S?bado, 07 de junio de 2008

Una mañana de enero de 1979. Paul Auster se enteró de que su padre había muerto. Y empezó a escribir La invención de la soledad, un libro en el que ahonda en la memoria familiar -incluido un misterioso asesinato ocurrido sesenta años atrás, que tal vez explique el frío y distante carácter del padre muerto-, ajusta las cuentas con el pasado y reflexiona sobre las complejas relaciones entre padres e hijos y sobre la profunda soledad -¿orfandad?- del escritor.

 

Auster me ha sorprendido, y mucho. Después de unos cuantos libros donde sabía qué me iba a encontrar, casualidad, azar, Nueva York, un protagonista escritor), una historia contada a modo de cajas chinas (y acá hay eso), esta invención de la soledad me ha dejado boquiabierto, me ha hecho reflexionar, me ha dado más un documento de la vida interior que una historia. Porque aquí no hay una ficción, una historia con presentación, nudo y desenlace. No. Aquí es Auster que habla sobre su la muerte y la figura de padre en una primera parte y la “vida interior” en la segunda parte. En ambas están presentes la soledad y la habitación como recipiente de esa soledad o como esa soledad en sí.

En la primera parte Auster recibe la noticia de la muerte de su padre. Y se desencadena la necesidad de escribir sobre él, sobre lo que siente, intenta componer una imagen de la vida de su padre. Acercarse a él por la escritura, a un ser extraño que vivió influenciado por un asesinato familiar, un ser que apenas rasgaba la distancia con el otro y que pasó sus últimos años en una casa que se arruinaba cada día. Uno siente esa necesidad de Auster de hablar de su padre, la comparte, le acompaña en las anécdotas, en ese asesinato extraño que volteó su vida.

La segunda parte… siento que apenas he raspado la superficie, que necesitaré más de un par de lecturas para empezar a sentir que he entendido todo lo que Auster cuenta. Habla, de nuevo, sobre la soledad, en especial la del escritor, un hombre, una mesa, cuatro paredes y unas hojas, y cómo hecho de empezar a escribir rompe las líneas del tiempo, el pasado como presente; las diferentes habitaciones donde se encierran algunos artistas; la vida interior, a veces tan desconocida; el ejercicio de la memoria; paseos donde un paso da lugar a un pensamiento, y este pensamiento a docenas de ellos, formando un camino tan enrevesado como el paseo mismo. Leí esta parte del tirón, atraído por tantas ideas hermosas y peregrinas. Y sabiendo que volveré a este libro porque sólo he podido adentrarme unos centímetros.

 

Hoy, dando vueltas sin rumbo por la casa, deprimido y con la sensación de haber perdido el hilo de lo que quiero decir, me encontré con estas palabras en una carta de Van Gogh: “Como cualquier otra persona, siento la necesidad de una familia, de amigos, de afecto y de encuentros amistosos. No estoy hecho de hierro ni de piedra, como una boca de riego o un poste de luz”.

Tal vez sea eso lo que realmente cuenta: llegar a lo más profundo del sentimiento humano, a pesar de las evidencias.

Paul Auster

La invención de la soledad.


Tags: invención de la soledad, Paul Auster

Publicado por elchicoanalogo @ 14:25  | Libros...
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios