Jueves, 25 de diciembre de 2008
Hoy fue el día de mi sobrino. Sus ojos ilusionados por los regalos, su sonrisa por lo inesperado de esos regalos, por ver a Wall-e y un juego para hacer aviones de papel. Merece la pena recordar esa mirada. Y saber que es un reflejo de la que nosotros tuvimos una vez.

Di un paseo por la tarde, el frío, el invierno y la soledad. Las ventanas encendidas, el aroma de otras mesas y nadie en la calle. Salvo un hombre. Voz rota. Mirada ausente. Pequeño, vestido de forma austera, una camisa abierta, una chaqueta ensuciada, vaqueros. Tenía que llegar a un pueblo a 200 kilómetros de donde estábamos. Me preguntó si había algún lugar abierto, algo imposible para las cuatro de la tarde del día de navidad. Y se quejó de eso, si eran las cuatro de la mañana o de la tarde. Mientras hablábamos se tiró un pedo. Me pidió disculpas por su comportamiento. Parecía que lo hacía por todo lo que era. Al despedirse me dio las gracias, me deseó feliz navidad y cruzó la carretera. Escuchaba la música del mp3. Y me volví a él. Le grité que tuviera un buen año. Él se encogió de hombros. No parecía muy convencido. Y antes de irme le dije que, al menos había que intentarlo. Y, no sé por qué, pensé en el verso de un poeta americano que me tradujo Liz: Si no tienes un corazón roto, búscalo.



(Hace unos días mi amiga Leslie me envió un vídeo de Randy Pausch, un hombre con un cáncer terminal que contaba su forma de afrontarlo. Quiero compartirlo. Es una lección de vida)


Tags: navidad, Randy Pausch

Publicado por elchicoanalogo @ 21:27  | Festividades
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