Mi?rcoles, 08 de octubre de 2008

Hay un Murakami nostáligo que habla de la pérdida, ausencias, amores interrumpidos y muerte, su voz leve y sencilla. Hay un Murakami que mezcla la realidad con los sueños, que cruza dimensiones y las llena de presencias extrañas, que crea mundos posibles y los puebla de gatos, pozos, desapariciones, muros, su voz reflexiva y sorprendida. Kafka en la orilla me lleva a este segundo Murakami, a su Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, la realidad que se diluye y toma otras formas.

Un chico que abandona su casa para cumplir una maldición al estilo de las tragedias griegas, un hombre que puede hablar con los gatos, una desaforada historia de amor, una amistad donde se encuentra un refugio, espíritus de seres vivos, conciencias con forma de adolescente/cuervo, soldados pedidos en el tiempo, un fogonazo que parece alterar la percepción del espacio y del tiempo, creer que el destino es una tormenta de arena, dormir en una biblioteca (los libros tanto dentro y fuera de Kafka), sentirse ante un abismo y una realidad a punto de quebrarse.

En Kafka en la orilla hay un viaje iniciático, un misterio que une dos tiempos, una luz extraña, una biblioteca, el cruce de caminos y dimensiones, el destino y cómo asumirlo, hay momentos de pausa y de inquietud, de aventura y de soledad, hay momentos aburridos y otros pequeños y leves.





A veces, el destino se parece a una pequeña tempestad de arena que cambia de dirección sin cesar - me comenta el joven llamado Cuervo.

A veces, el destino se parece a una pequeña tempestad de arena que cambia de dirección sin cesar. Tú cambias de rumbo intentando evitarla. Y entonces la tormenta también cambia de dirección, siguiéndote a ti. Tú vuelves a cambiar de rumbo. Y la tormenta vuelve a cambiar de dirección, como antes. Y esto se repite una y otra vez. Como una danza macabra con la Muerte antes del amanecer. Y la razón es que la tormenta no es algo que venga de lejos y que no guarde relación contigo. Esta tormenta, en definitiva, eres tú. Es algo que se encuentra en tu interior. Lo único que puedes hacer es resignarte, meterte en ella de cabeza, taparte con fuerza los ojos y las orejas para que no se te llenen de arena e ir atravesándola paso a paso. Y en su interior no hay sol, ni luna, ni dirección, a veces ni siquiera existe el tiempo. Allí sólo hay una arena blanca y fina, como polvo de huesos, danzando en lo alto del cielo. Imagínate una tormenta como ésta.

Me imagino una tormenta como ésa. Un blanco remolino que apunta al cielo, irguiéndose vertical como una gruesa maroma. Mantengo los ojos y las orejas fuertemente tapados con ambas manos. Para que la fina arena no se me meta en el cuerpo. La tormenta se acerca deprisa. Desde lejos puedo sentir la fuerza del viento en la piel. Va a engullirme de un momento a otro. El chico llamado Cuervo posa con suavidad una mano sobre mi hombro. La tormenta de arena se desvanece. Pero yo continúo aún con los ojos cerrados.
—Tú, ahora, tendrás que ser el chico de quince años más fuerte del mundo. Sólo así lograrás sobrevivir. Y, para ello, deberás comprender por ti mismo lo que significa ser fuerte de verdad. ¿Entiendes?
Me limito a permanecer callado. Me gustaría hundirme poco a poco en el sueño sintiendo su mano sobre mi hombro. Un tenue aleteo llega a mis oídos.
—Tú, ahora, pronto te convertirás en el chico de quince años más fuerte del mundo —me repite al oído en voz baja el joven llamado Cuervo mientras me dispongo a dormir. Como si tatuara con tinta azul oscuro estas palabras en mi corazón.

Y tú en verdad la atravesarás, claro está. La violenta tormenta de arena. La tormenta de arena metafísica y simbólica. Pero por más metafísica y simbólica que sea, te rasgará cruelmente la carne como si de mil cuchillas se tratase. Muchas personas han derramado allí su sangre y tú, asimismo, derramarás allí la tuya. Sangre caliente y roja. Y esa sangre se verterá en tus manos. Tu sangre y, también, la sangre de los demás.
Y cuando la tormenta de arena haya pasado, tú no comprenderás cómo has logrado cruzarla con vida. ¡No! Ni siquiera estarás seguro de que la tormenta haya cesado de verdad. Pero una cosa sí quedará clara. Y es que la persona que surja de la tormenta no será la misma persona que penetró en ella. Y ahí estriba el significado de la tormenta de arena.

El día de mi decimoquinto cumpleaños me escapé de casa, me marché a una ciudad desconocida y empecé a vivir en un rincón de una pequeña biblioteca.

( ... )


-¿Sabes, Kafka Tamura? Lo que tú estás sintiendo ahora no es otra cosa que el conflicto central de la tragedia griega. No es la persona la que elige su destino, sino el destino el que elige a la persona. Ésta es la concepción del mundo en la que se fundamenta la tragedia griega. Y la tragedia, según la define Aristóteles, irónicamente, no surge de los defectos del protagonista, sino de sus virtudes. ¿Entiendes a qué me refiero? Son las cualidades, no los defectos, las que arrastran al hombre a la tragedia. Edipo rey, de Sófocles, es un ejemplo remarcable de ello. En el caso de Edipo, no son la indolencia y la estupidez las que originan la tragedia, sino su valentía y su honestidad. Y de ahí nace, inevitablemente, la ironía.
-Pero no se puede hacer nada.
-Depende -dice Óshima-. Hay casos en los que no puede hacerse nada. Pero, a pesar de ello, la ironía hace más profundo al hombre, lo obliga a crecer. Y se convierte en una puerta de acceso a una solución de una dimensión mayor. Y en ella puedes encontrar una esperanza universal. Ésta es la razón por la que hoy en día tanta gente sigue leyendo la, tragedia griega; por la que la tragedia se ha constituido en uno de los prototipos del arte. Y antes ya he comentado esto, pero, en la vida, todo es una metáfora. En realidad, nadie va matando a su padre ni acostándose con su madre. ¿No te parece? En resumen, nosotros aceptamos la ironía a través de un mecanismo que se llama metáfora. Y esto nos convierte, a nosotros, en hombres más sabios.
Haruki Murakami
Kafka en la orilla (traducción de Lourdes Porta. Tusquets)

Tags: Kafka en la orilla, Haruki Murakami, Lourdes Porta, Tusquets

Publicado por elchicoanalogo @ 15:26  | Libros...
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Comentarios

Acabo de encontrar en tu blog el mismo fragmento que quería postear esta noche y no deja de parecerme una maravilla lo cerca y lejos que estamos unos de otros.

Gracias por tu post. Un abrazo!

Bruma (bruma.blogomundo.com).

Publicado por Invitado
Mi?rcoles, 18 de agosto de 2010 | 23:08

Saludos Bruma. Murakami es uno de mis escritores favoritos, hay párrafos que tienen una carga emocional y simbólica que apabullan. Muy chulo tu blog, lo enlace. Abrazos

Publicado por elchicoanalogo
Jueves, 19 de agosto de 2010 | 16:33