Mi?rcoles, 22 de octubre de 2008
Miraba el paisaje, a los árboles solitarios en mitad de campos amarillentos y segados, las montañas del lejano horizonte, los campos de girasoles alicaídos. Tras una curva, a lo lejos, me sorprendió ver un carromato. Y una casa típica de los poblados del “salvaje oeste”. Al acercarme a la loma vi una bandera yanqui, la madera ennegrecida de un par de casas y un vallado sin caballos o vacas dentro, alguna lanza clavada en el suelo. Como si hubiera viajado en el tiempo y asistiera a las cenizas de una batalla entre indios y vaqueros. Es extraño ver un decorado así en mitad de Castilla.
Mi viaje a Valladolid fue acogedor, como lo es Mariola. Me esperaba en la estación de autobús, sentada, escuchando música en el mp3. Y despistada. Hasta que no me puse delante de ella no se percató de mi llegada. Me miró de arriba abajo, pensé que me iba a caer el primer capón, pero sólo una reprimenda por mi pelo y barba y los kilos perdidos.
Conozco el camino hasta el hostal. Siempre me alojo en el mismo lugar. Campo grande. Calle Santiago. Plaza mayor. Hostal París. En el camino, las estatuas de Rodin. Mucha gente. Y músicos callejeros que no cambian la caja de ritmos.
Andamos y charlamos. Alguna que otra broma, algún que otro capón. Hablamos de la crisis. En la calle, gente y más gente. Como en cada restaurante y bar donde entramos. Crisis? What crisis? Tardamos en encontrar un lugar donde cenar. Esta vez, paella de langostino y verduras. Como con la imagen del poblado americano, sentí que volvía atrás, al primer viaje a Valladolid, hace cuatro años. Mariola me habló de sus preocupaciones, de un agosto difícil. Resumimos esa charla con un “el amor es una mierda”. Y es que no hay nada más hermosos y doloroso que el amor.
Me gusta pasear por Valladolid los domingos por la mañana. Apenas me cruzo con otras miradas y puedo curiosear sin prisa. Me paré ante las estatuas de Rodin, en especial una doliente, las manos cubriendo la cara. Ese gesto de impotencia, de dolor, de no poder más me cautivó.
Encontré una librería, Oletum, con un hermoso mensaje en sus vitrinas: “¿Sabes guardar un secreto? Yo leo”. Estuve unos minutos delante del escaparate, mirando libros, futuras compras. Las librerías son magnéticas.
Las hojas otoñales cubrían las aceras. Amarillas, ajadas, arrugadas, crujían bajo mis pies. En mi paseo me encontré con unos puestos donde se vendían revistas y libros antiguos y, sobre todo, monedas y sellos de colección. Puestos modestos, un par de tablones, una manta y los objetos expuestos. Recuerdo que había un hombre mayor con una manta en el suelo y sólo tres libros a la venta. Curioseé por los puestos. Y compré un par de libros: las minas del rey Salomón y Las vírgenes suicidas.
En la plaza España, donde el mundo gira sólo de día, los sellos se cambiaron por cromos de fútbol. Los paseantes se acercaban con una lista escrita sobre un papel doblado e intercambiaban o compraban cromos de futbolistas. Recordé el patio de colegio. Lejano ya. Y en Dylan Thomas. La pelota que arrojé cuando jugaba en el parque aún no ha tocado el suelo.
Mariola me llevó a un argentino. Tangos en el hilo musical, tangos chulescos o dramáticos. Volví a comer milanesa, uno de mis platos preferidos. Volví a recordar que yo, un hombre inamovible, crucé un océano. Y que dentro de mí quedará una pequeña parte de los meses en Tucumán. Expresiones. Comidas típicas. Otra forma de entender la vida.
Fueron 22 horas necesarias y tranquilas. Ahora que tengo que cuidarme por mis problemas asmáticos, este viaje me ayudó a comprender que necesito un par de meses tranquilos y estables. Y me recordó que hay un puñado de personas entrañables que forman parte de mi vida. Ya hace cuatro años de desierto blanco, Mariola, Lisboa y los primeros correos…
Habrá más viajes a Valladolid. Más viajes a…

(...Happiness is the road)


Tags: Valladolid

Publicado por elchicoanalogo @ 11:06  | Great White Way
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Comentarios
S?lo t? sabes contar los viajes de una manera tan c?lida, cercana y po?tica. Me encanta. Al igual que las fotos. Y me ha gustado conocer a la autora de los capones, esa persona que tanto te cuida.

Abrazos varios.
Publicado por Jesus
Viernes, 24 de octubre de 2008 | 22:36
Ah? donde la ves, tan modosita e ilusionada por descubrir un mu?eco de Heidi, da unos capones de campeonato. Y s?, me cuida mucho, es una persona especial.
Abrazos, gaditano lindo
Publicado por elchicoanalogo
Viernes, 24 de octubre de 2008 | 23:27