Jueves, 03 de julio de 2008

En sus obras se describe y plasma las formas de vida del Japón feudal, en una mezcla de la antigua literatura japonesa con las influencias de la narrativa europea de autores como France, Wilde, Symonds, Loti. Sus escritos neorrealistas reaccionan contra el naturalismo y el neorromanticismo. Fue ensayista, poeta, crítico y cuentista, con estilo y técnica brillantes.

El primer cuento que publicó fue Rashomon, en 1915. Fue combinado con un relato posterior, "En el bosque", para ser usados como argumento para el rodaje de la película Rashomon (1950), dirigida por el director de cine japonés Akira Kurosawa.

Escribió otros cuentos como La nariz, Kesa y Moritò, En el bosque, El biombo del infierno. Su última obra importante fue El engranaje (1927), una fábula sobre criaturas semejantes a duendes que reflejaba su depresión de aquella época.

Entre sus libros: Cuentos grotescos y curiosos, Los tres tesoros, Kappa, Rashomon, Cuentos breves japoneses. Tradujo al japonés obras de Browning. Antes de quitarse la vida Akutagawa escribió esta frase: «Una vaga inquietud».

 

Este libro de Akutagawa es excelente, una colección de relatos brillantes, algunos contados desde diferentes puntos de vista, como En el bosque. Akutagawa cambia de punto de vista en un interrogatorio para intentar descubrir la verdad de un asesinato en medio de un bosque. Aparecen testigos como el leñador, la pareja que es interceptada por Tojamaru, el bandido, el espíritu del asesinado… Al final, la sensación de no poder descubrir la verdad, de que es inasible, poco fiable incluso en los espíritus. El bosque también es un personaje más, un decorado donde se encierra la desgracia, aparentemente plácido, aparentemente tranquilo, pero que esconde el peligro y la muerte. 

El relato Rashomon también es sobresaliente, sobre todo por las descripciones de la puerta abandonada donde se tiran los cadáveres y es lugar de ladrones y asesinos. Me gusta el dilema del criado de samurai que se queda sin trabajo, si morir de hambre o convertirse en ladrón, cómo bascula entre ambos sentimientos dependiendo de lo que ve en esa puerta y las torres de Rashomon y cómo es una casualidad, un encuentro fortuito, el que hace que se decida su camino. Muy buena atmósfera. Estos dos cuentos sirvieron de base para que Kurosawa hiciera su famosa película Rashomon, la que abrió los ojos a occidente sobre el cine japonés.

Kesa y Moritò es increíble, de nuevo dos personajes, dos puntos de vista, uno que completa al otro, que es el reflejo del otro y la angustia y el deseo y la repugnancia de un amor que los protagonistas no saben si lo es y cómo se dejan arrastrar por un impulso superior a ellos. El deseo, la lujuria, la obsesión de Moritò por una mujer que no sabe si, al final, ama, cómo se deja arrastrar por el deseo, cómo se le nubla el entendimiento, como un eclipse, y propone matar al marido de Kesa. El monólogo de Kesa, que le da una vuelta de tuerca a lo contado por Morito, me dolió cuando ella se da cuenta del desprecio y fealdad con que la ve Morito, me dolió y afectó, me dejó hecho mierda (me dejo llevar por la literatura con mucha facilidad), me dejó pensando cómo dos seres que no se aman se dejan vencer por algo superior a la lujuria. Tremendo. Kesa y Moritò, uno de mis favoritos, junto a La nariz, Un pedazo de tierra, El jardín, En el bosque y Rashomon.

Hay un relato de Rashomon, El saludo, que me pareció precioso, y me recordó que me pasó algo parecido en mi época de estudiante. Tomaba el tren de las 14.20, siempre, el andén atestado de estudiantes y trabajadores. Después de un tiempo conocía a todos por la cara. Había una mujer madura, los labios más carnosos y voluptuosos que recuerdo, una curva tras otra en esos labios. Era pelirroja, cambiaba de peinado cada poco tiempo hasta que, al final, se lo dejó corto, muy corto. Fue uno de esos amores platónicos tan extraños. Viajábamos juntos, siempre en el primer vagón. Una vez me pidió fuego. Confundió el bulto en mi bolsillo de mi ventolín para el asma con un mechero. Le dije que no fumaba, una pequeña conversación. Escuché su voz, baja, tranquila. Este relato de Akutagawa me recordó a esta mujer del andén de hace más de 10 años. Es lindo cuando una historia te hace dar marcha atrás y volver a sentir el aroma agradable y reconfortante de un recuerdo.

Me ha gustado Akutagawa, su forma de expresar cómo a veces no podemos controlar nuestros sentimientos, que no podamos vencer algunos de nuestros impulsos, por muy destructivos que sean, también su forma de narrar el paisaje, de hacerlo un protagonista más.

 

Me incorporé extenuado al pie del cedro. Delante de mí refulgía el espadín que había dejado caer mi mujer. Recogiéndolo me herí el pecho. Un coágulo de sangre me subió a la boca, pero no sentí el más mínimo dolor. Al enfriarse mi pecho todo se cubrió del silencio de los muertos en sus tumbas. ¡Qué profundo silencio! No se oyó trinar un pájaro sobre esta tumba perdida en la cima de una montaña. Sólo una triste luz flotaba sobre los cedros y la montaña. Paulatinamente la luz disminuyó hasta que los cedros y el bambú se desvanecieron. Echado en aquel sitio, me dejé envolver por el silencio. Entonces vi que alguien se arrastraba hacia mí. Intenté ver quién era. Pero me rodeaba la oscuridad. Alguien... y ese alguien sacó suavemente con mano invisible el espadín que me había enterrado en el pecho. Al mismo tiempo la sangre se me agolpó en la boca. Y de una vez por todas me hundí en la oscuridad del espacio.

Ryunosuke Akutagawa

En el bosque (fragmento)


Tags: Rashomon y otros cuentos, Ryunosuke Akutagawa

Publicado por elchicoanalogo @ 15:39  | Libros...
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Comentarios
DemonioSonrisa GiganteMuchas risasq x q r i amu?eco de nieveArdiendoFlashHelado
Publicado por fdsf
Viernes, 26 de junio de 2009 | 16:33
m la pideron en un taller de narraci?n, gracias por la info de su obraGui?o
Publicado por Invitado
S?bado, 18 de julio de 2009 | 22:56
Gracias a ti por pasarte.
Publicado por elchicoanalogo
S?bado, 18 de julio de 2009 | 23:52