lunes, 22 de septiembre de 2008
La idea es escribir. Escribir hasta que todo esto pase, hasta que haya un punto de equilibrio, un sentido de la proporción, una base donde apoyarse para salir de todas estas emociones que a cada segundo me definen. Escribir como terapia sin lógica ni destino, escribir mientras soy un despropósito o parece que hay un atisbo de calma. Escribir para ser. Para que todo esto salga volando como las mujeres de Girondo.
Hay una parte de solitario intransigente en mí. Me encierro, busco refugio en mi habitación, leo sin parar, doy un paso atrás y me desvanezco. Puedo pasar días así. En mi depresión, hace más de 10 años, recuerdo que no fueron días, sino dos años. Dos años donde me quedé entre cuatro paredes, en cientos de páginas de libros, la única compañía que admitía. Fui abandonando a mis amigos. La desidia, la falta de fuerzas, el sentirse un monstruo hacía que no quisiera que nadie me viera. Y lo conseguí. Y aún quedan retazos de eso en mí. Ahora me gustaría chasquear los dedos y desaparecer por una temporada. Intento combatir esa idea.
He recuperado los atardeceres en el balcón. Me detengo por unos minutos. Algo de música. Y me pierdo en ese atardecer. Es algo que me calma. Y me recuerda que la naturaleza de cada objeto depende de la luz que le refleja. Y la vida también. La vida es según la luz que le llega.
Tengo un sueño (im)posible. Cada uno abrazamos ideas desvariadas, sueños que creemos inalcanzables. Mi lista es corta y empieza por un viaje a La Antártida. Los otros sueños de esa lista son más difíciles de conseguir. Habrá un sexto viaje a La Argentina. Para ver a mi familia porteña y poder estar con ellos con tranquilidad, pasear por la ciudad de la furia, que diría Soda Stereo, descubrir una nueva ciudad. Y para bajar al sur, a la Patagonia. Por ahí…
Dicen que no es bueno alcanzar cada sueño y meta que uno se propone, que hay que frustrarse. Y que es bueno tener objetivos. Lo importante es el camino a ellos. Como aquello de no hay camino para la paz, la paz es el camino. Los sueños son el camino. Idear, planear, informarse. Conseguir un puñado de ellos. Creo que lo importante no es abandonar los sueños por muy extraños y complicados sean. No sé. Mi armario acabará con una buena colección de ropa de invierno. Aunque sea difícil que llegue a La Antártida…
Llevo días anotando mis libros en la página de anobii. Me emocionó volver a tener entre mis anos aquellos libros de mi infancia que me dieron este amor por la literatura. La isla del tesoro y Charcos en el camino y El zarapito plateado y Pipi medias largas. Y los libros de los cinco, aquellos de Alfred Hitchcock presente y sigue tu propia aventura, donde al final de cada página te daban varias opciones para continuar, si eras un valiente, la página23, si más vale cobarde y vivo que valiente y muerto, página 42. También sentí algo especial cuando acaricié mis primeros libros comprados. Valían 500 o 600pesetas (unos 2 euros de hoy en día). 2001, Fundación, El centinela… en aquella época me dio por la ciencia-ficción. Con la paga que tenía ahorraba durante semanas para uno de esos libros. Para ver y explorar otros mundos, otras realidades (otras luces). Creo que mi adolescencia la marcó el monolito de Kubrick y Clarke. Aquella imagen poderosa de los pre-hominidos que se acercaban con miedo al monolito y lo acariciaban y que millones de años después, ese gesto lo repetía un astronauta, me cautivó. Esta evolución. Kubrick decía que lo primero que hicimos con la inteligencia fue la violencia. Así lo mostraba en 2001. Lo primero que hace el pre-hominido es matar un animal. Lo segundo, matara otro de su especie para recuperar una charca.
En el mp3 se escucha. Y no amanece… en tu cara…
Hoy llegó el otoño. Me dice mi amigo Sergio que ya es horade que yo sea primavera. Y mi amiga Carolina me escribió hace poco… Yo creo que no te sueltas en vivo y en directo; que para ti escribir es mas fácil. Pero el vivo y el directo ganan eventualmente la partida. Espero que te dejes ser en la realidad también. Tiene razón. Acá puedo mostrar cosas que no me atrevo en directo, partes más íntimas. Y es que no veo la reacción del otro. Esta pantalla ejerce de muro separador y protector. Ser en la realidad… Esperaré una buena luz para que mi reflejo sea más claro y favorable.
Ya no hay cartas. De las personales. Reparto facturas de banco, de luz, gas, agua, teléfono. Y revistas de moda o deporte. Pocas cartas. Postales en verano y navidad. Y cuando tengo una carta en mi mano miro la letra. Y suele pertenecer a una persona mayor. Recuerdo a mi madre cuando escribía sus cartas en la mesa de la cocina. Lo hacía de noche, cuando estábamos cansados y no la molestábamos. Doblaba un folio y hablaba con sus hermanos. Esas charlas añejas las hemos perdido. Yo el primero. Hace tiempo escribía un par de cartas al mes. Hoy en día apenas llegan a dos al año.
Así habló Zaratustra fue un reto personal. Descubrí algunas páginas poéticas. Y que la vida, la eternidad, no es lineal, sino curva. Curvo es el sendero de la eternidad, el centro está en todas partes, que decía el bueno de Friedrich. Luego, cuando leí Kim, de Kipling, recordé sus palabras. En Kim el lama habla de la rueda de la vida. Curva. Y es eso. Uno nunca abandona el pasado, no pone distancia del todo con él. No es que repita la vida una y otra vez. Pero hay cierta constancia, cierto sentido cíclico en la vida. Desvarío.

Acabo con la canción que acaba de irrumpir en el mp3… I´m Just in Love, Paul Gilbert


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