Martes, 24 de junio de 2008

La Piedra Lunar es un fabuloso diamante ambarino incrustado en la frente de un dios hindú de cuatro manos. Además de una inmensa belleza y de un incalculable valor, posee un maleficio. Pero en esto último no creyó el coronel inglés que lo robó, cargando así con la desgracia para él y para todos sus futuros dueños. Tampoco contó con los tres brahmanes que seguirán su rastro de por vida para recuperarlo...

 

La piedra lunar es mi primer libro de Wilkie Collins. Y a estas alturas aún consigo sentirme conmocionado con nuevas lecturas. En este libro se cruza el misterio, el drama, la aventura colonial, un gratificante humor inglés y un escritor que domina su oficio. Me gusta la idea de que la historia la cuenten y avance gracias a diferentes personajes, que cada parte tenga una voz propia y que el misterio vaya aumentando, haciendo que no puedas parar de leer.

Varios personajes son memorables: el criado Betteredge y su afición por Robinsón Crusoe (que le hace creer que el libro tiene propiedades adivinatorias), el extraño y solitario Ezra Jennings, la desgraciada Rosanna.

No pude evitar alterarme, como cuando era niño y disfrutaba de grandes películas de aventuras, en varias partes, la oferta de matrimonio de Godfrey, los desvaríos de la señorita Clack, la conducta de Rachel…

Aprovecharé que la editorial Belacqua ha empezado una biblioteca Wilkie Collins para ir haciéndome de a poco con los libros de este maravilloso escritor.

Y tengo que agradecer a Alex que haya hablado tanto de este autor.

 

No soy supersticioso; he leído, en mis tiempos, muchos libros y soy un erudito a mi manera. Pese a haber llegado ya a los setenta años, poseo una memoria activa y unas piernas que armonizan con ella. No deben ustedes considerar mis palabras como si provinieran de una persona ignorante, cuando les diga que, en mi opinión, otro libro como ése que se denomina Robinsón Crusoe no ha sido ni podrá ser escrito jamás. He recurrido a él año tras año—generalmente en compañía de mi pipa llena de tabaco—y he encontrado siempre en él al amigo que necesitaba en todos los momentos críticos de mi vida. Cuando me hallo de mal humor, Robinsón Crusoe. Cuando necesito algún consejo, Robinsón Crusoe. En el pasado, cuando mi mujer me importunaba, y en el presente, cuando he bebido algún trago de más, Robinsón Crusoe. He desgastado seis recios Robinsones, luego de haberlos obligado a trabajar duramente a mi servicio. En ocasión de su último cumpleaños, recibí de manos del ama el séptimo. A causa de ello bebí un sorbo de más, y Robinsón Crusoe me devolvió el equilibrio. Su precio, cuatro chelines y seis peniques, encuadernado en azul, con un retrato, por añadidura.

Wilkie Collins

La piedra lunar


Tags: La piedra lunar, Wilkie Collins

Publicado por elchicoanalogo @ 23:58  | Libros...
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