Jueves, 16 de octubre de 2008
Cuando el joven egipcio Weni Imhotep desembarca en Manu, una isla legendaria en medio del Océano Atlántico, sólo es capaz de imaginar maravillas acerca de la civilización que la habita. No puede adivinar entonces las tribulaciones que tendrá que afrontar durante su accidentada estancia. Las circunstancias harán que finalmente, por gratitud y por amistad, se alíe con un singular grupo de ladrones. Al llegar, le embarga el entusiasmo por conocer la cultura nativa y disfrutar del esplendor y el bienestar que reinan en aquellas tierras, pero no tardará en vislumbrar su decadencia y en percatarse de que, como él mismo dice, "en todas partes crece la hierba de la controversia y medra la podredumbre". Incluso en la ATLÁNTIDA.
En su primera novela, José Angel Muriel recupera el género de aventuras sumergiéndose en el mundo misterioso que pudo ser la Atlántida. La obra la sitúa en el contexto histórico de los primeros faraones de Egipto y plantea qué habría ocurrido si hace cinco mil años la hubieran visitado habitualmente expediciones comerciales del país del Nilo. De este modo, sobre una base documentada, surgen descarados retazos de fantasía donde se mezclan la mítica Atlántida de la que nos habló Platón en sus célebres Diálogos, los conflictos que quebraron la armonía que le daba fama y las repercusiones directas de todo esto sobre Egipto y el resto del mundo.


Ladrones de Atlántida me ha gustado mucho, me ha sorprendido en más de una ocasión, lo he disfrutado. En un par de días pude conocer las andanzas de Weni y Kadham y Edda. Eso ya es un punto a favor, la rapidez con la que leí el libro. La historia engancha desde el inicio, un inicio que me recordó aquella frase de De Mille que aseguraba que lo mejor es empezar con una “explosión”. Es una buena manera de atrapar al lector con uno de los momentos cumbres de la historia, el robo de la joya. Uno ya quiere saber qué pasa, quiénes son los personajes y el por qué del robo.
He de decir que la forma me apabulló. Es un libro detallado, profundamente descriptivo y de vocabulario rico, en más de una ocasión tuve que ayudarme con un diccionario. Y ese gusto artesanal por la palabra, por el armazón, me cautiva. A veces la profusión de adjetivos puede ralentizar el ritmo de la lectura, aún así es todo un placer leer Ladrones...
La segunda parte es mi favorita. La llegada a la Tierra inhóspita, la sorpresa de los dinosaurios, la emoción de la cacería. Todo eso me hizo vibrar, me hizo sentir como la primera vez que vi King Kong y de repente, sin saberlo, me encuentro con una pelea entre el gigante gorila y un dinosaurio. Disfrute como un niño (¿volví a ser niño por unas horas?). Desde esa segunda parte el libro sube muchos enteros. Los personajes se reúnen y aparece Edda, (no pude evitar pensar en La mujer pirata, la película de Tourneur), intrépida, indómita. Me gustan ese tipo de mujeres, que su papel no sea el de “descanso del guerrero”.
Hay algo que resalto especialmente. Y es la idea de que Weni conozca a sus dioses.
Aún hoy me pregunto qué habrá sido de Kadham.

Tags: Ladrones de Atlántida, José Ángel Muriel

Publicado por elchicoanalogo @ 11:14  | Libros...
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