Martes, 30 de diciembre de 2008
Hace unos días dejé mi lista de propósitos para este año, tranquilidad, trabajo, viajes y libros. Así que sólo me queda desearos a todos un 2009 inolvidable. Parafraseando a Peter Pan, 2009 será una gran aventura.


*

Este año he leído a trompicones, demasiadas cosas en poco tiempo que me han impedido un ritmo normal de lectura. Recordaré tres libros en especial, Rock Springs, el volumen de cuentos de Richard Ford, Samurai, de Hisako Matsubara, con un personaje femenino, Tomiko, demoledor y Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño. Como siempre, una pizca de Auster, en especial La invención de la soledad, ese ensayo sobre la paternidad, la búsqueda y la creación literaria. Esa novela exhaustiva que es El día de la independencia. Y Esta historia de Baricco, tan melancólica como Océano Mar. Tsugumi o esa suave melancolía de Banana Yoshimoto tan cálida. Y muchos libros de relatos, Kawabata, Akutagawa, Bradbury, Sam Shepard, Yiyun Li, Woody Allen, otra forma de contar historias que tal vez no tenían cabida en una novela.
Así que 2008 es para Tomiko, Frank Bascombe, Arturo Belano, Ulises Lima, Ultimo Parri, Kesa y Moritó, Tsugumi, Paul Auster…

He regalado más de 40 libros y me han regalado una veintena. Me he sentido especial más de 20 veces al recibir un paquete inesperado y descubrir un libro y una dedicatoria y una sonrisa, me he sentido único cuando Clara o Auro o Mariola o Susana o Mari Carmen o María Antonia ponían un libro en mi mano y me lo regalaban, hay unos cuantos libros que llevan otros nombres y buenos deseos (los buenos deseos, como el libro de Yiyun Li encontrado en una librería barcelonesa).

Y, también, la treintena de libros comprados en las ferias del libro antiguo, descubrir otros nombres en las primeras páginas, una fecha, una firma, garabatos, que me hacen pensar en los antiguos dueños, cómo llegó ese libro a ellos, por qué lo dejaron marchar.


Happy Christmas (War Is Over) - John Lennon




So this is Christmas
And what have you done
Another year over
And a new one just begun
Ans so this is Christmas
I hope you have fun
The near and the dear one
The old and the young

A very merry Christmas
And a happy New Year
Let's hope it's a good one
Without any fear
And so this is Christmas
For weak and for strong
For rich and the poor ones
The world is so wrong
And so happy Christmas
For black and for white
For yellow and red ones
Let's stop all the fight
A very merry Christmas
And a happy New Year
Let's hope it's a good one
Without any fear
And so this is Christmas
And what have we done
Another year over
And a new one just begun
Ans so this is Christmas
I hope you have fun
The near and the dear one
The old and the young
A very merry Christmas
And a happy New Year
Let's hope it's a good one
Without any fear
War is over over
If you want it
War is over
Now...

La traducción en este enlace del blog Música por 1000.

Tags: John Lennon, Hisako Matsubara, Richard Ford, Roberto Bolaño, Banana Yoshimoto

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Lunes, 29 de diciembre de 2008

Quisiera perderme de mí misma
limbo de mi pensamiento
y haber perdido la mirada angustiosa
de mis ojos
para los pasos arrebatados por la muerte

Perderme de los hilos tensos
que el corazón tiende a los cuatro
puntos cardinales de la vida

Saltar el círculo que me aprisiona
y en el que se debate
serpiente cercada de llamas
mi juventud inútil

Perderse! Tendido vuelo
por sobre las agujas de las ciudades
más altas por sobre el mar
como un globo cargado de oxígeno
que sueltan a merced de los vientos

Lejos Más allá de todas las distancias

Lejos de mí
Magda Portal
Quisiera perderme de mí misma


Tags: Quisiera perderme de mí, Magda Portal

Publicado por elchicoanalogo @ 10:49  | Poesía
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Sábado, 27 de diciembre de 2008
Una de las cosas que recordaré de 2008 será que, por un año, no me importó el dinero y gasté todo lo que gané en viajes y libros. Cada paseo por una ciudad acababa en una librería. Libros comprados en Ortuella, Bilbao, Barakaldo, Portugalete, Madrid, Valladolid, Santiago de Compostela, Cádiz, Barcelona, Tucumán, Buenos Aires, libros que me han llegado de México, Segovia, Elche… Todo era libros, que diría Girondo.

Hoy compré mis últimos libros del año. Salí con cinco en la mano, cuatro para regalar y La vida instrucciones de uso, de Georges Perec, para mí, otro libro que me atrae por su título, por la esperanza de una historia laberíntica, un puzzle continuo. Por un año no pensé en el precio de las cosas…

Dejo la lista de libros como recordatorio de una locura que no podré repetir…


*

(Metro de Bilbao. Dirección Portugalete. 5 metros delante de mí un chico hacía señales a tres chicas. Al entrar, una de ellas se acerca a él, se coloca delante y empiezan a besarse con desesperación, con hambre, como si se devoraran la boca, uno de esos besos que se dan con todo el cuerpo. Algunos pasajeros sonreían por la fuerza de ese beso adolescente. Cuando se deshizo el encanto pude ver a una pareja de unos sesenta años sentada aún más lejos que los chicos. Él descansaba su cabeza sobre el hombro de la mujer. Buscaba su mejilla, su boca, le daba pequeños besos, casi un roce de pieles. Ella acariciaba su coronilla con una mano mientras le rodeaba, le contenía, con el otro brazo.
Martes.
Tren de Bilbao. Dirección Muskiz. Dos chicas se sientan cerca de mí. Adolescentes. Una de ellas se abalanza sobre los labios de la otra. Un beso insaciable y continuo. A veces me duele ver cómo una pareja se besa, a veces extraño esos besos hambrientos, a veces añoro los cariños, a veces sonrío porque, a pesar de todo, si por algo merece la pena la vida es por el amor)


Lista de libros...



A

Rashomon y otros cuentos - Ryunosuke Akutagawa
De cómo los turcos descubrieron América - Jorge Amado
Dersu Uzala - Vladimir Arseniev
El asesino ciego - Margaret Atwood
La invención de la soledad - Paul Auster
La trilogía de Nueva York - Paul Auster
Un hombre en la oscuridad - Paul Auster
El país de las últimas cosas - Paul Auster
La música del azar - Paul Auster
Mr. Vértigo - Paul Auster (regalo de Jacqui)
El palacio de la luna - Paul Auster

B
El mundo sumergido - J. G. Ballard
Esta historia - Alessandro Baricco
Seda - Alessandro Baricco (regalo de Auro)
Tierras de cristal - Alessandro Baricco (regalo de Sonia)
City - Alessandro Baricco
Novecento - Alessandro Baricco (regalo de Auro)
Postales de invierno - Anne Beattie
El penúltimo sueño- Ángela Becerra
Leyendas - Gustavo Adolfo Becker
Primavera con una esquina rota – Mario Benedetti
Vivir Adrede - Mario Benedetti (regalo de Auro)
El porvenir de mi pasado - Mario Benedetti
La linterna mágica - Ingmar Bergman
La noche de Iesi - Peter Berling (regalo de María Antonia)
El hombre demolido - Alfred Bester
Cañas y Barro - Vicente Blasco Ibáñez (regalo de Mariola)
Los detectives salvajes - Roberto Bolaño
Cuentos - Roberto Bolaño
Ficciones – Jorge Luis Borges
Prosa - Jorge Luis Borges
El niño con el pijama de rayas - John Boyne (regalo de Jacqui)
Las doradas manzanas del sol - Ray Bradbury
Cumbres borrascosas - Emily Brontë
Viento del este, viento del oeste - Pearl S. Buck
La madre - Pearl S. Buck (regalo de María Antonia)
Escrutaba la locura en busca de la palabra, el verso, la ruta - Charles Bukowski
Música de cañerías - Charles Bukowski
El desierto de los tártaros - Dino Buzzati


C
Sabor a chocolate - José Luis Carmona
Soldados de Salamina - Javier Cercas
La hermana pequeña - Raymond Chandler
Crematorio - Rafael Chirbes
El jardín de rama - Arthur C. Clarke
La edad de hierro - J. M. Coetzee
La mujer de blanco - Wilkie Collins
La túnica negra - Wilkie Collins
La reina de corazones - Wilkie Collins
El eco negro - Michael Conelly
Historia de cronopios y de famas - Julio Cortázar
Y amanece la muerte - Jim Crace
El rojo emblema del valor - Stephen Crane
La ciudadela - A. J. Cronin (regalo de Mari Carmen)
Ojalá octubre – Juan Cruz Ruiz

D
Grandes Esperanzas - Charles Dickens (regalo de Clara)
Historia de dos ciudades – Charles Dickens
El obsceno pájaro de la noche - José Donoso
Casa de campo – José Donoso
El conde de Montecristo - Alejandro Dumas (regalo de Clara)
Mi familia y otros animales - Gerald Durrell

E
Clandestino - James Ellroy
Jazz Blanco - James Ellroy
Mis rincones oscuros – James Ellroy
El samurai - Shusako Endo (regalo de Clara)
Las vírgenes suicidas - Jeffrey Eugenides

