viernes, 13 de junio de 2008

Hayato, el rico samurai, adopta a Nagayuki, a quien educa según las antiguas enseñanzas y más tarde casa con su hija, Tomiko. Soplan nuevos vientos, y Hayato, cuyo honor prohíbe hablar de dinero, pierde todos sus bienes. Anclado en el mundo irreal del pasado, envía patéticamente a Nagayuki a América a hacer fortuna, armado tan sólo de su espada samurai y de costosos kimonos.

 

Aún me siento emocionado y afectado por esta extraña y diferente historia de amor, aún tengo un nudo en la garganta y cierto desasosiego y pesadumbre. Hacía tiempo que no lloraba con un libro, que no me ponía frenético, enrabietado, que no me quedaba mal cuerpo y una profunda tristeza tras la última página.

El título lleva a engaño. Parece que vamos a asistir a una especie de novela histórica, una historia de samuráis como las rodadas por Kurosawa, por ejemplo. Y no tiene nada que ver, aquí estamos ante una historia de amor, cerrazón de un hombre por el cambio que está sufriendo Japón y la destrucción de todo lo que tiene alrededor por su intransigencia.

Esta historia es de Tomiko, la hija de una legendaria casa de samuráis, enamorada de su hermano adoptivo, casada con él, un hombre férreamente educado para seguir el apellido familiar con dignidad y atento a las viejas costumbres. Pero Hayato, el padre, no ve cómo el mundo cambia a su alrededor, sigue anclado al pasado, a viejas costumbres que sólo causan el dolor en la familia. Envía a su hijo adoptivo a Japón con 5 cajas con kimonos y demás símbolos de su poder, innecesarios en el nuevo mundo. Y tiene que abrirse paso solo. Y volver con dólares y un traje occidental. Y traer el honor a la familia. Separa a los amantes. Y el mundo se derrumba a su alrededor.

Es muy triste y muy hermoso este libro de Matsubara, escrito de una forma espléndida, melancólica, habla de ese amor incondicional de Tomiko, de su deseo de reunirse con su marido y cómo la separación crece en el tiempo y en el espacio, de la intransigencia de un padre anclado en otra época, de la nula adaptación a los cambios.

El mejor libro que he leído este año. Es conmovedor.

 

De vez en cuando, también los padres iban a la fuente. Entonces, Tomiko se acercaba a la madre y Nagayuki al padre. Se sentaban en silencio en el agua humeante y sólo se movían para secarse el sudor de la frente. Pero, una vez, estando solos y sentados uno al lado del otro en el borde del estanque acolchado de musgo, Nagayuki rozó con la mano la raíz del pelo de Tomiko, detrás de la oreja, y la bajó despacio al tiempo que apretaba de lado su cuerpo contra el de ella.

Tomiko recordaba aún, como si hubiera ocurrido hacía pocos días, que un cálido temblor le había recorrido el cuerpo y que, no obstante, se había quedado muy quieta, como para no perder ni una pizca de la sensación que se había apoderado de ella.

Cuando Nagayuki le tocó los pechos, ella se dejó caer hacia atrás y se entregó totalmente a la tierna, aunque torpe, caricia del joven. Nagayuki siempre conservaría esta ternura titubeante y algo torpe al acariciarla, incluso más tarde, ya una vez casados, y más tarde aún, cuando, además, empezó a acariciarle el cuerpo con los labios.

Hisako Matsubara

Samurai


Tags: Samurai, Hisako Matsubara

Publicado por elchicoanalogo @ 22:10  | Libros...
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Comentarios
Yo misma lo leído y al igual que usted, me dejé engañar por el título imaginano una novela histórica y vaya sorpresa me he llevado... Y esa novela tanto la amo como la repudio, como lo lee.

Difícil que algo me conmueva como lo hizo Samurai, altamente recomendable.
Publicado por Invitado
sábado, 24 de enero de 2009 | 18:00
Saludos,

A veces ocurre eso con una historia, sentimientos extremos. Sigue siendo una de mis historias de amor favoritas, escrita de una manera maravillosa.
Abrazos
Publicado por elchicoanalogo
sábado, 24 de enero de 2009 | 22:47