Jueves, 04 de septiembre de 2008

Hoy he recibido un sobre desde Talahassee, desde mi amiga Carolina. Dentro del sobre, una nueva postal que incrementa mi colección de postales iniciada de manera inesperada. Acompañando a la postal, un mapa plastificado de Estados Unidos. Me quedé con el mapa en la mano. Lo miré. Me sentí atraído por las fronteras de los estados, por los diferentes colores, por esos nombres tan cinematográficos. Recuerdo que cuando empecé a recibir las postales de Carolina desde diferentes lugares de Estados Unidos, le comenté que me gustaría tener un mapa para poder seguir sus pasos en él con pequeñas chinchetas.  Luego, las uniría con una línea. Así, al cabo de un par de años, seguro que ese mapa estaría agujereado y pintado, un camino en dos dimensiones que simbolizaría uno mayor. También escribí un pequeño relato desmembrado sobre un hombre que recibe postales de un amor temporal y se dedica a seguir sus pasos en el aire.
Ya tengo el mapa. Lo pondré en las paredes de mi habitación, junto al de La Argentina y el de la Europa de hace 500 años. Lugares geográficos que se condensan en una habitación. Caminos en el aire, una línea de bolígrafo que une dos ciudades y lo que hay en medio, los campos, atardeceres tras las curvas, lo desconocido, la huída o la llegada, los nuevos conocimientos, el tiempo que se mide de otra manera, según se mire al pasado, de donde se sale, o al futuro, a donde se llega, el desprenderse de uno mismo, de lo que es en su rutina y poder atisbar lo que se lleva dentro.

Si pudiera me perdería en el camino…

 


Publicado por elchicoanalogo @ 17:54  | Great White Way
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