¿Quién fue Joe Gould?
¿Un vagabundo de la bohemia neoyorquina de los años veinte o “el
historiador más brillante del siglo”, según sus propias palabras?
Joseph Mitchell traza con maestría el perfil de una de las figuras más
ambiguas que poblaron la gran metrópolis neoyorquina durante los años
de la gran depresión. Una vida apasionante y misteriosa cuyo secreto
Mitchell guardó celosamente durante los siete años posteriores a la
muerte de Gould.
Hermoso libro donde Joseph Mitchell, periodista de The New Yorker,
se ocupa de un extraño ser que vagabundeaba por Nueva York escribiendo
en unos cuadernos andrajosos “Historia oral”, el libro más largo de la
historia, donde recoge anécdotas e historias de la gente de la calle,
que iba dejando a sus amigos para que los guardaran y no se perdiera su
gran obra. Escrita con estilo periodístico, el libro está compuesto por
dos crónicas, una, “El profesor Gaviota”, en 1942, la otra, “El secreto
de Joe Gould”,
en 1964. Paseamos por las calles de Nueva York junto al excéntrico
personaje, le vemos entrar en cafeterías para escribir su gran libro, o
participar de los círculos artísticos de la ciudad, conocemos sus
peculiares puntos de vista y descubrimos qué fue de esos cuadernos tras
su muerte, la verdad sobre el gran libro de historia...
A Gould lo persigue el miedo a
morirse antes de concluir la primera versión de la Historia oral. El
trabajo ya es once veces más largo que la Biblia. Él estima que el
manuscrito consta de unos nueve millones de palabras. Bien podría ser
la obra inédita más voluminosa que existe. Gould
escribe en cuadernos de redacción de cinco centavos, como los que usan
los niños en la escuela, y entre la Historia oral y las notas que toma
ya ha llenado doscientos setenta, todos ellos raídos, pringosos y
manchados de café, grasa y cerveza. Valiéndose de una pluma cubre ambas
caras de cada hoja, sin margen alguno, con una caligrafía infame;
cientos de miles de palabras sólo son legibles para él. Nunca ha
logrado interesar a un editor en su obra. En uno u otro momento ha
depositado inmensas porciones en diversos despachos editoriales,
catorce en total. “La mitad me dijeron que era obscena y escandalosa y
que me la llevara lo antes posible”, cuenta. “Otros dijeron que no
podían leer mi letra”.
Joseph Mitchell
El secreto de Joe Gould
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