martes, 23 de diciembre de 2008
Me desperté con una mala noticia: La muerte de Robert Mulligan, sensible director de cine de tres de mis películas favoritas. En Matar un ruiseñor adapta la estupenda y nostálgica novela de Harper Lee en una historia tan entrañable como dura y muy cercana. La justicia, el honor, la amistad, el acceso al mundo de los adultos, la comunidad pequeña y cerrada donde hay gente comprensible y también seres abominables, el misterio de un vecino invisible, todo contado con la calidez de un blanco y negro lleno de añoranza. Gregory Peck encarna al padre perfecto y amigable y recto, Atticus Finch. Cada escena en la que aparece engrandece la película (levántese señorita, su padre abandona la sala… ). Verano del 42 habla sobre los primeros amores, el mito de la mujer madura, el dolor de madurar. El final, con sólo el sonido de las olas, es especialmente hermoso. Y Verano en Lousiana es otra melancólica historia de iniciación y amor y muerte. Y es que no hay iniciación sin una pérdida, sin dolor. No se aprende a partir de las sonrisas. Tiene otras películas estimables, Amores con un extraño, Natalie Wood y Steve McQueen, sobre un hombre y una mujer que tienen un escarceo amoroso y deben decidir si ella ha de abortar, o la enigmática El otro, extraña historia fraternal con tintes de cine de miedo. Siempre es una mala noticia que muera un contador de historias.

Matar un ruiseñor


Verano del 42


Verano en Louisiana





Tags: Robert Mulligan

Publicado por elchicoanalogo @ 21:31  | Cine
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