Mientras tú existas,
mientras mi mirada te busque más allá de las colinas, mientras nada
me llene el corazón, si no es tu imagen, y haya una remota posibilidad de que estés viva
en algún sitio, iluminada por una luz cualquiera... Mientras
yo presienta que eres y te llamas así, con ese nombre tuyo tan pequeño,
seguiré como ahora, amada mía, transido de distancia, bajo ese amor que crece y no se muere,
bajo ese amor que sigue y nunca acaba. Ángel González en Áspero mundo (1956)