F
Bélver Yin - Jesús Ferrero (regalo de Mari Carmen)
El día de la independencia - Richard Ford
De mujeres y hombres - Richard Ford
La última oportunidad – Richard Ford
Incendios – Richard Ford
Pasaje a la india - E. M. Forster
Camelot 30k - Robert L. Forward
Melancolía - Jon Fosse

G
Amor en los tiempos del cólera - Gabriel García Márquez
Relato de un náufrago - Gabriel García Márquez
Calcomanías – Oliverio Girondo (regalo de sami)
Viernes negro - David Goddis
Antología poética – Ángel González
El comité de la muerte – Noah Gordon
El médico - Noah Gordon

H
El curioso incidente del perro a medianoche - Mark Haddon
La muerte salió cabalgando de Persia - Péter Hajnóczy
Carta breve para un largo adiós - Peter Handke

El péndulo y otros cuentos – O. Henry
Demian - Herman Hesse
Alta fidelidad - Nick Hornby
Cometas en el cielo - Khaled Hosseini (regalo de Clara)

I
El mundo según Garp – John Irving
Vida de una Geisha - Mineko Iwasaki

K
Viajes con Herodoto - Ryszard Kapuscinski
Cartas desde Iwo Jima del general Kuribayashi - Kumiko Kakehashi
Un grito de amor desde el centro del mundo - Kyoichi Katayama
Primera nieve en el monte Fuji - Yasunari Kawabata
El rumor de la montaña – Yasunari Kawabata
En el camino - Jack Kerouac
La niebla - Stephen King
Capitanes intrépidos - Rudyard Kipling
El cómplice - György Konrád

L
Llámame Brooklyn - Eduardo Lago
Una noche de perros - Hugh Laurie
Shutter Island - Dennis Lehane
El hospital de la transfiguración - Stanislaw Lem
Retorno de las estrellas – Stanislaw Lem
Jackie Brown - Elmore Leonard
Los buenos deseos - Yiyun Li
Las benévolas - Jonathan Littell
La lluvia amarilla - Julio Llamazares
Colmillo Blanco - Jack London

M
Samarcanda - Amin Maalouf
León el africano - Amin Maalouf
Akhenatón - Naguib Mahfuz
Asesinos sin rostro - Henning Mankell
Mefisto - Klaus Mann
Mi querida Eva - Gustavo Martín Garzo
En algún lugar del tiempo - Richard Matheson
Samurai - Hisako Matsubara
El velo pintado - W. Somerset Maugham
Bel Ami - Guy de Maupassant
La horla y otros relatos - Guy de Maupassant
Expiación - Ian McEwan
Hierba Mora - Teresa Moure
La casa - Manuel Mújica Laínez (regalo de sami)
El invierno en Lisboa - Antonio Muñoz Molina
Sauce ciego, mujer dormida - Haruki Murakami (regalo de Clara)
After dark – Haruki Murakami
La caza del carnero salvaje - Haruki Murakami

N
Suite Francesa - Iréne Némirovsky
La tumba de las luciérnagas/Las algas americanas – Akiyuki Nosaka

O
El grito silencioso – Kenzaburo Oé
La fórmula preferida del profesor - Yoko Ogawa

P
Manuscrito encontrado en Zaragoza – Jan Potocki
El éxodo de los gnomos - Terry Pratchett
La vida instrucciones de uso – Georges Perec

R
Las monedas de oro de Yahangir - Satyajit Ray (regalo de Clara)
Las minas del rey salomón - Henry Rider Haggard
El dios de las pequeñas cosas - Arundhati Roy

S
El túnel - Ernesto Sábato
Todo está iluminado - Jonathan Safran Foer
Nueve cuentos – J. D. Salinger
La vieja sirena – José Luis Sampedro (regalo de Sami)
Bueyes y rosas dormían - Cristina Sánchez-Andrade
La piel fría - Albert Sánchez Piñol
El hombre duplicado - José Saramago
Firmin - Sam Savage (regalo de Sami)
El abanico de seda - Lisa See
Un hombre feliz – Antonio Seijas
Un viejo que leía novelas de amor - Luis Sepúlveda
El gran sueño americano - Sam Shepard
Quo Vadis? - Henryk Sienkiewicz
La flaqueza del bolchevique - Lorenzo Silva
El camino de los ingleses - Antonio Soler (regalo de María Antonia)
La caverna de las ideas – José Carlos Somoza (regalo de sami)
Tortilla Flat - John Steinbeck
La historia del señor Sommer - Patrick Süskind (regalo de Mari Carmen)
Tentación - János Székely

T
Miedo y asco en Las vegas - Hunter S. Thompson
El asesino dentro de mí - Jim Thompson
1280 almas - Jim Thompson
El criminal - Jim Thompson
Los amigos del crimen perfecto - Andrés Trapiello
El tesoro de Sierra Madre - B. Traven
El misterio de la casa Aranda - Jerónimo Tristante
Saber perder - David Trueba
El camino del samurai - Yamamoto Tsunetomo
Un yanqui en la corte del rey Arturo - Mark Twain
El pretendiente americano – Mark Twain (regalo de sami)

W
Sinuhé el egipcio - Mika Waltari
Elena - Evelyn Waugh
El retrato de Dorian Gray - Oscar Wilde (regalo de Auro)
Por no mencionar al perro - Connie Willis
Oveja mansa - Connie Willis
Tránsito - Connie Willis

Y
Sorgo Rojo - Mo Yan
Tsugumi – Banana Yoshimoto

Tags: libros, besos

Publicado por elchicoanalogo @ 11:23  | Libros...
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Viernes, 26 de diciembre de 2008
En Tránsito Joanna Lander es una psicóloga que investiga las ECM. Su encuentro con el neurólogo Richard Wright ha de permitirle simular clínicamente ese tipo de experiencias con el uso de drogas psicoactivas. Pero los sujetos del experimento del doctor Wright ven cosas completamente distintas de lo esperado, y Joanna decide someterse al experimento para conocer directamente una ECM.


Compré Tránsito en la feria del libro de Madrid. Recuerdo que Clara me lo puso en la mano. Me pregunto quién habrá sido su anterior dueño, quién garabateó un par de páginas con un bolígrafo de tinta azul, por qué lo hizo, por qué se deshizo de este libro. El misterio de los libros de segunda mano.

Mi primer libro de Connie Willis me ha traído una historia entretenida, ágil, con buenas dosis de humor, una pareja protagonista que se hace entrañable, algunos secundarios interesantes y las experiencias cercanas a la muerte. Hay tensión, giros inesperados y preguntarse qué es la muerte y si podemos existir en ella, está la imagen de un buque a punto de naufragar y las luces al final de un túnel que esconden un timo o una imagen adquirida, está el misterio, el amor inesperado y qué hay de real en la muerte.

El problema de Tránsito es que le sobran unas cuantas páginas, el clímax está demasiado separado del final, en las últimas páginas se dedica a escribir sobre un misterio ya resuelto y se repite en demasiadas ocasiones el truco de cortar bruscamente con cualquier excusa el momento donde la protagonista está a punto de encontrar la solución al enigma de las experiencias cercanas a la muerte.





“La esperanza no es una protección, es un castigo – pensó Joanna-. Y esto es el infierno”. Pero no podía ser, porque el cartel sobre la entrada del infierno decía: “Quien entre aquí, abandone toda esperanza.” Pero eso era orden, no una declaración, y tal vez ésa era la verdadera tortura del infierno, no el fuego y el azufre, y la condena era seguir teniendo esperanza incluso mientras la popa empezaba a alzarse del agua, mientras las llamas, o la lava, o el tren te arrollaban, creer que todavía había una salida, que de algún modo podrías salvarte en el último minuto. Igual que en las películas.
“Y a veces era cierto”, pensó, a veces podías llamar a la caballería.
Connie Willis
Tránsito (traducción de Rafael Martín Trec
hera. Ediciones B)

Tags: Tránsito, Connie Willis, Rafael Martín Trechera, Ediciones B

Publicado por elchicoanalogo @ 20:43  | Libros...
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Jueves, 25 de diciembre de 2008
Hoy fue el día de mi sobrino. Sus ojos ilusionados por los regalos, su sonrisa por lo inesperado de esos regalos, por ver a Wall-e y un juego para hacer aviones de papel. Merece la pena recordar esa mirada. Y saber que es un reflejo de la que nosotros tuvimos una vez.

Di un paseo por la tarde, el frío, el invierno y la soledad. Las ventanas encendidas, el aroma de otras mesas y nadie en la calle. Salvo un hombre. Voz rota. Mirada ausente. Pequeño, vestido de forma austera, una camisa abierta, una chaqueta ensuciada, vaqueros. Tenía que llegar a un pueblo a 200 kilómetros de donde estábamos. Me preguntó si había algún lugar abierto, algo imposible para las cuatro de la tarde del día de navidad. Y se quejó de eso, si eran las cuatro de la mañana o de la tarde. Mientras hablábamos se tiró un pedo. Me pidió disculpas por su comportamiento. Parecía que lo hacía por todo lo que era. Al despedirse me dio las gracias, me deseó feliz navidad y cruzó la carretera. Escuchaba la música del mp3. Y me volví a él. Le grité que tuviera un buen año. Él se encogió de hombros. No parecía muy convencido. Y antes de irme le dije que, al menos había que intentarlo. Y, no sé por qué, pensé en el verso de un poeta americano que me tradujo Liz: Si no tienes un corazón roto, búscalo.



