Viernes, 28 de noviembre de 2008
Dos matrimonios deben permanecer en una isla llamada Pago-Pago a causa de la sospecha de una epidemia de gripe en el barco en el que viajaban. Su estancia en la única pensión de la población coincide con la de Sadie Thompson, otra pasajera del barco. Se trata de una mujer que viaja sola y que, a juicio de los Davidson, un matrimonio de misioneros, incumple con la rectitud moral que ellos, con gran esfuerzo, enseñan a los nativos.


Relato breve, profundo e intenso. Obligados a pasar quince días en una pequeña isla, coinciden dos matrimonios (uno de misioneros, el otro, un doctor y su esposa) y una prostituta en una pensión, rodeados por la lluvia incansable, densa, un personaje más de esta historia. El misionero, de una moral autoritaria, inquebrantable, intenta salvar el alma de la prostituta. Las entrevistas entre los dos protagonistas están en off, apenas sabemos de ellas más que por ciertos comentarios. Por eso, el final, inesperado, sorprende y da una vuelta de tuerca a la historia.

Lluvia es un encuentro extraño, una confrontación y una lucha, cuáles son las normas morales por las que nos regimos, qué emociones existen realmente dentro de nosotros, los diferentes ritos y dioses a los que adoramos, los dos matrimonios y la prostituta que se buscan y tratan de imponer su voluntad al otro, la lluvia constante (una naturaleza que parece cercar a los personajes y sus emociones), una isla donde quitarse la máscara y mostrar quiénes somos realmente.





El doctor Macphail contempló la lluvia, que empezaba a ponerle nervioso. No era como la suave lluvia inglesa, cuyas gotas caen mansamente sobre la tierra, sino inmisericorde y, por alguna razón, terrible. Se percibía en ella la malignidad de los poderes primitivos de la naturaleza. No se limitaba a caer, sino que se derramaba. Era como un diluvio, y hacía resonar el tejado de chapa ondulada con una insistencia enloquecedora. Parecía dotada de una furia propia, y en ocasiones uno tenía la sensación de que debía gritar si no cesaba, y entonces, impotente de súbito, como si los huesos se le hubieran reblandecido de golpe, se sentía desdichado y perdido.
William Somerset Maugham
Lluvia (traducción de Jordi Fibla. Alba editorial)

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Publicado por elchicoanalogo @ 11:32  | Libros...
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