De los cientos de muertes que me habitan, ésta de hoy es la que menos sangra. Es la muerte que viene con las tardes, cuando las sombras pálidas se alargan, y los contornos se derrumban, y se perfilan las montañas.
Entonces alguien pasa pregonando su mercancía bajo la ventana, a la que yo me asomo para ver las últimas farolas apagadas.
Por las cenizas de las calles cruzan sombras sin dejar huellas, hombres que pasan, que no vienen a mí ni en mí se quedan, a cuestas con su alma solitaria.
La luz del día huye hacia el oeste. El aire de la noche se adelanta, y nos llega un temor agrio y confuso, casi dolor, apenas esperanza.
Todo lo que me unía con la vida deja de ser unión, se hace distancia, se aleja más, al fin desaparece, y muerto soy,