(Hace unos días mi amiga Leslie me envió un vídeo de Randy Pausch, un hombre con un cáncer terminal que contaba su forma de afrontarlo. Quiero compartirlo. Es una lección de vida)


Tags: navidad, Randy Pausch

Publicado por elchicoanalogo @ 21:27  | Festividades
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Martes, 23 de diciembre de 2008
Me desperté con una mala noticia: La muerte de Robert Mulligan, sensible director de cine de tres de mis películas favoritas.

En Matar un ruiseñor adapta la gran novela de Harper Lee en una historia tan entrañable como dura y cercana. La justicia, el honor, la amistad, el acceso al mundo de los adultos, la comunidad pequeña y cerrada donde hay gente comprensible y también seres abominables, el misterio de un vecino invisible, todo contado con la calidez de un blanco y negro lleno de añoranza. Gregory Peck encarna al padre perfecto y amigable y recto, Atticus Finch. Cada escena en la que aparece engrandece la película (levántese señorita, su padre abandona la sala).

Verano del 42 habla sobre los primeros amores, el mito de la mujer madura, el dolor de madurar, la guerra lejana, la ausencia y la muerte. El final, con sólo el sonido de las olas, es especialmente hermoso.

Y Verano en Lousiana es otra melancólica historia de iniciación, amor y muerte. Una niña en la frontera entre la infancia y la madurez, la llegada de un nuevo vecino, la mirada curiosa y abarcadora, la pregunta de qué define la vida y el amor.

Robert Mulligan tiene otras películas estimables, Amores con un extraño, Natalie Wood y Steve McQueen, sobre un hombre y una mujer que tienen un escarceo amoroso y deben decidir si ella ha de abortar, o la enigmática El otro, extraña historia con tintes de cine de miedo.

Robert Mulligan, un contador de historias.


Matar un ruiseñor





Verano del 42






Verano en Louisiana



Tags: Robert Mulligan, Stve McQueen, Gregory Peck, Matar un ruiseño, Verano del 42, Verano en Louisiana, Natalie Wood

Publicado por elchicoanalogo @ 21:31  | Cine
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María Antonia lee más de 100 libros al año. Casi no compra libros, se abastece en la biblioteca de su pueblo. Nació en Cantabria y vive en Cataluña. Es madre. Además de lectora, madre. Transmite comodidad, dulzura y cercanía. Cuando se despidió de mí, en junio, me susurró unas palabras de aliento y ánimo al oído.

Conocí a Rocío en la televisión local donde trabajé como cámara. Entró como becaría. Tras unos inicios tímidos consiguió integrarse en su trabajo. Recuerdo que en aquellas noches de fiesta hablamos en más de una ocasión sobre miedos. Al igual que con Iratxe nuestra conversación derivaba hacia el intento de conservar una parte de la inocencia de la infancia.

Para ellas, un clásico, White Christmas, de Bing Crosby



White Christmas (Bing Crosby)


I'm dreaming of a white Christmas
Just like the ones I used to know
Where the tree tops glisten
And children listen
To hear sleigh bells in the snow

I'm dreaming of a white Christmas
With every Christmas card I write
May your days be merry and bright
And may all
Your Christmases be white

I'm dreaming of a white Christmas
Just like the ones I used to know
Where the tree tops glisten
And children listen
To hear sleigh bells in the snow

I'm dreaming of a white Christmas
With every Christmas card I write
May your days be merry and bright
And may all your Christmases
May all your Christmases
May all your Christmases
May all your Christmases be white

I'm dreaming of a white
Christmas with you
Jingle Bells
All the way, all the way


Tags: villancicos, navidad, White Christmas, Bing Crosby

Publicado por elchicoanalogo @ 11:44  | Festividades
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A veces,
mi egoísmo
me llena de maldad, 
y te odio casi
hasta hacerme daño
a mí mismo:
son los celos, la envidia,
el asco
al hombre, mi semejante
aborrecible, como yo
corrompido y sin
remedio,
mi querido
hermano y parigual en la
desgracia.

A veces -o mejor dicho:
casi nunca-,
te odio tanto que te veo
distinta.
Ni en corazón ni en alma
te pareces
a la que amaba sólo
hace un instante,
y hasta tu cuerpo cambia
y es más bello
-quizá por imposible
y por lejano-.
Pero el odio también me
modifica
a mí mismo,
y cuando quiero darme
cuenta
soy otro
que no odia, que ama
a esa desconocida cuyo
nombre es el tuyo,
que lleva tu apellido,
y tiene,
igual que tú,
el cabello largo.
Cuando sonríes,
yo te reconozco,
identifico tu perfil
primero,
y vuelvo a verte,
al fin,
tal como eras, como
sigues
siendo,
como serás ya siempre,
mientras te ame.
Ángel González
Carta sin despedida

Tags: Carta sin despedida, Ángel González

Publicado por elchicoanalogo @ 11:10  | Ángel González
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Sobre los tejados del casco viejo un cielo gris, plomizo, (sin flores en el cielo) sin apenas claros que dejasen pasar la luz del sol. Las calles sombrías cobraban vida por el eco de cientos de conversaciones entrecruzadas, de pasos indecisos, pausados, de abrazos inesperados. De la boca de los transeúntes salían estelas de vapor.

Apenas podía ver los escaparates. La gente se agolpaba delante de ellos, miraba curiosa ropa o juguetes para regalar. En una esquina, un hombre vendía cupones. Delante de la iglesia, se preparaba un mercadillo caritativo. Ojeé los libros envejecidos, casi polvorientos. Algunos en inglés y en francés. Siempre me atraen los libros.

Entré en una librería. Los compradores hacían cola para pagar sus libros en la entrada. Cada vez que piso una librería me dejo ir a la deriva, sin prosa, sin preocupaciones, me siento como en casa, en un lugar conocido y siempre amable. Rozaba el lomo de los libros, como en el mercadillo, tomaba alguno entre mis manos, Bukowski, Margaret Atwood, Lorenzo Silva. En mitad de una estantería, un libro me miraba, El rumor de la montaña, de Kawabata. Recordé la historia por la película de Naruse, en seguida vinieron imágenes en blanco y negro de una historia melancólico.

Había quedado con mis amigos Iñaki y Blanca. Una comida navideña. Una comida entre camaradas para sacudirse la rutina de encima, para reír y cobijarse en otras personas. Mis manos se adelantaron, agarraron Rock Springs, de Richard Ford y Cuentos, de Benedetti. No quería ser el único con un libro. Y me gusta regalar fuera de las fechas habituales y esperadas.

Desanduve el camino. El hombre que vendía cupones, el mercadillo, los escaparates tras las estelas de vapor. Iñaki y Blanca miraban la entrada del metro, esperando mi llegada. Por unos segundos (una pequeña eternidad) pude contemplarles sin ser visto.

Iñaki sigue siendo periodista, cambio el deporte por la economía, pero, para mí, será el periodista deportivo, como cuando lo conocí en una televisión local. Fuma y bebe cerveza mientras escribe. La típica estampa de periodista o escritor. Blanca dejó la televisión y la radio. Enseña. Es feliz, creo que es feliz. Le gusta lo que hace.

Tomamos unas copas entre risas y bromas y camaradería y comodidad. Comimos en un restaurante japonés abarrotado. A nuestra izquierda, una mesa redonda. Mejillas sonrosadas, gritos, sonrisas abiertas y francas. Detrás de nosotros, una clase de instituto que celebraba la comida de navidad. Blanca se sorprendió por lo maquilladas y preparadas que estaban las niñas.

Paseamos por un Bilbao ceniciento, apagado. Amenazaba lluvia. Iñaki se encontró con un antiguo profesor. Blanca y yo lo esperamos mientras charlábamos. Blanca es cercana y tranquila. Me contiene. De fondo, sonidos de sirenas. Las hojas otoñales en la hierba del parque. Y papeles atrapados en las ramas de los árboles. Miré el edificio gris que construían a unos metros. Nunca entenderé que se hagan edificios grises.

El paseo solitario junto a la ría. Empezaba a anochecer. Las luces navideñas se encendían poco a poco, como una ola gigantesca. La ría negra, abisal. La sonrisa de Blanca cada vez que me paraba en los escaparates con libros.

Un número. Acabado en 606. Nuestro décimo de lotería compartido. Sueños de plata. Si tocase lo gastaría en regalos para familia y amigos, algún viaje, ayudas y, sobre todo, libros. 606. El final de un sueño quimérico.

Una despedida. En la estación de tren. Un par de besos a Blanca, un roce en el hombro de Iñaki. Dos amigos. De los que dan luz.

