Lunes, 13 de octubre de 2008
Clara dio un pequeño salto cuando descubrió London, de Edward Rutherfurd. Gritó emocionada y la librera sonrío, entre sorprendida y divertida. La mirada y la sonrisa de Clara estaban exultantes, se iluminaron de manera especial. Es una de las imágenes inolvidables de este fin de semana. Y entendí a Clara, hice más o menos lo mismo cuando tuve en mis manos, por primera vez, un libro de B. Traven, misterioso escritor del que apenas se sabe nada, aún más hermético que Sallinger, y con muchas leyendas a su alrededor. Acaricié El tesoro de Sierra Madre, la portada con una ilustración de Bogart, con cariño, con expectación. Las monedas de oro de Yahangir, del director hindú Satyajit Ray (trilogía de Apu) me produjo el mismo efecto. Son libros que no esperas tener en las manos y acariciarlos es ya todo un triunfo.
El punto de encuentro era Serrano esquina Goya. Al salir del metro, una multitud. La bandera española de la plaza de Colón, de un tamaño no ya enorme sino casi ilógico, sonaba con los golpes de viento. Me acerqué a ver el desfile de las fuerzas armadas. Por la zona, algunos soldados fumaban despreocupados. Había gente con camisetas y bufandas curiosas (esto es España, al que no le guste que se vaya, Los españoles primero… ). Uno entiende que las dictaduras quemen libros. Te dan la libertad de pensar.
Llegué temprano, como siempre. Y callejeé por la zona. Cuanto más me alejaba del desfile me encontraba menos gente, apenas algún vagabundo. El fin de semana había empezado con una larga charla con mi prima Elisa. Aún no consigo decir en voz alta el lío que hay montado en mi cabeza, lo ocurrido en verano. Pero fue una charla agradable, reparadora.
Clara llegó sonriendo, como siempre, y casi corriendo. Auro no podía venir por culpa de la gripe y tampoco estuvo Arturo, la primera vez que no apareció en una quedada. Sorteamos la multitud y nos dirigimos a Recoletos. Cada vez que paseo por Madrid me vienen recuerdos inconexos de mis vacaciones en la ciudad.
Nos paramos en cada caseta de la feria. Investigamos libro a libro. Había auténticas joyas, esos libros que parecen tienen vida propia de los años que tienen. En una de las casetas encontramos un librero apasionado de la generación del 98 y de los libros de historia, un tipo agradable y cercano. Me recordó al taxista de Barcelona que apagó el motor para seguir hablando con Mari Carmen y conmigo. Nos dijo que mucha gente se desprendía de los libros tras la muerte de un lector. Hay quien olvida que nuestros libros también hablan de nosotros y llevan parte de nuestras vidas.
Clara me ponía los libros en la mano, literalmente. Como El dios de las pequeñas cosas, precioso título o El Samurai, de Endo en cuya primera página hay anotado un nombre, Ángela, y una fecha, 10 de febrero de 1988. Y es que estos libros tienen una vida tras de sí, se empaparon de otras huellas. Dentro de alguno de ellos aún quedaban recuerdos en forma de marca páginas. Uno no puede evitar preguntarse por esas otras personas.
Y los libros nos traían recuerdos y a otras personas. Los libros de nuestra infancia o Donoso, por ejemplo, que era Andrea. Los libros son algo más que un objeto inanimado.
Estuvimos un par de horas en la feria, lo pasé en grande, me divertí, me relajé, pensé en otras cosas. Me hacía falta una mañana así, como la noche de charla con Elisa.
Hay personas que son especiales e inolvidables, este año he conocido a un puñado, que se unen a los que llevan conmigo desde hace 20 ó 5 años.




Me hice con: El dios de las pequeñas cosas (Arundhati Roy), Tránsito (Connie Willis), El invierno en Lisboa (Antonio Muñoz Molina), Un viejo que leía novelas de amor (Luis Sepúlveda), Prosa (Jorge Luis Borges), El tesoro de Sierra Madre (B.Traven), El obsceno pájaro de la noche (José Donoso), Viernes negro (David Goddis), El criminal (Jim Thompson) y Postales de invierno (Anne Beattie).

Y Clara me regaló: Las monedas de oro de Yahangir, de Satyajit Ray y El samurai, de Shusako Endo.


Tags: feria del libro, Madrid

Publicado por elchicoanalogo @ 12:37  | Libros...
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Comentarios
Muy buena cr?nica. Estos madrile?os tienen algo especial que engancha, de verdad. El pasado 31 de agosto, cuando me toc? de nuevo despedirme de ellos, desde ese momento ya los estaba echando de menos. De hecho, acab? cruzando Gran V?a con ellos para estar esos segundos m?s ah?.

Lo mismo digo de cuando viniste aqu?. No s? qu? ten?is, pero se queda uno con ganas de repetir.

Por cierto, el aumento de tu biblioteca, fant?stico. Como bien dices, siempre es bueno recopilar para cuando vengan tiempos de vacas flacas. Que no nos falte la lectura.

Se os echa de menos.

Abrazos.
Publicado por Jesus
Lunes, 13 de octubre de 2008 | 14:42
Oh...c?mo vas a disfrutar El dios de las peque?as cosas xD Saludos
Sylvia
Publicado por Invitado
Lunes, 13 de octubre de 2008 | 15:14
Junior, es que son, sois, especiales. Y son normales las ganas de repetir, volver?a este fin de semana?
Creo que ser? uno de mis ?ltimos aportes a la biblioteca por un tiempo. Pero el a?o que viene, m?s y mejor. Es lindo pasear entre tanto libro que, como t?, tienen su historia detr?s.
Sylvia, eso me dicen de El dios de las peque?as cosas. Creo que han sido 12 elecciones interesantes (muchas de ellas por el buen ojo de Clara).
Abrazos y cari?os a los dos

Fernando
Publicado por elchicoanalogo
Lunes, 13 de octubre de 2008 | 18:15
Te va a gustar el viejo Bol?var...
Publicado por Invitado
Martes, 14 de octubre de 2008 | 20:43
Le ten?a ganas a Sep?lveda. Ahora s?lo falta encontrarle un hueco.
Abrazos
Publicado por elchicoanalogo
Martes, 14 de octubre de 2008 | 23:02