los veo redondos, sin aristas, sin altibajos como tiene en más de una ocasión este Sputnik. Un buen libro, recomendable, con párrafos prodigiosos.





Hace tiempo, cuando se estrenó Grupo salvaje, de Sam Peckinpah, en la rueda de prensa una periodista alzó la mano y preguntó en tono inquisitivo: “¿Qué necesidad creen que hay de mostrar tanta sangre?”. Ernest Borgnine, uno de los actores, respondió con aire perplejo: “Pero, señora, cuando te disparan, sangras”. La película se filmó en plena época de la guerra del Vietnam.
Me gusta esta frase. Posiblemente sea uno de los principios básicos de la realidad. Aceptar las cosas difíciles de desentrañar como cosas difíciles de desentrañar, aceptar el hecho de sangrar. Disparar y sangrar.
Es que, cuando te disparan, sangras.
Haruki Murakami
Sputnik, mi amor (traducción de Lourdes Porta y Junichi Matsuura. Tusquets editores)



Tags: Sputnik mi amor, Haruki Murakami, Lourdes Porta, Junichi Matsuura, Tusquets

Publicado por elchicoanalogo @ 18:12  | Libros...
Comentarios (2)  | Enviar
Domingo, 04 de mayo de 2008

Fue en Antártida, mi anterior blog, que borré porque había una sección llamada Diario de Tucumán que me dolía. Y porque mi vida, a finales de enero, cambió de una manera tan brusca, tan definitiva, que sentí que no podía ver aquello que la definía hasta ese momento.

En ese blog de Antártida, antes del naufragio, recibí un comentario de parte de una “internauta” por entonces desconocida. Sylvia. Unas buenas palabras y el enlace de mi página en la suya. Era la primera vez que me pasaba algo parecido (la única). Alguien que llega hasta el blog y decide recomendarlo…

Es hora de hacer el camino inverso. Hoy quiero recomendar el sitio de Sylvia a la gente que pasa por esta etapa mía después del naufragio ya sea de manera habitual o por un par de minutos, un lugar cálido donde sentirse cómodo, lleno de referencias cinematográficas y literarias, la mayoría afines a mí, y palabras, muchas palabras como reconstituyentes. Como decían en Doctor en Alaska, un lugar donde estar.

 

Sylvia´s blog


 

You Have Cured a Million Ghosts from Roaming In My Head (Aarktica)


Tags: Sylvia´s Blog, Aarktica

En Roll the bones, Rush continuaba la senda iniciada con su anterior Presto, temas cortos y directos y sin la complejidad de discos como Hemispheres ni la mezcla entre el hard rok y el rock progresivo de sus primeros discos. En Roll the bones hay melodía y sencillez.

Bravado es mi cación favorita del disco, es emotiva y contiene una de las mejores letras de Peart. En directo, Lee, Lifeson y Peart alargan el tema con una coda instrumental para crear algo más.


Bravado (Rush)



If we burn our wings
Flying too close to the sun
If the moment of glory
Is over before it's begun
If the dream is won -
Though everything is lost
We will pay the price,
But we will not count the cost

When the dust has cleared
And victory denied
A summit too lofty
River a little too wide
If we keep our pride -
Though paradise is lost
We will pay the price,
But we will not count the cost

And if the music stops
There's only the sound of the rain
All the hope and glory
All the sacrifice in vain
(And) if love remains
Though everything is lost
We will pay the price,
But we will not count the cost


Traducción tomada de la página en español de Rush



Si quemamos nuestras alas
por volar demasiado cerca del sol
si el momento de gloria
acaba antes de empezar
si el sueño es vencido -
aunque todo se pierda
pagaremos el precio,
pero no tendremos en cuenta el coste
 
Cuando el polvo se aclara
una victoria negada
un sometimiento demasiado alto
el río un poco demasiado ancho
si mantenemos nuestro orgullo -
aunque se haya perdido el paraíso
pagaremos el precio,
pero no tendremos en cuenta el coste
 