En el tren, el reflejo de una mujer que se maquillaba mientras avanzábamos bajo el túnel. Siempre me ha fascinado una mujer maquillándose, el contorno negro de sus ojos, enigmático, el rojizo en sus labios, como un atardecer.

Y gotas de lluvia en la ventana.

Para Iñaki y Blanca, Christmas Time Is Here, de Steve Vai

Christmas Time Is Here (Steve Vai)





Tags: navidad, villancicos, bilbao, casco viejo, Christmas Time Is Here, Steve Vai

Publicado por elchicoanalogo @ 6:54  | Festividades
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Lunes, 22 de diciembre de 2008
Jorge Eduardo Freijo creó el grupo la tribu Freijo en Facebook. Ahí nos reunimos los Freijo registrados en esta red social. Ya somos un centenar, y de ambos lados del Atlántico. La escritora Beatriz Freijo tuvo una idea: armaría un poema tribal a partir de unos versos o palabras de la tribu.


Manos que hacen puentes
que cruzan charcos,
desafían mares
arrastran recuerdos.

Manos que crecen
y se despojan,
que sueñan
y que despiertan.

Letanía de la sangre
en pos de canciones
silenciadas por los tiempos.
Reúne en su regazo,
las dispersas manos
para un mismo cielo.

De hispanas tierras
de caballeros y labriegos,
que un día partieron
surcando distintos caminos
tal vez por destino
quizás por anhelo,
hoy se escucha un canto
Canto de vida
de los que quedaron
de los que se fueron
bajo la sola copa
de un antiguo fresno
Beatriz Freijo
Poema tribal/Tribu Freijo

Tags: Freijo, Poema tribal, Beatriz Freijo, tribu Freijo

Publicado por elchicoanalogo @ 22:31  | Poesía
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Viernes, 19 de diciembre de 2008
Y abrazos y cariños y una navidad impetuosa y familiar y entrañable y un año inolvidable y muchas risas y caricias y abrazos y alegrías y destellos de luz y una estrella en la palma de la mano y el mar y doscientos libros y el sonido del viento y el vuelo de una golondrina y un avión que despega y una bicicleta infantil y recuerdos divertidos y camisetas para el calor y mantas para el frío y nieve fuera de estación y montes acogedores y llanuras ilimitadas y un tren que desaparece en un túnel y dos Papá Noel que se besan bajo una farola y una moneda que ruede por el suelo y ¡Qué bello es vivir! de Frank Capra y cenas en compañía y cartas escritas a mano y un cartero en bicicleta y una barba blanca y un perro acogido y una tela de araña y 24 espantapájaros de Girondo y flores en el cielo y una alcantarilla que escupe felicidad y un paquete de pañuelos de papel y amigos y viajes sin destino y un párrafo que se convierta en tu párrafo y Bukowski y la corte del rey carmesí y una guitarra con dos cuerdas y un concierto a media luz y atardeceres suspendidos en el tiempo y un cielo brillante y la vía láctea desparramada en el suelo y una paloma con su ala sanada y personas buenas que cuidan de animales abandonados y la mirada inquieta y descubridora de un bebé y una manifestación de mujeres embarazadas y fuerza para ayudar a Sísifo a dejar la roca en la cumbre de la montaña y un ánimo inquebrantable y palabras sanadoras y reencuentros impensados y meriendas a base de chocolate caliente y un amor sencillo, puro y pasional y un ahora es el momento y nada de miedo y desvaríos y, al menos, un Freijo en tu vida y optimismo y un horizonte al que llegar y sobrepasar y una nevada de cristal y un final que es un inicio y abrazos y cariños y una navidad impetuosa y familiar y…

Tags: navidad, felicitaciones navideñas

Publicado por elchicoanalogo @ 6:14  | Great White Way
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Jueves, 18 de diciembre de 2008
Sergio me ha sorprendido con su postal. En casi 20 años es la primera que me envía. Ha elegido una postal con el continente asiático, y un deseo para el nuevo año, que visite algún país de aquella tierra distante. Casi me ha leído la mente porque uno de mis viajes planeados será a Japón. No el año que viene, pero sí espero que en los próximos tres pueda decir que he conocido el país de Kawabata y Kurosawa. Hace unos días supe que Nami podría traducirse como chica tan bonita como la ciudad de Nara (antigua capital de Japón), algo que me descubrió una chica japonesa que vive en Buenos Aires y aprende español. Tengo ganas de viajar por Japón.

Sergio es la contradicción pura. Creyente de izquierdas. Filólogo que odia leer. Entrañable. Un poco una montaña rusa, o todo está en su sitio o nada vale la pena. En su postal me dedicó el inicio de adestes fideles y yo, a su vez, le dedico esta versión de Pavarotti. Abrazos y cariños. Y un beso, qué coño. Te quiero.


Adeste fideles (en la voz de Luciano Pavarotti)




Adeste, fideles, laeti triumphantes;
Venite, venite in Bethlehem.
Natum videte Regem angelorum.

Refrain:
Venite adoremus,
Venite adoremus,
Venite adoremus, Dominum.

Deum de Deo, lumen de lumine,
Parturit virgo mater,
Deum verum, genitum, non factum.

Refrain

Cantet nunc hymnos chorus angelorum,
Cantet nunc aula caelestium:
Gloria, gloria in excelsis Deo;

Refrain

Ergo qui natus die hodierna,
Iesu, tibi sit gloria:
Patris aeterni verbum caro factum:

Refrain


Tags: Navidad, villancicos, Adestes fideles, Luciano Pavarotti

Publicado por elchicoanalogo @ 19:47  | Festividades
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Las ofertas muchas veces aparecen de modo inesperado, providencial: el dueño se mete unos cuantos Manhattan entre pecho y espalda, da una vuelta por el jardín al caer la tarde para recoger los papeles que han volado de la basura de los vecinos, rastrilla las últimas hojas mojadas y fértiles del invierno de debajo de la forsitia donde está enterrado su viejo dálmata, Pepper, realiza una atenta inspección de las coníferas que plantaron él y su mujer como seto cuando estaban recién casados, hace mucho tiempo, da un paseo nostálgico por las habitaciones que ha pintado y los cuartos de baño cuyas juntas ha rellenado con lechada después de la medianoche; mientras se pasea toma un par de combinados más, y de repente, siente una punzada en el corazón y se esfuerza por reprimir las lágrimas que acuden a sus ojos al pensar en la vida que hubiera podido llevar y que hace tiempo que perdió, unas lágrimas que todos (si es que nos importa seguir vivos) deberíamos dejar correr… Y ¡zas!: a los dos minutos está al teléfono, interrumpiendo la sosegada cena en casa de un agente inmobiliario, y diez minutos después el paso está dado. Es un progreso, en cierto sentido.

( ... )

También me ha contado que recientemente ha empezado a imaginar el proceso del pensamiento, y que el suyo parece que está hecho de “anillos concéntricos”, brillantes como hula hoops, uno de los cuales es la memoria, y que intenta, pero no lo consigue, que todos “encajen unos en otros” del modo congruente en que él piensa que deberían encajar: sólo algunas veces, justo antes del momento preciso del sueño, consigue, aunque brevemente, olvidarlo todo y sentirse feliz. Me ha hablado asimismo de lo que él llama “pensar que piensa”, esto es, que intenta mantener un control continuo de todos sus pensamientos como un modo de “entender” cómo es él mismo y de controlarse y, en consecuencia, mejorar su vida (aunque al hacer eso, claro, corre el riesgo de perder la chaveta). En cierto sentido, su “problema” es sencillo: se ha visto empujado a tener una idea de la vida y de la manera como debe vivirla demasiado pronto, mucho antes de que haya visto pasar, como barcos averiados, el número suficiente de crisis sin arreglo, y se haya dado cuenta de que arreglar una de cada seis constituye una buena media y que hay que dejar que del resto se ocupe el tiempo: una habilidad muy útil para salir adelante en el Periodo de Existencia.

( ... )

Es mejor renunciar a la mayoría de ellas, junto con la idea misma de la plenitud, puesto que al cabo de un tiempo uno queda tan atascado con todo lo que hizo, a lo que se ha rendido, en lo que ha fracasado, contra lo que ha combatido o lo que ha detestado, que no puede hacer el menor progreso. Otro modo de decir esto es que cuando uno es joven, su adversario es el futuro, pero cuando ya no es joven, su adversario es el pasado y todo lo que se ha hecho en él, y el problema consiste en librarse de él.

( ... )

Y entonces hubo un largo, un frío silencio, que los dos sabíamos que era el silencio del mileno, el silencio del divorcio, del agotamiento de un amor parcelado, racionado de diversas maneras injustas, de un amor perdido cuando se debería haber hecho algo para que no se perdiera pero no se hizo, el silencio de la muerte mucho antes de que se percibiera su ominosa presencia con el rabillo del ojo.

