jueves, 27 de noviembre de 2008
Hace un par de días envié a mis amigos un correo con fotos. Mi primo Pablo quiso saber de ellos, que se los presentara. Y escribí lo siguiente…

Conocí a Iñaki en Tele7. Periodista deportivo. Algo que, sin él saberlo, me ayudó a descubrir a uno de mis escritores favoritos, Richard Ford (autor de El periodista deportivo, que le regalé por un cumpleaños y que os recomiendo leer). Me gusta Iñaki, un tipo tranquilo que le da importancia a lo que hay que dársela, que me calma y me ayuda en esos momentos de zozobra. Inteligente, escritor, subí varios textos suyos al blog (necesito más, margarito). Francófilo (no voy a decir aquello de se le da bien el francés). Creo que ama París sobre todas las ciudades. Y es un fumador empedernido. Trabaja en vasco press, sección económica. Hace un par de meses nos pusimos a andar por andar y nos hicimos una etapa del camino de Santiago. Desde Muskiz a Castro Urdiales. Pensábamos que sería un camino junto al mar pero a los 6 kilómetros se adentraba en el interior. Aún así, fue una buena caminata, y me gustó sentir cómo se movía el camino bajo mis pies.

Vanesa apareció gracias a Internet y la serie Doctor en Alaska. Chateábamos hasta medianoche, así que la empecé a llamar cenicienta. Cinéfila, conocedora de los acentos argentinos, de ciencias, muy lógica y, a la vez, emocional, creo que le gustaban las barrigas de los hombres, si no recuerdo mal. Una mujer entrañable, ahora apenas hablamos, algún correo de vez en cuando, pero sé que es feliz, y eso me hace sonreír. Merece la pena conocerla.

Rocío es peruana. Hace unos 5 años sentí un ataque agudo de soledad. Llegaba a casa de noche, después de pasarme la tarde en un plató de televisión. Cenaba solo en la cocina y ahí me agarraba el ataque. Así que probé eso de los salones de chat. Lo único que encontré fue la sensación de no conocer a nadie, de que todos llevaban puesta una máscara y de que había un cubano que quería ponerme mirando hacia cuenca (Ushuaia para ti, primo). Se salvó Rocío. Así que desde entonces nos escribimos. Tiene buen humor, dos sobrinos que son el día y la noche, el travieso Neljohn, la responsable Marilia (a los que regalé Tom Sawyer, cómo no), estudiaba derecho, si no confundo las cosas, y tiene carácter. Me llama español enamoradizo, pero lo del amor, ya sabes, lo he dejado en suspenso hasta que cicatrice todo, no quiero alimentar mi herida, sobre todo ahora que se está empequeñeciendo y la tengo controlada. Siempre es agradable encontrarme con uno de sus correos llenos de emoticonos. Me hace sonreír.

De Blanca, lo primero, la mirada. Inabarcable. Y sincera. Puedes saber qué siente en cada momento, es una mujer transparente, de las que sabes no te van a poder engañar porque cada cosa que siente la expresa con su mirada. Es habladora, y me gusta que sea así, no sé, tengo debilidad por las personas habladoras. Es inquieta e inteligente, siempre buscando cosas nuevas por descubrir y hacer. Ahora está pasando una buena racha, piso nuevo, un trabajo que le gusta… Me jode que alguien quiera resquebrajar su burbuja, ella está tranquila con su vida. Este año me ha ayudado con su presencia, su ánimo, sus palabras. Creo que sería una buena profesora de baile.

Carolina… sin palabras. Hace 5 años nos reencontramos. Fue el inicio de mi buena racha, de grandes momentos, de una amistad que ha ido creciendo con el paso del tiempo. Se quedó anclada seis meses en Muskiz. Y aprovechábamos para salir. Encontré a alguien con quien hablar de literatura, salir y charlar. Es una mujer muy inteligente, filóloga, como todos mis amigos del instituto, escribe cuentos preciosos y me dejó leer uno más largo, Lusenko, cuyo borrador aún tengo por ahí guardado. Me anima a escribir, siempre, me dice que para cuándo ese libro. Fue la primera persona a la que hablé de todo lo que pasé. La extraño. Vive en Tallahassee.

Mariola o malérrima, como quieres. Nunca un adjetivo ha casado tan mal con una persona. Es amiga de Blanca, gracias a ella nos cruzamos. Tierna, sensible, inteligente, algo cabezota (sí, qué pasa), con un humor desbocado, me hizo sonreír el día que Gabriela me dejó. Me da capones, y aún así no consigue que entre en razón. Se preocupa por mí. Y se ríe, cómo no hacerlo, de mis cagadas. Dice que soy capaz de velar una cámara digital. Y me llama salvaje o asilvestrado, pero cuando me presenté con una pinta salvaje y asilvestrada me riñó. Digamos que me di cuenta de que tenía razón y cambié mi aspecto. Es médico. De las que se preocupan. Y viajera. Y le gustan Les Luthiers y Faemino y Cansado (se sabe sus gags de memoria). E improvisa divertidos monólogos. Tiene uno espectacular que creo que lo llamará Las cagadas de Fernando. Es importante para mí.

Arantza… La última en llegar. En cierta forma. Nos conocimos en el instituto. Pasamos unos meses juntos en la universidad, en los pasillos y la cafetería, charlando y dejando pasar el tiempo. Luego desaparecí. Este año recuperé su presencia. Y vi retazos de la Arantza de entonces en ella. Dicharachera, necesita siempre nuevos conocimientos y piensa en mundos posibles. Está estudiando la lengua de signos (habla por los codos, como dice) e imparte clases de inglés. Tiene un novio, Paul, que parece un gran tipo. Debería contarte su primer encuentro, entrañable (así me lo pareció, Arantza, como para iniciar una novela… ). Me descubrió a Hikmet.

Diana es viajera, como Carolina. Ha vivido en Londres, Grecia, Greensboro, ahora está en Houston con su pareja, Carlos. De nuevo, otra mujer habladora. Y filóloga. No sabría decirte cuál sería la ganadora en un hipotético concurso. Cercana, amigable, con su sonrisa perenne, transmite tranquilidad y buen humor. Me gusta escuchar cómo es su vida allá, siempre me dan ganas de irme de viaje. Como Carolina, como Arantza, ha sido una especie de Guadiana que aparecía y desaparecía de mi vida (debería decir que era yo quien desaparecía). Es maternal, no conozco a nadie mejor entre mis amigas para ser madre. Cuando hablamos por teléfono se me va el tiempo de la cabeza. Cinéfila. Recuerdo que le regalé Tombuctú, de Auster, el autor “freijiano” por excelencia. Y me dijo que lloró. Es una historia triste. Diana me contagia su vitalidad. Siempre me pone de buen humor.

Sergio lleva conmigo casi 20 años. No me dejó ni cuando me convertí en ermitaño. Otro hablador. Y filólogo. Como se decía en el colegio, “los tengo repes”. Es la pura contradicción, filólogo y no le gusta leer (Sergio, lee, coño). Nos parecemos en una cosa, ambos somos como una montaña rusa, o arriba o abajo, no hay término medio, o todo lindo o todo es una mierda. Es un buen tipo, inteligente, divertido, incansable. Busca el amor de su vida, mientras tanto se detiene por el camino a picotear. Y hace bien. Le gustan las danzas vascas, sería un buen profesor de baile, es enérgico, también viajero, se va a Londres a final de año. Ha sido mi apoyo todos estos años. Después de Gabriela, la persona que más sabe de mí.

 Pues estos son mis amigos, primo.

Abrazos y cariños. Os quiero. Y gracias por todo.



Tags: amistad

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