Martes, 09 de septiembre de 2008

Ultimo Parri tiene cinco años la primera vez que ve un automóvil, diecinueve cuando combate en la batalla de Caporetto (uno de los episodios más sangrientos de la Primera Guerra Mundial), y veinticinco cuando conoce al gran amor de su vida (Elizaveta, una joven aristócrata rusa venida a menos tras la revolución bolchevique y con la que malvivirá vendiendo pianos). No será hasta años más tarde, sin embargo, que Ultimo logrará llevar a cabo su sueño. Esta historia es la historia de su vida.


 

“Esta historia” es emoción, no hay otra palabra para clasificar el libro de Baricco. Emoción, languidez, tristeza, suavidad y curvas. Más allá de lo que cuenta (que es hermoso), lo hace con tal grado de emotividad, de melancolía que te hace estremecer, te lleva página a página con un nudo en la garganta, un nudo como una de las curvas de la pista que sueña hacer Ultimo. Baricco posee una imaginación portentosa, parece que te esté susurrando un cuento con imágenes poéticas y oníricas: la carretera que imagina Ultimo, la guerra, su amor con Elizaveta, una noche de ensueño con la dueña de una fonda… Todo es mágico, todo es melancolía en Esta historia. Es de los libros que se posan en el alma.

Esta vez no un dejo un fragmento, dejo varios que quiero recuperar…


 

Pensó en la pureza, indiscutible, del camino al revés. Y por primera vez, aunque de una manera confusa, intuyó que todo movimiento tiende a la inmovilidad y que sólo es hermoso el caminar que lleva hasta uno mismo.

( … )

No hay heroísmo en las penas que uno mismo se inflige; ni siquiera son penas, en verdad, sino inescrutables placeres.

( … )

¿Por qué siempre estás triste?, le pregunté.

No estoy triste.

Sí que lo estás.

No se trata de eso, me dijo. Me dijo que en su opinión la gente vive años y años, pero que en realidad es sólo en una pequeña parte de esos años cuando vive de verdad, y esto es en los años en que consigue hacer aquello para lo que nació. Entonces, en ese momento, es feliz, el resto del tiempo es tiempo que se pasa esperando o recordando. Cuando esperas o recuerdas, me dijo, no estás ni triste ni feliz. Pareces triste, pero se trata únicamente de que estás esperando o recordando. No está triste la gente que espera, ni tampoco la que recuerda. Simplemente, está lejos.

Yo estoy esperando, me dijo.

¿Qué?

Estoy esperando hacer aquello para lo que nací.

( … )

Esta misteriosa circunstancia de que las cosas de nuestro pasado sigan existiendo incluso cuando salen del radio de acción de nuestras vidas y que, es más, maduran, trayendo frutos nuevos en cada estación, para una recolección de la que nosotros ya no sabemos nada más. La persistencia ilógica de la vida.

( … )

—¿Sabe cómo se puede ver si alguien te ama? Te ama de verdad, quiero decir.

—Nunca he pensado en ello.

—Yo sí.

—¿Y ha encontrado una respuesta?

—Creo que es algo que tiene que ver con la espera. Si es capaz de esperarte, te ama.

—Bueno, pues entonces no tengo problema. Mi marido me eligió cuando yo era una niña de diez años. En aquella época era lo que se estilaba. Me vio, me habló una vez, él era un señor de treinta años. Fue a ver a mi padre y le pidió mi mano. Y luego se puso a esperar. Esperó durante doce años, no, más, trece, catorce, ni siquiera me acuerdo bien. Pero, en fin, durante un montón de tiempo desaparecí en la nada, y cuando regresé, él estaba ahí, esperándome.

( … )

Se dio la vuelta hacia la muchacha y vio que estaba llorando, silenciosamente.

—¿Qué hace, señorita? —preguntó.

La muchacha se pasó el dorso de la mano por los ojos. Lloraba en silencio, pero los hombros le iban arriba y abajo debido a los sollozos.

—Todo es una mierda —dijo.

El hombre miró un poco a su alrededor, luego volvió a contemplar a la muchacha.

—No debe decir eso.

—Todo es una mierda —repitió ella.

—No es verdad.

—Sí que es verdad.

Todo es una mierda, dijo una vez más.

( … )

A Strauss, el detective, se le escapó un gritito. Hacía ya tiempo que había perdido contacto con determinados sueños suyos de juventud y a esas alturas no podía creer que vivir fuera algo distinto a un decoroso ir limitando los daños. El tono de la millonaria rusa resucitó algo en su interior, algo para lo que ni siquiera tenía ya nombre. Probablemente, aquella noche se emborracharía y le diría a la señora MacGovern que tenía un culo como para volverlo a uno loco.

Alessandro Baricco

Esta historia


Tags: Esta Historia, Alessandro Baricco

Publicado por elchicoanalogo @ 18:10  | Libros...
Comentarios (2)  | Enviar
Comentarios
Que sepas que lo pienso leer... los fragmentos ya me han emocionado...
Publicado por Yolanda
Viernes, 25 de septiembre de 2009 | 0:03
Es muy po?tico, Yolanda, muy hermoso. Seguro que lo disfrutas. Abrazos literarios y lectores
Publicado por elchicoanalogo
Viernes, 25 de septiembre de 2009 | 10:11