( ... )

No estoy seguro de lo que me acongoja: si es la impresión de profunda familiaridad que me causa este lugar o su rígida resistencia a mostrarse familiar conmigo. Se trata de otro asunto, de otro ejercicio útil del Periodo de Existencia, y una evidente lección de la profesión de agente inmobiliario, consistente en que se deja de santificar a los lugares: casas, playas, ciudades natales, una esquina de una calle donde una vez besaste a una chica, un campo de maniobras donde desfilaste en formación, un juzgado donde obtuviste un divorcio un día nublado de julio, pero donde ahora no quedan signos de tu presencia; no hay ninguna indicación en el aliento del aire de que hayas estado allí, ni de que tuvieras una presencia importante allí, ni siquiera de que hayas existido. Nos parece que esos lugares quizá deberían manifestarnos algo debido a las cosas que una vez sucedieron allí, encender un cálido fuego para animarnos cuando estamos casi exánimes y hundidos. Pero no hacen nada. Los lugares nunca cooperan a reactivar los recuerdos cuando lo necesitas. De hecho, casi siempre te abandonan, como comprobaron los Markham en Vermont y, ahora, en New Jersey. Será mejor que te tragues las lágrimas, te acostumbres a las sensiblerías sin importancia y sigas hacia lo que viene después, sin preocuparte de lo que ocurrió antes. Los lugares no significan nada.

( ... )

Hay estremecimiento y estremecimientos, claro. Hay el “estremecimiento del amor”, el estremecimiento –a menudo acompañado de un gruñido de animal- del fantasma del sexo fulgurante, seguido frecuentemente por una sensación de pérdida que se podría cortar con un cuchillo. Hay el “estremecimiento de dolor”, el que se experimenta en la cama a las cinco de la madrugada cuando suena el teléfono y un extraño te dice que tu madre o su hijo mayor acaban, “lamentablemente”, de expiar, éste, por lo general, va acompañado de una pena aniquiladora, que casi parece un alivio, pero no lo es en absoluto.
Richard Ford
El día de la independencia (traducción de Mariano Antolín Rato. Anagrama)


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Publicado por elchicoanalogo @ 15:13  | Libros...
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Un hecho triste, claro, de la vida de los adultos es que uno ve cosas a las que nunca se adaptará que le apuntan desde el horizonte. Uno las ve como los problemas que son, uno de preocupa tremendamente por ellas, hace previsiones, toma precauciones, realiza ajustes; se dice a sí mismo que cambiará el modo en que hace las cosas. Pero no lo hace. No puede. En cierto modo, ya es demasiado tarde. A lo mejor incluso es peor: a lo mejor lo que se ve acercarse desde lejos no es lo auténtico, lo que asusta, sino sus repercusiones. Y lo que uno teme que ocurra ya ha ocurrido. Es algo parecido a darse cuenta de que todos los grandes avances recientes de las ciencias médicas no nos serán de ninguna utilidad, aunque nos alegremos de ellos, esperemos que tengan a punto una vacuna a tiempo y pensemos que las cosas todavía podrían mejorar. Pero también es demasiado tarde. Y así se desarrolla nuestra vida antes de que nos demos cuenta de ello. Y se nos escapa. Ya lo dijo el poeta: ”El modo como se nos escapan nuestras vidas es la vida.”

( ... )

Todo el viaje tuvo para ella la virtud de un regreso, nostálgico y silencioso, a triunfos pasados en compañía de “otro” no convencional, justo antes de que la vida –la vida adulta y seria- empezara de verdad y la diversión quedara olvidada para siempre; mientras que para mí era más una expedición inquieta por un paisaje exterior, extraño pero apasionante, iniciada con la esperanza de llegar a un refugio temporal donde me sentiría satisfecho, renacido, menos angustiado, posiblemente incluso feliz y en paz.

( ... )

A veces, aunque no demasiado a menudo, me gustaría ser todavía escritor, pues todo lo que pasa por la mente de alguien se desvanece como el humo, mientras que, para un escritor –incluso un escritor pésimo-, se pierden menos cosas. Si te has divorciado de tu mujer, por ejemplo, y posteriormente piensas en aquella ocasión, digamos, doce años antes, cuando casi rompiste con ella por primera vez pero no rompiste porque decidisteis que os queríais mucho el uno al otro o no ibais a cometer semejante tontería, o porque los dos tenías sentido común y buena voluntad, y decides que, puesto que las cosas iban a terminar de aquel modo, deberías haberte divorciado mucho antes porque ahora crees que perdiste algo maravilloso e irremplazable y como resultado estás lleno de una añoranza que no puedes esperar compartir, si fueras escritor, incluso un escritor de relatos malogrado, tendrías un sitio donde colocar ese hecho de modo que no tuvieras que pensar en él todo el tiempo. Te limitarías a escribirlo, subrayarías las frases más horribles y lamentables, las pondrías en boca de otras personas que no existen (o mejor aún, en la de un enemigo tuyo levemente disfrazado), las volverías patéticas y conseguirías librarte de tu fardo para el disfrute de otros.

( ... )

No parece, de hecho, que hayan abierto nunca el libro (sólo fue expuesto a la lluvia). Paso a la página de la dedicatoria: “A mis padres” (¿a quién si no?), a la del título, dispuesto a disfrutar de las líneas “Frank Bascombe”, “Melancólico otoño” y “1969”, compuestas en vigorosos caracteres Ehrhardt, tan atractivos, y notar la vieja sincronía extenderse hasta aquí y ahora. Lo que pasa es que lo que mi ojo encuentra, escrito en azul sobre la página del título, con una letra que no conozco, es: “Para Esther, en recuerdo de aquel otoño realmente maravilloso contigo. Te quiere, Dwayne. Primavera de 1970”, todo ello tachado con un pringoso lápiz de labios y debajo escrito: “Dwayne. Recuerdos de dolor. Recuerdos de follar. Recuerdos del más grande error de mi vida. Con mi desprecio hacia ti y tus marranadas. Esther. Invierno de 1972.” Hay una gran huella de unos labios rojos debajo de la firma de Esther, unida con una flecha a las palabras “Que te den por el culo”, también con lápiz de labios. Es muy distinto de lo que esperaba.

( ... )

No deberías pensar que no estás hecho para ser feliz. ¿Entiendes? No deberías acostumbrarte a no ser feliz sólo porque no puedes conseguir que todo ajuste a la perfección. No todo ajusta a la perfección. Tienes que dejar que algunas cosas sigan por su cuenta, en definitiva.
Richard Ford
El día de la independencia (traducción de Mariano Antolín Rato. Anagrama)

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Publicado por elchicoanalogo @ 6:07  | Libros...
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Miércoles, 17 de diciembre de 2008
Hace años que sigo a Richard Ford. Hay algo en su forma de escribir que me atrae, su domino del lenguaje, su forma detallista de narrar, los párrafos sorprendentes en mitad de una sencilla descripción de una calle.

Si en sus relatos cortos (recomiendo, cada vez que puedo, Rock Springs), todo parece concentrado, que va directo al núcleo, Ford escribe de manera exhaustiva sus novelas, sobre todo las dedicadas a Frank Bascombe.

Y creo que así podría definir El día de la independencia. Exhaustiva. Tres días descritos en 600 páginas, con infinidad de detalles, de historias afluentes, de reflexiones sobre la mirada del protagonista.

Frank Bascombe intenta convivir con el mundo, avanzar por su periodo de existencia mirando alrededor, la forma de ayudar, de ayudarse, de equilibrar una vida sacudida por la muerte de su hijo y su divorcio. Ha dejado el periodismo deportivo para ser agente inmobiliario, para encontrar a los demás un lugar para la vida, nuevos inicios, algo que sacuda la rutina. Una casa es algo más que un objeto, es un proyecto, una vida en común.

En tres días se ven los intentos de Frank por vender una casa a unos clientes desesperantes, por llevar a su hijo de viaje para poder entrar en su mundo y ayudarle con su miedo, su sensación de pérdida y llevarlo en una dirección esperanzadora, por delinear su relación con Sally, con Ann, su ex mujer.

Este libro puede echar atrás, es decir, es profundamente descriptivo, puede hacerse lento, pero cómo está escrito. Me ha gustado tanto como El periodista deportivo (sus cuentos siempre están un peldaño por encima). Me falta Acción de gracias para completar la historia de Frank Bascombe y su lugar en el mundo. Me ha gustado por la fragilidad, por lo exhaustivo, por leer sobre una persona cercana y complicada, porque a veces necesito leer sobre un tipo que está en un porche, mira a lo lejos, te describe cada cosa que ve y lo relaciona con su propia vida, con sus recuerdos. Hay cierta fragilidad en todo esto.





No hay mayor desilusión que la incapacidad para compartir con otra persona un conocimiento que consideramos esencial.
Richard Ford
El día de la independencia (traducción de Mariano Antolín Rato. Anagrama)



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Publicado por elchicoanalogo @ 20:05  | Libros...
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Kike es realizador de televisión. Me enseñó a ser un cámara competente fuera de los libros de teoría. Recuerdo que lo primero que me dijo fue “no sé cómo te llamas, sigue al presentador” e iba corrigiendo mi plano. En un mes aprendí más con sus indicaciones que en los tres años anteriores de clases. Kike es una de las pocas personas que conozco que es imprescindible en su trabajo. No sólo realiza y edita, también arregla las averías de cámaras y ordenadores. Un hombre multiusos. Me escribió un correo. Para agradecerme mi ya, según él, clásica postal navideña. Y para desearme un año tranquilo y literario. A ambos nos gusta Bukowski y Pessoa, extraña combinación. Un tipo entrañable.

