Viernes, 26 de diciembre de 2008
En Tránsito Joanna Lander es una psicóloga que investiga las ECM. Su encuentro con el neurólogo Richard Wright ha de permitirle simular clínicamente ese tipo de experiencias con el uso de drogas psicoactivas. Pero los sujetos del experimento del doctor Wright ven cosas completamente distintas de lo esperado, y Joanna decide someterse al experimento para conocer directamente una ECM.


Compré Tránsito en la feria del libro de Madrid. Recuerdo que Clara me lo puso en la mano. Me pregunto quién habrá sido su anterior dueño, quién garabateó un par de páginas con un bolígrafo de tinta azul, por qué lo hizo, por qué se deshizo de este libro. El misterio de los libros de segunda mano.

Mi primer libro de Connie Willis me ha traído una historia entretenida, ágil, con buenas dosis de humor, una pareja protagonista que se hace entrañable, algunos secundarios interesantes y las experiencias cercanas a la muerte. Hay tensión, giros inesperados y preguntarse qué es la muerte y si podemos existir en ella, está la imagen de un buque a punto de naufragar y las luces al final de un túnel que esconden un timo o una imagen adquirida, está el misterio, el amor inesperado y qué hay de real en la muerte.

El problema de Tránsito es que le sobran unas cuantas páginas, el clímax está demasiado separado del final, en las últimas páginas se dedica a escribir sobre un misterio ya resuelto y se repite en demasiadas ocasiones el truco de cortar bruscamente con cualquier excusa el momento donde la protagonista está a punto de encontrar la solución al enigma de las experiencias cercanas a la muerte.





“La esperanza no es una protección, es un castigo – pensó Joanna-. Y esto es el infierno”. Pero no podía ser, porque el cartel sobre la entrada del infierno decía: “Quien entre aquí, abandone toda esperanza.” Pero eso era orden, no una declaración, y tal vez ésa era la verdadera tortura del infierno, no el fuego y el azufre, y la condena era seguir teniendo esperanza incluso mientras la popa empezaba a alzarse del agua, mientras las llamas, o la lava, o el tren te arrollaban, creer que todavía había una salida, que de algún modo podrías salvarte en el último minuto. Igual que en las películas.
“Y a veces era cierto”, pensó, a veces podías llamar a la caballería.
Connie Willis
Tránsito (traducción de Rafael Martín Trec
hera. Ediciones B)

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Publicado por elchicoanalogo @ 20:43  | Libros...
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