lunes, 22 de diciembre de 2008
Hay días donde soy como esos cielos falsamente brillantes que sabes se encapotarán en cualquier momento y te privarán de la luz del sol, del azul gélido, de las estelas de los aviones. Sabes que, en unos segundos, aparecerá una luz amarillenta y sucia y todo el cielo quedará sobre nubarrones grises.
Así soy en contadas ocasiones, un hombre encapotado. Y equivoco las cosas y lo que realmente siento. Me auto engaño. Me fijo en detalles nimios de mi relación con Gabriela, en cosas sin importancia, para intentar cerrar la herida con otras pequeñas heridas falsas y grises, como si quisiera llegar a un punto donde me diga, está bien, no mereció la pena. Y sería un punto jodidamente falso, como falso es adecuar la pasada relación a la presente ruptura para que todo case (algo así como sentir que la vida no merece la pena porque existe la muerte).
Qué sentí realmente… Me sentí importante y amado. Sentí que había una persona en este mundo para el que era su mundo, que me esperaba y me quería, que veía cosas en mí que nadie más ha visto y aún así me necesitaba. Sentí que me mimaban, me acariciaban y me abrazaban. Sentí el amor de Gabriela.
Sólo que hay momentos donde se me nublan hasta los recuerdos. Sé que nuestra relación no fue perfecta, que cometimos errores. Y el mayor error fue actuar de tal manera que sólo quedaba la ruptura. Pero aún así, Gabriela, mereció la pena. Mereciste la pena. Es pura lógica, no habría estado tres años con una mujer que sintiera me hacía daño.

Hoy recibí una postal navideña de Gabriela. Virtual. Y la recibí con igual ilusión que las corpóreas. Para ella, The Little Drummer, el tamborilero, de Alex Lifeson (lo sé, podría haber elegido a cualquier otro músico, pero no tengo cura, soy "rushiano"… ).

The Little Drummer (Alex Lifeson)




La postal de Gabriela




Tags: villancicos, Navidad, The Little Drummer, Alex Lifeson

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