Por primera vez he recibido una postal de Arantza. Este año, entre otras muchas cosas, ha sido el de nuestro reencuentro. Uno de los hermosos momentos que he vivido. Nada mes verme me dijo aquello de “pareces un psiquiatra argentino”. Recuperé a la amiga habladora, acogedora y cercana. Y en cada encuentro descubro a la mujer adulta e inquieta que me perdí en estos 15 años de ausencia. En su postal, un poema de Hikmet.

El más bello de los mares
es aquel que no hemos visto.
La más linda criatura
todavía no ha nacido.
Nuestros días más hermosos
aún no los hemos vivido.
Y lo mejor de todo aquello que tengo que decirte
todavía no lo he dicho.
Nâzim Hikmet

Y tal vez sea eso, lo más hermoso está por llegar. Una postal navideña diferente.

Ana y yo nos escribimos cartas durante 10 años. Cartas cada vez más largas y personales donde contar aquello que no nos dejaba avanzar o nos molestaba, nuestros sueños, nuestras pequeñas victorias. Interrumpimos la correspondencia, había otras cosas de las que ocuparse y no encontramos tiempo para seguir con ella. Este mes, junto a nuestras postales, una carta, como en los viejos tiempos. Para ponernos al día.

Para Kike, Arantza y Ana, un villancico de los Ramones…



Merry Christmas (I Don't Want To Fight Tonight) - The Ramones



Merry Christmas, I don't want to fight tonight
Merry Christmas, I don't want to fight tonight
Merry Christmas, I don't want to fight tonight with you

Where is Santa? At his sleigh?
Tell me why is it always this way?
Where is Rudolph? Where is Blitzen, baby?
Merry Christmas, merry merry merry Christmas

All the children are tucked in their beds
Sugar-plum fairies dancing in their heads
Snowball fighting, it's so exciting baby

I love you and you love me
And that's the way it's got to be
I loved you from the start
'Cause Christmas ain't the time for breaking each other's hearts

Where is Santa? At his sleigh?
Tell me why is it always this way?
Where is Rudolph? Where is Blitzen, baby?
Merry Christmas, merry merry merry Christmas

All the children are tucked in their beds
Sugar-plum fairies dancing in their heads
Snowball fighting, it's so exciting baby

Yeah, yeah, yeah

I love you and you love me
And that's the way it's got to be
I loved you from the start
'Cause Christmas ain't the time for breaking each other's hearts

Merry Christmas, I don't want to fight tonight
Merry Christmas, I don't want to fight tonight
Merry Christmas, I don't want to fight tonight with you

Tags: Villancicos, navidad, Nâzim Hikmet, Merry Christmas, The Ramones

Publicado por elchicoanalogo @ 11:38  | Festividades
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Martes, 16 de diciembre de 2008

Hace un año en el foro de Lectores empedernidos abrimos un tema donde dejar nuestros propósitos para 2008. Ayer recuperé lo que escribí para repasar mis deseos y ver cuáles cumplí. Creo que es sano hacer estos ejercicios, no quedarse en la primera parte, escribir una lista de propósitos y olvidarla, hay que volver a ella y descubrir qué conseguimos. Mi lista fue la siguiente…

Cuidar más la alimentación, hacer más ejercicio y volver a mi peso de hace dos años.
A día de hoy he adelgazado 36 kilos, no sólo volví a mi peso de hace dos años, sino que estoy por debajo de él. Hago ejercicio de manera regular, sobre todo en largas caminatas, ya sea por la ciudad o camino de la playa.

Ser una buena persona y no perder los nervios en determinadas situaciones.
Son los demás quienes tienen que decir si soy o no una buena persona. Imagino que este año habrá quien no opine así. Es justo. Por momentos no me comporté como tal. Propósito en suspenso.

Que mis trabajos temporales sean, al menos, de más de un par de semanas.
Mis trabajos siguieron siendo temporales, pero algunos duraron casi tres meses, lo que me dio cierta estabilidad. Propósito (medio) conseguido.

Mantener mi cabeza ocupada para no pensar demasiado.
En estos días es cuando empiezo a conseguir tranquilidad, el resto del año, cada día, tenía docenas de pensamientos y sentimientos en mi cabeza, como ruido de fondo, de manera constante y peligrosa y dañina. Propósito en suspenso.

Comprar más libros (llevaba dos años donde la compra de libros ha sido un cuentagotas)
Llevo 160 libros comprados, y aún quedan dos semanas de 2008. Por un año no me preocupé el dinero, gasté todo lo que conseguí en trabajos que detestaba en libros y viajes. En esta época de crisis fue extraño no sentir la mínima preocupación por el valor de las cosas. Propósito ampliamente superado.

No meter la pata más de lo necesario.
Como dice Mariola, este año ha sido el de las cagadas (que tanto le hacen reír). Por tanto, propósito fracasado. He metido la pata más de lo necesario, he acumulado una buena serie de errores.

Escribir y leer más.
He escrito mucho, cada día he dedicado una hora a escribir, algunas cosas las he subido al blog, otras a facebook, algunas las he guardado y de vez en cuando borraba esas páginas porque sólo necesitaba desahogarme y escribir exactamente lo que sentía, necesitaba deshacerme de mis pensamientos más negros. Con la lectura he ido a trompicones, he leído un tercio de lo que suelo leer. Ha sido un año complicado. Propósito en suspenso.

Hacer caso de los consejos que recibo.
Mariola, de nuevo, se reiría de mí. Me dice que no hice caso de los consejos que me dio y que debería dejarme ayudar. Doy mucha importancia a los consejos que recibo, mucha, pero en algunos aspectos no consigo seguirlos si siento algo más fuerte. Propósito fracasado.


Mis objetivos de 2009, tranquilidad y trabajo, cuidar mi asma y tener un año saludable, un sueldo modesto pero continuo, estar ahí cuando me necesiten… Y sobre el amor…, no sé, nada, no espero nada con respecto al amor.
El año que viene repasaré este párrafo...


Tags: propósitos navideños

Publicado por elchicoanalogo @ 9:29  | Great White Way
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Sábado, 13 de diciembre de 2008
He recibido una de las postales navideñas más divertidas (y aseadas) que recuerde. Todo empezó con mi último viaje a Valladolid. Mariola estaba sentada en uno de los bancos de la estación, despistada en su mp3. No llegó a verme bajar del autobús. Me planté delante de ella y la saludé por segunda vez. Me miró, esas miradas abarcadoras, de arriba abajo. Dijo algo así cómo “estarás contento, ¿no?", y me reprendió por presentarme con pintas de salvaje, pelo largo, barba de tres meses sin recortar. Fue un viaje hermoso.

Al regresar me di cuenta de que Mariola tenía razón, debía cambiar mi imagen de salvaje, de náufrago. Pasé por mi peluquería, me corté el pelo más corto de lo habitual, me afeité por completo, la primera vez que lo hacía en 11 meses, y me hice una foto para que Mariola viera que cumplí lo prometido. Su respuesta fue contundente: pareces más joven… y más aseado. Desde entonces la palabra que más repito cuando hablo con ella es “aseado”. Todo es aseado, como un poema de Girondo, aseados buenos días, abrazos aseados, aseadas conversaciones, aseados paseos, aseados deseos navideños, aseadas mis cagadas que le hacen reír. Me hizo gracia. Pareces más aseado. Contigo no, bicho aseado…

Hace un par de meses Mariola empezó a tomar clases de guitarra. Así que en su honor va esta versión instrumental del villancico Joy to the World a cargo del guitarrista Steve Morse (Dixie Dregs, Kansas, Deep Purple), del que en unos días subiré varios temas de mis dos discos favoritos, Southern Steel y Coast to Coast. Me gusta esta versión, dinámica y entretenida.

Aseadas navidades, aseada amiga. (Aseadas) gracias por cada momento (aseado) compartido. Se te quiere (aseadamente).



Joy to the world (Steve Morse)




Tags: Villancicos, Navidad, Joy to the world, Steve Morse

Publicado por elchicoanalogo @ 14:45  | Festividades
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Por septiembre
se te llenan de sótanos los labios
y es relativo el cielo
después de haberte visto preguntarle a la vida.
Pero también el cielo,
arrugado y preciso
como tu cazadora adolescente,
quiere estar entreabierto,
brillar recién amado,
descansando en la hierba
el peso de su larga cabellera de nubes.