Y si la música se para
sólo se oye la lluvia
toda la esperanza y la gloria
todos los sacrificios en vano
(y) si queda el amor
aunque todo se haya perdido
pagaremos el precio,
pero no tendremos en cuenta el coste


Tags: Bravado, Roll the bones, Rush

Publicado por elchicoanalogo @ 10:04  | Canciones
Comentarios (8)  | Enviar
S?bado, 03 de mayo de 2008

Intento no repetir paseo ni cafetería. Si comprara un mapa de Bilbao dibujaría los diferentes trayectos que he seguido, vería cómo algunos se entrecruzan y otros se alejan. Curvas, elipses, paradas abruptas, vueltas atrás. Es difícil perderse por una ciudad semi conocida. Siempre llegas a un punto familiar donde todo adquiere sentido y te sientes orientado. Una librería en una esquina, un edificio extraño, el cruce de dos calles. Creo que lo importante es sentirse como cuando caminas por una playa y no puedes distinguir tus pisadas de las del resto de personas. Paseos que sean tan leves como pisadas en la arena. O pisadas en la lluvia. Que duren una eternidad, como las fotografías.

Esta vez necesitaba perderme entre la gente, no entre los edificios. Una sensación extraña, mezcla de desamparo y búsqueda de protección, de ser invisible en mitad de una multitud para observarla. El paseo junto a la ría tiene un destino claro, inapelable, casi único. El museo Guggenheim. La gente va o viene de allí, apenas hay paseantes en la ribera contrario, una ribera con árboles acogedores, perfectos para pasear bajo la lluvia, y un puñado de edificios singulares, atractivos. Me siento cómodo siendo una especie de fantasma. No un fantasma como el que fui hace cuatro años, un fantasma del pasado, la mirada de un puñado de hombres y mujeres gallegos que me miraban y no sabían ubicarme. Sólo Claudina salió de su casa con un confortable “hola, Fernando, cuánto tiempo”. No. En esta ocasión me sentía un fantasma invisible, testigo de todo pero incapaz de asir lo que tenía delante de su mirada. Como una leve ráfaga de viento. Sentido pero no visto.

En el mp3 sonó Prime Mover, de Rush. En una estrofa dice, the point of the journey is not to arrive. Anything can happen...  Y se me va la cabeza a los viajes, al camino, a ese viejo sueño de lector loco de llegar a una estación y comprar un billete para el próximo tren sin saber su destino. Así podría perderme por una ciudad desconocida, aunque fuera sucia, desastrada. Cualquier opción en el cruce de una calle sería todo un mundo por descubrir. La mirada siempre atenta a cada novedad. Sentirme realmente perdido.

La ría, cuando el día está tranquilo, luminoso, parece un cristal verde, granulado, un lugar plácido, casi como aquel río que filmó Renoir en Un día en el campo o Boudou salvado por las aguas. Recuerdo cómo años atrás algunos mercantes lanzaban sus desechos negros a la ría. Ahora, a esta parte de Bilbao, sólo llegan algunos barcos de vela que atracan en el museo marítimo y le dan un aire a la ciudad de aventura, de historia de piratas y conquistas, de La isla del tesoro o El mundo en sus manos. A veces me siento en un banco para ver el reposado deambular de la ría, tan recto, decidido e inquebrantable. Un destino fijado. Un camino que se repite a cada instante. Ninguna duda.

He visto crecer al Guggenheim desde sus cimientos y no consigo sentirme apegado a él. Fue testigo de mi reencuentro con Carolina tras años sin saber el uno del otro. 2 de febrero de 2003. Una fecha que fue el epicentro de un terremoto que volteó mi vida, agrietó cimientos ilógicos, inútiles y me hizo avanzar hacia las personas y el mundo que tenía alrededor. Recuerdo que vimos una exposición sobre Rubens y su época y que hablamos de Tolkien, nuestra primera conversación de literatura. También pasé una tarde con los chicos de Gorabide, disminuidos psíquicos, que todo querían ver y todo les emocionaba. Y la mañana en que mi prima Aurora, Gabriela, la porteña (hay que diferenciar Gabrielas), y yo huimos de la cola un sábado por la mañana ante los precios abusivos. Tengo recuerdos en ese edificio pero es ajeno a mí.

