miércoles, 16 de julio de 2008

En plena II Guerra Mundial, la pequeña Liesel hallará su salvación en la lectura.

Una novela preciosa, tremendamente humana y emocionante, que describe las peripecias de una niña alemana de nueve años desde que es dada en adopción por su madre hasta el final de la guerra. Su nueva familia, gente sencilla y nada afecta al nazismo, le enseña a leer y a través de los libros Rudy logra distraerse durante los bombardeos y combatir la tristeza. Pero es el libro que ella misma está escribiendo el que finalmente le salvará la vida.

 

SamiSu,

 

Acabo de terminar La ladrona de libros. Las últimas doscientas páginas me han emocionado, mucho, me han dejado un nudo en el estómago. Y me gusta eso, cómo me dejo llevar por las emociones de un libro, estar sentado horas y que parezcan minutos, sentir que una historia se enreda dentro de uno hasta que arraiga y crece y permanece. Al inicio no me convencía este libro, a páginas emotivas le sucedían otras rutinarias o excesivamente edulcoradas y “tramposas” para mi gusto. No sabía qué pensar sobre él, salvo que tal vez no era el momento apropiado para leerlo. Luego, no sé cómo, la historia prendió dentro de mí. El amor por los libros, tal vez fue eso lo que prendió. Y que a pesar del horror y la miseria externos hay siempre un refugio, las palabras, donde descansar. Valoro, mucho, que me cuenten una historia de la Alemania en la segunda guerra mundial como ésta. Que me hablen de la vida cotidiana, de los pro nazis y la gente que, simplemente, se dedicaba a sobrevivir en una época aciaga. Es como aquella de Justicia de un hombre solo, de Yoshimura, la vida en el bando de los perdedores. No la ideología. No. La vida de las personas que padecen una guerra. Cómo se adaptan a un tiempo tan extraño como una guerra. Los detalles de unos días locos, destructivos. De esta historia recordaré el paseo de Liesel por los libros de la biblioteca donde “robaba”, las carreras de Rudy, imitando a Jesse Owens, el miedo de Max, el judío, su libro con dibujos y relatos escrito sobre las hojas blanqueadas del mein kampf, lo mejor que se podía hacer con semejante libro, reconvertirlo en algo hermoso, diferente, reconfortante, los ojos plateados de Hans, sus cigarrillos, la voz torpe que leía de madrugada, el acordeón, su pierna quebrada, los improperios de Rosa, la lectura de Liesel en un sótano mientas bombardeaban la vida. Es extraño esto de las guerras y el odio, por eso he leído tanto sobre esa época, intento comprender por qué habita esta parte monstruosa dentro de nosotros. La guerra en mitad del paraíso, que se decía en el inicio de la película La delgada línea roja. No sé, es curioso, hay libros que me llevan a otras personas. Gabriela es Rayuela, Clara, Grandes esperanzas, Auro, Seda. Tú eres La ladrona de libros.

 

Poco a poco, la estancia empezó a encogerse hasta que la ladrona de libros pudo tocar las estanterías, a unos pocos pasos de ella. Pasó la palma de la mano por la primera, atenta al rumor de las yemas de los dedos deslizándose sobre la columna vertebral de los libros. Sonaba como un instrumento o como las notas de unos pies a la carrera. Utilizó ambas manos. Recorrieron una estantería tras otra. Y rió. La voz resonó en su garganta, y cuando al fin se detuvo en medio de la habitación, pasó varios minutos dirigiendo la mirada de las estanterías a sus dedos y de estos a las estanterías.

¿Cuántos libros había tocado?

¿Cuántos había sentido?

Markus Zusak

La ladrona de libros


Tags: La ladrona de libros, Markus Zusak

Publicado por elchicoanalogo @ 11:49  | Libros...
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