Por septiembre
se te llenan de humo los síes en la boca.
Luis García Montero

Por septiembre


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Publicado por elchicoanalogo @ 7:32  | Poesía
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Viernes, 12 de diciembre de 2008
Jacques Tourneur es uno de esos directores olvidados, sólo conocido por cinéfilos y ratones de cinemateca. Hace unos 10 años, en clase de cine, empecé a fijarme en él, en cómo sacaba adelante películas de bajo presupuesto con gran imaginación, buenas historias y talento. Me sedujeron aquellas películas de los primeros años 40 llenas de atmósferas sombrías e inquietantes como La mujer pantera, una febril y enigmática historia de amor, El hombre leopardo o la extraordinaria Yo anduve con un zombie, con algunas de las más bellas e irreales imágenes de vudú y muertos vivientes que recuerde. Eran historias donde se sugiere sin mostrar, donde no se enfatiza ni se da todo mascado, escenas oníricas donde predominaba la importancia de las sombras (por ahí andaba el gran director de fotografía Nick Musuraca)

Cuando estudiamos el cine negro nos quedamos boquiabiertos con Retorno al pasado, Mitchum y Douglas juntos, la vampírica Jane Greer, el destino inquebrantable, el pasado del que es imposible huir, la inquietud y los claro oscuros del ser humano. Una de las grandes películas que recuerdo.

Una de mis películas de infancia es El halcón y la flecha, la aventura por la aventura, ese sentimiento saltimbanqui que transmitía Burt Lancaster y su compinche circense Nick Cravat en una historia que recordaba a Guillermo Tell y con una hermosa Virgina Mayo. Encantadora.

También recuerdo un par de westerns notables, Tierra generosa y Wichita, con cierto aire extraño, imágenes entre secas e irreales. Y es que en el cine de Tourneur parece que todo se cubre con un halo fantasmagórico.


Jacques Tourneur en Alohacriticón
En la wikipedia.


La mujer pantera





Yo anduve con un zombie



Retorno al pasado




Tags: Jacques Tourneur, La mujer pantera, Yo anduve con un zombie, Retorno al pasado

Publicado por elchicoanalogo @ 0:01  | Cine
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Jueves, 11 de diciembre de 2008

Oh mar, enorme mar, corazón fiero
De ritmo desigual, corazón malo,
Yo soy más blanda que ese pobre palo
Que se pudre en tus ondas prisionero.

Oh mar, dame tu cólera tremenda,
Yo me pasé la vida perdonando,
Porque entendía, mar, yo me fui dando:
«Piedad, piedad para el que más ofenda».

Vulgaridad, vulgaridad me acosa.
Ah, me han comprado la ciudad y el hombre.
Hazme tener tu cólera sin nombre:
Ya me fatiga esta misión de rosa.

¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena,
Me falta el aire y donde falta quedo,
Quisiera no entender, pero no puedo:
Es la vulgaridad que me envenena.

Me empobrecí porque entender abruma,
Me empobrecí porque entender sofoca,
¡Bendecida la fuerza de la roca!
Yo tengo el corazón como la espuma.

Mar, yo soñaba ser como tú eres,
Allá en las tardes que la vida mía
Bajo las horas cálidas se abría...
Ah, yo soñaba ser como tú eres.

Mírame aquí, pequeña, miserable,
Todo dolor me vence, todo sueño;
Mar, dame, dame el inefable empeño
De tornarme soberbia, inalcanzable.

Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza.
¡Aire de mar!... ¡Oh, tempestad! ¡Oh enojo!
Desdichada de mí, soy un abrojo,
Y muero, mar, sucumbo en mi pobreza.

Y el alma mía es como el mar, es eso,
Ah, la ciudad la pudre y la equivoca;
Pequeña vida que dolor provoca,
¡Que pueda libertarme de su peso!

Vuele mi empeño, mi esperanza vuele...
La vida mía debió ser horrible,
Debió ser una arteria incontenible
Y apenas es cicatriz que siempre duele.
Alfonsina Storni
Frente Al Mar


Tags: Frente Al Mar, Alfonsina Storni

Publicado por elchicoanalogo @ 12:35  | Poesía
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Domingo, 07 de diciembre de 2008
Recapitulo…

Mi primer libro de Murakami fue Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, dentro de la colección narradores del mundo de El círculo de lectores. Me atrajo el título, enigmático y poético, además de la posibilidad de adentrarme en una literatura en la que apenas me había fijado. Crónica… me trajo 900 páginas de historia surrealista y onírica, algo que, más tarde, descubrí como una de las marcas de Murakami, imágenes poderosas, historias que se cruzan en el tiempo, en mundos (im)posibles. En este instante recuerdo al protagonista encerrado en un pozo (elemento que se repetirá en otras novelas de Murakami), mirando la luz de las estrellas titilante. Y el salvaje despellejamientos de un hombre en la frontera chino/rusa durante la segunda guerra mundial. Y una mujer pequeña, irreal. Me recordó el cine de David Lynch, en especial Carretera perdida. Me gustó, era una historia enrevesada e interesante.
Un par de años más tarde me hice con Tokio Blues. Melancolía en estado puro, languidez, tristeza. Una historia preciosa, sublime. Ahí quedé atrapado por la forma de escribir de Murakami, cómo entreteje imágenes melancólicas, recuerdos lánguidos, jazz, personajes curiosos, la sensación de pérdida en el paso a la madurez y la imposibilidad de dejar pegada la vida en ese punto donde sientes que no podría ser mejor.
Coloco un peldaño por encima Al sur de la frontera, al oeste del sol, aunque la forma, la melancolía se asemeja a Tokio Blues. No sé, tiene páginas e imágenes muy hermosas. Cierto beso helado. La pérdida. La melancolía.
Cuando terminé Kafka en la orilla me sentí extraño, me gustó la forma, el contenido se me quedó corto, y veía un problema. Crea un misterio tan fuerte en la historia de los niños que se desmayan en el bosque que, en mi opinión, no sabe resolver, o lo hace de una manera excesivamente simbólica. Otro de sus libros extraños, más cercanos al universo de Lynch, pero que atrapa por su escritura cristalina.
After dark me gustó, aunque no me apasionó. En ese momento no necesitaba algo tan conciso, tan cinematográfico. Porque la escritura recuerda a los guiones de cine. Presentación austera del decorado, los personajes y diálogos. Los diálogos, eso sí, increíbles, tengo anotados varios que me gustaron sobremanera. Pero, no sé, necesitaba algo más melancólico, más cercano a un Kawabata. Hay un momento, la chica en una habitación cerrada, que me pareció “encontrar” a Auster. Fue algo extraño.
El jazz y la música clásica, el cruce de lo onírico con la realidad, de mundos posibles y paralelos, las historias lánguidas de amor, la pasión por la literatura, los pozos, la melancolía, los diálogos existenciales, las frases que son como esas balas de las películas de Peckinpah que desgarran un cuerpo por entero, el dolor de la madurez y cierta sensación de estar perdido. Murakami.
En mi pila de pendientes, algo más de 200, tengo su libro de relatos y La caza del carnero salvaje, me daré un tiempo para retomar a Murakami tras el empacho de los últimos tres años.

De Crónica del pájaro que da cuerda al mundo... Una vez más me he extendido demasiado. Pero lo que verdaderamente quería que supiera era esto. Soy un ser humano que, en cierto momento perdió su propia vida y ha vivido más de cuarenta años acompañado de esa vida perdida. Como persona que se encuentra en esa situación, creo que la vida es mucho más limitada de lo que piensan las personas que están en pleno proceso vital. La luz brilla durante un limitado y brevísimo espacio de tiempo en el acto de vivir. Quizá sólo unas decenas de segundos. Una vez se ha ido si has fracasado en el intento de alcanzarla revelación que se te ofrecía, no tienes una segunda oportunidad. Y luego deberás pasar el resto de tus días dentro de una profunda soledad sin esperanza ni remordimiento. En este mundo del crepúsculo, la persona ya nunca podrá esperar nada. Lo único que poseerá serán los restos efímeros de lo que pudo haber sido.

Más y mejor sobre Murakami en los siguientes enlaces:
Haruki Murakami en la wikipedia
Aloha criticón

Hay muchas maneras de vivir. Hay muchas maneras de morir. Pero eso no tiene ninguna importancia. Al final sólo queda el desierto.



Tags: Haruki Murakami

Publicado por elchicoanalogo @ 21:54  | Libros...
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Viernes, 05 de diciembre de 2008
La obra es una mezcla fascinante de paisajes líricos y agudamente personales, con otros más contundentes y anecdóticos en torno a sus años de juventud en aquel encantado lugar en el que fue «muy pobre pero muy feliz», en un tiempo de ilusión entre dos épocas de atrocidad. Diario del hombre y del escritor, crónica de una época y una generación irrepetibles, este texto alinea en sus páginas a figuras como Gertrude Stein, Ezra Pound, Scott Fitzgerald o Ford Madox Ford.


Un libro bohemio, lleno de amor por la literatura y por París. Hemingway escribe desde y sobre cafés, mira a su alrededor, a las calles parisinas, a los pescadores del río Sena, a los hipódromos, a los artistas que inundaban aquella ciudad, Joyce, Picasso, Fitzgerald, habla sobre el arte de escribir, de subsistir, de relacionarse.

Hay una cierta imagen mítica del París que retrata Hemingway, una ciudad de artistas y viajeros, de escritores que intentan captar otra realidad, un lugar de encuentro y supervivencia. Son los años de entreguerra, el desastre de las trincheras dejado atrás, la sensación de una extraña euforia, las fiestas y la celebración de la escritura (el recuerdo, la añoranza y las mentiras conscientes). Buen libro.





