S?bado, 18 de octubre de 2008
Nietzsche habla del eterno retorno; Kypling, de la rueda de la vida, y Lem, de los espejos. Empecé el año con dos viajes, a Madrid y Valladolid. Y una película de los Coen entre esos dos viajes, No es país para viejos. Termino el año, de nuevo, con dos viajes, a Madrid y Valladolid. Y otra película de los Coen en medio de los viajes, Quemar después de leer. El tiempo se pliega sobre sí de manera juguetona. Creo que debería dar un descanso a Auster.
En Valladolid me esperan Mariola y un capón por cada error y cagada cometidos desde la última vez que estuve en tierras castellanas.
Mariola, al principio, fue las palabras de Blanca en una noche de fiesta. Sólo existía a través de Blanca, de las palabras, una especie de rescoldo en la oscuridad. Invisible, muda, distante. Una idea difusa, imperfecta, incompleta. Blanca decía que nos caeríamos bien, que ambos escribíamos, que teníamos que conocernos.
Y se hizo corpórea. Distante, sí, pero ya no muda o invisible. Leí su libro, La savia de la vida, escrito en el final de la adolescencia. Leí sus correos, sus palabras, ya no las de Blanca, y conocí a una persona coherente, acogedora y amigable.
El primer viaje a Valladolid, 2004. Acababa de terminar el invierno y yo nunca había sentido un frío tan cerrado y pesado (aún no he sentido un frío que iguale a aquel). Parecía que te rodeaba, que lo cargabas sobre tu cuerpo. El aliento de mi boca, la ropa invernal, las manos perennemente escondidas en los bolsillos en los primeros paseos por su ciudad. Me enseñó el hospital donde trabajaba, algunos de aquellos lugares que frecuentaba, los edificios históricos, los teatros, el comedor municipal. Hice una docena de fotos que luego velé con mi habitual torpeza. Pero guardo retazos de ese viaje. La cara de Mariola al hablarme de su difícil viaje a Galicia, de una paciente mayor que la buscaba. La exposición fotográfica que vimos. Cómo leyó la última página del libro que llevé. Creo que Auster.
Tardé 4 años en volver. En este segundo viaje llegué con ropa inadecuada, aquel frío que temía se había disipado de la ciudad. Mariola me llevó a la feria del libro, a cenar, a charlar y hacer fotos que esta vez sí conservé. Me dio capones casi desde que llegué. Por algunas cosas que decía. Por no comer. Por todo lo que había adelgazado en tan poco tiempo.
Mañana, el tercer viaje. Mariola es una amiga capaz de animarme en mi peor día y darme cierta tranquilidad. Y tiene un corazón mayor que su tierra castellana.
No sé si habrá más viajes en lo que queda del año, lo lógico sería que Valladolid fuera el último. Este año he completado algo más de 30.000 kilómetros. He descubierto nuevas ciudades, acentos y paisajes. He recuperado viejos destinos. He recorrido carreteras desconocidas. Me he cobijado en una docena de personas. Como un jinete fantasma.  


Tags: Ghost Rider, Rush, Valladolid

Publicado por elchicoanalogo @ 0:18  | Great White Way
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