En cambio. En cambio me gusta ver la mirada de los turistas. Estoy atento a cada expresión de sorpresa, a cada dedo que señala, a cada palabra de admiración o rechazo. Porque me descubren lugares en los que poso distraídamente mi mirada pero que no valoro como merecen por ser cotidianos, familiares. Es como el amor. Uno no sabe lo que tiene hasta que se lo señalan o lo pierde y descubre el gran vacío que ha dejado su ausencia. Por eso me dejo guiar por desconocidos. Y miro con su mirada primeriza. E intento disfrutar de las formas de sirena de un museo ajeno, de la gran escultura arácnida en uno de sus lados, de las casas de diseño o antiguas. Como soy de pueblo, de aldea gallega, también me fijo en los montes de alrededor y cómo la luz va cambiando en sus cimas, en el parque de juegos con pequeñas batallas en los columpios, en las charlas animadas de las terrazas, en las parejas que retozan y se miman en los parques…

La mirada de una mujer enamorada es insuperable. No hay nada más hermoso que encontrarse con una mirada así, te cobija, te recoge, te ilumina, te abarca por entero. En esos juegos del parque, entre las parejas de turistas, he visto muchas mujeres enamoradas. Su mirada sonriente, completa, plena, la felicidad por estar ante quien aman. La paz y el deseo. El amor. Dios, esas miradas de las mujeres enamoradas…

A cada paso escucho un clic a mi alrededor. Y siento que estoy fraccionado en miles de fotografías con cientos de destinos diferentes. La eternidad capturada en un microsegundo. Y yo, como un fantasma, al fondo, en una esquina, molestando en el momento preciso de apretar el botón. Intercambio sonrisas con desconocidos, como aquel hombre que paseaba a su hijo y estaba por tomarle una foto. El bebé cogía con fuerza el bolso de la madre y sonreía, triunfante. Era inevitable compartir esa inocencia, esa sonrisa.

Entro en cualquier cafetería. A veces me detengo de manera abrupta en una de ellas. Hoy lo hice en una cafetería sin paredes, sólo ventanales, cerca del museo. En mi mano un par de libros nuevos, Terry Pratchett y Lorenzo Silva. Alrededor, voces en alemán, francés e inglés. Esa cafetería también está atada a un recuerdo de Carolina. En ella me enseñó el libro de poemas escrito por un antiguo novio. Otra conversación de literatura. En otra cafetería me contó su idea para una novela. Ella sí puede escribir una novela, trabajar en una historia desde los cimientos y armar algo más hermoso que el museo Guggenheim. Yo no consigo salir de las capillas gallegas, el puente de Boel, el río Eo y los trigales. Y las luciérnagas del camino. Las cafeterías se están convirtiendo en un lugar de descanso de mis paseos, donde leo, dejo vagar mi mente por los pensamientos y sentimientos que por fin estoy desliando o escribo pequeños fragmentos que luego desecho. Sería curioso escribir un par de páginas en un cuaderno en cada cafetería que visite. La decoración, los camareros, los clientes. Hoy sólo me acompañaban una pareja de ancianos. Hablaba él. Con voz queda. Del concurso Pasa palabra. Ella asentía con cariño. A veces me miraba. Pensé en su complicidad.

Cada regreso a casa es un pequeño dolor por la vuelta a la rutina. Cada regreso a casa siento una tranquilidad redentora, sanadora. Estoy bien.


Tags: Bilbao

Publicado por elchicoanalogo @ 0:21  | Great White Way
Comentarios (0)  | Enviar