Viernes, 17 de octubre de 2008
Joseph Mitchell, periodista de The New Yorker, se ocupa de un extraño ser que vagabundea por Nueva York y que escribe en unos cuadernos andrajosos Historia oral, el libro más largo de la historia, donde recoge anécdotas e historias de la gente de la calle, y que deja a sus amigos para que lo guarden y conserven, una obra más larga que la Biblia, una historia excéntrica y bohemia.

Escrita con estilo periodístico, el libro está compuesto por dos crónicas, una, “El profesor Gaviota”, en 1942, la otra, “El secreto de Joe Gould”, en 1964. Paseamos por las calles de Nueva York, un personaje más dentro del libro de Mitchell, acompañamos al excéntrico personaje en su vida y sus ideas peregrinas, lo vemos entrar en cafeterías para escribir su gran libro o participar de los círculos artísticos de la ciudad, conocemos sus peculiares puntos de vista y descubrimos qué hay de verdad en el mito de Joe Gould.

El secreto de Joe Gould es un libro sencillo y estimable, un reportaje más que una novela, la mirada directa de Mitchell en su recreación de un personaje pintoresco, la mezcla de sombra, leyenda, realidad e invención en Gould, las aceras de Nueva York y los cambios a lo largo del tiempo, el misterio tras los cuadernos y la sensación de estar ante un personaje delirante, entrañable y genial.







A Gould lo persigue el miedo a morirse antes de concluir la primera versión de la Historia oral. El trabajo ya es once veces más largo que la Biblia. Él estima que el manuscrito consta de unos nueve millones de palabras. Bien podría ser la obra inédita más voluminosa que existe. Gould escribe en cuadernos de redacción de cinco centavos, como los que usan los niños en la escuela, y entre la Historia oral y las notas que toma ya ha llenado doscientos setenta, todos ellos raídos, pringosos y manchados de café, grasa y cerveza. Valiéndose de una pluma cubre ambas caras de cada hoja, sin margen alguno, con una caligrafía infame; cientos de miles de palabras sólo son legibles para él. Nunca ha logrado interesar a un editor en su obra. En uno u otro momento ha depositado inmensas porciones en diversos despachos editoriales, catorce en total. “La mitad me dijeron que era obscena y escandalosa y que me la llevara lo antes posible”, cuenta. “Otros dijeron que no podían leer mi letra”.
Joseph Mitchell
El secreto de Joe Gould

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Publicado por elchicoanalogo @ 19:38  | Libros...
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