Era una maravilla bajar los largos tramos de escaleras y tener conciencia de que el trabajo se me había dado bien. Cada día seguía trabajando hasta que una cosa tomaba forma, y siempre me interrumpía cuando veía claro lo que tenía que seguir. Así estaba seguro de continuar al día siguiente. Pero a veces, cuando empezaba un cuento y no había modo de que arrancara, me sentaba ante la chimenea y apretaba una monda de mandarina y caían gotas en la llama y yo observaba el chisporroteo azulado. De pie, miraba los tejados de París y pensaba: «No te preocupes. Hasta ahora has escrito y seguirás escribiendo. Lo único que tienes que hacer es escribir una frase verídica. Escribe una frase tan verídica como sepas.» De modo que al cabo escribía una frase verídica, y a partir de allí seguía adelante. Entonces se me daba fácil porque siempre había una frase verídica que yo sabía o había observado o había oído decir. En cuanto me ponía a escribir como un estilista, o como uno que presenta o exhibe, resultaba que aquella labor de filacterio y de voluta sobraba, y era mejor cortar y poner en cabeza la primera sencilla frase indicativa verídica que hubiera escrito. En aquel cuarto tome la decisión de escribir un cuento sobre cada cosa que me fuera familiar. Tenía esa intención presente siempre que escribía, y me daba una disciplina buena y severa.
Ernest Hemingway
París era una fiesta (traducción de Gabriel Ferrater. Seix Barral)

Tags: París era una fiesta, Ernest Hemingway, Gabriel Ferrater, Seix Barral

Publicado por elchicoanalogo @ 15:39  | Libros...
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Te quiero.

Te lo he dicho con el viento
jugueteando tal un animalillo en la arena
o iracundo como órgano tempestuoso;

te lo he dicho con el sol,
que dora desnudos cuerpos juveniles
y sonríe en todas las cosas inocentes;

te lo he dicho con las nubes,
frentes melancólicas que sostienen el cielo,
tristezas fugitivas;

te lo he dicho con las plantas,
leves caricias transparentes
que se cubren de rubor repentino;

te lo he dicho con el agua,
vida luminosa que vela un fondo de sombra;
te lo he dicho con el miedo,

te lo he dicho con la alegría,
con el hastío, con las terribles palabras.
Pero así no me basta;
más allá de la vida
quiero decírtelo con la muerte,
más allá del amor
quiero decírtelo con el olvido.
Luis Cernuda
Te quiero


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Publicado por elchicoanalogo @ 15:37  | Poesía
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Ayer tuve una agradable sorpresa. Un lector de este blog me envío un correo, y en el correo, un cuento, El ojo de la ballena, que subo después de haber obtenido su permiso. Su autor es Guillermo Monti y ésta es su página: holdencaulfield08.blogspot.com, que merece la pena visitar. Hermoso e interesante cuento. Y gran final...

1
Cada mediodía, cuando el puerto bullía de barcos que atracaban, mercancías apiladas y marineros ruidosos, el pequeño se acomodaba en un rincón, con la gran Biblia negra de su madre en el regazo. Ella lo había iniciado en el Cantar de los Cantares, pero rápidamente pasó al Levítico, y por esos tiempos lo habían capturado las advertencias de los profetas. Saltaba con fruición de Isaías a Jeremías, de Jeremías a Ezequiel, y de Ezequiel a Isaías. De tanto en tanto interrumpía la lectura y se dejaba arrastrar por extensas ensoñaciones, durante las que perdía la mirada en el mar.
Era un personaje más de ese micromundo de olores penetrantes, hombres curtidos por la sal y por la soledad, de gigantes de madera y de hierro que lo invitaban a cabalgar. Lo saludaban con una tosca caricia en la cabeza, con un guiño. Los pocos que sabían leer dejaban la bolsa a un costado, hincaban la rodilla y se llevaban un párrafo del Exodo o una aventura de Salomón. Habían aprendido a querer a ese niño de escasas palabras que nunca había conocido a su padre. Se lo había devorado una tormenta en el estrecho de Magallanes.
La ropa le quedaba holgada. Las mangas de la chaqueta le cubrían los dedos y el gorro le invadía la nariz. Era flaco, muy flaco, y calzaba enormes zapatos negros. No tenía hermanos, ni abuelos, apenas un par de tíos dispersos por los océanos y un perro que mucho tiempo atrás había dejado de serle fiel. Su amor era su madre, y su dolor la tristeza que ella transmitía.
Lo apasionaban las historias de los arponeros, esas montañas de músculos capaces de domar a una bestia con un centelleante movimiento de su brazo. Los imaginaba como imponentes Goliaths, feroces guerreros capaces de matar a un monstruo marino y de encabezar en cubierta ceremonias demenciales y paganas. Seguía con atención las hazañas de Ko, el hambriento tigre malayo que era leyenda entre los balleneros. El más valiente de todos.

2
Una mañana, aprovechando el nervioso traqueteo que precede a la suelta de amarras, mientras los marineros colmaban las bodegas para satisfacer una aventura de incontables meses, se escabulló y recorrió el puente sin llamar la atención. Acarició las sogas -más gruesas que sus tobillos-, comprobó la aspereza de la vela y disfrutó al recostarse, por un instante, al macizo cobijo del palo mayor. Amaba ese barco, todos los barcos; amaba el mar. Sabía, con apenas 10 años, que esa sería su vida y su tumba. Lo deseaba fervientemente.
Trepó ágilmente por una escalerilla, rumbo a la popa, y le faltó el aire cuando se encontró a centímetros del timón. Todo estaba acomodado en la sólida mesita: la brújula, el compás, las cartas, algunos instrumentos que no conocía y un deslumbrante relicario de oro.
- No toques eso.
La voz era grave, pero amigable.
- Es del capitán. Antes de zarpar realiza una ceremonia aquí y estudia durante largo rato esa imagen.
Descubrir quién era su interlocutor volvió a sacudirlo.
- Soy Ko, mucho gusto.
Levantó la cabeza y se le antojó que era el hombre más grande que había visto. Llevaba sólo unos gastados pantalones blancos. Era totalmente lampiño, apenas unas delicadas líneas se distinguían en el lugar de las cejas. Su piel cobriza hablaba de incontables hazañas, narradas por una colección de pictogramas con forma de cicatrices.
- ¿Qué tienes ahí?
Apretó la Biblia contra el pecho y miró al gigante sin temor.
- Ah, el libro... Ese libro... ¿Y qué opinas de lo que dice?
- Son historias muy hermosas. Y terribles.
- ¿Crees que son ciertas?
- Dios lo escribió.
- ¿Dios?
- Sí, me lo explicó mi madre.
- ¿Y dónde está Dios? ¿En este barco? ¿En el mar? ¿Sabe matar ballenas?
- Dios es nuestro Padre.
Ko se arrodilló, aparentemente muy interesado por la charla. Aún así era más alto que el chico.
- ¿Es un Dios bueno?
- Sí.
- ¿Es capaz de perdonar?
Los interrumpió un tumulto. Los gritos llegaban de estribor. Una gran caja con harina y azúcar había ido a parar al agua, y dos grumetes se habían enredado en una pelea. El aluvión de carcajadas que los animaba cesó bruscamente y el bullicio que instantes antes le daba vida a la nave mutó en absoluto silencio. El chico, desde su privilegiada posición, notó que la figura del capitán había restablecido el orden. No necesitó hablar, ni siquiera amonestó a los revoltosos. Le bastó con poner un pie en cubierta para transmitir la más formidable autoridad. Esa imagen acompañó al niño para siempre.

3
Cuando un barco toca puerto después de una extenuante travesía se pone en marcha un particular ritual. Desde las entrañas de la nave, los hombres se preparan para vivir la extraña transición que va de un viaje a otro. En tierra firme los esperan mujeres, hijos, hermanos, padres. Algunos disfrutan la dicha del reencuentro. Los más aguardan un derrame del dinero contante y sonante que cada marinero se lleva de la oficina de pagos.
Nadie recibió a Ko esa agobiante tarde de julio. Sólo el muchacho -más alto, más flaco, más curioso que nunca-. Una charla había quedado inconclusa casi un año atrás y él tenía la ilusión de continuarla. En realidad, lo que pretendía era escuchar al malayo. Lo que nunca había imaginado era recibir un regalo.
Ko lo había distinguido desde cubierta, y cuando aterrizó con un brinco prodigioso, extrajo del morral un envoltorio y se lo entregó al chico.
- Este es el dios en el que yo creo-, le dijo, y se perdió entre la multitud de abrazos, besos apasionados y lágrimas reprimidas de quienes se habían quedado solos.
Corrió a su casa con la Biblia en una mano y el paquetito en la otra. Su madre, ocupada en la taberna, le había dejado comida en una ollita. Se sentó en la cama y fue despegando los pliegues de tela hasta darse con la sorpresa. Era el ojo de un cachalote; un perfecto globo blanco surcado por frágiles y zigzagueantes venitas rojas. Del tamaño de un puño. El iris, negro en su homogénea perfección, lo taladraba hasta el corazón.
Perturbado, emocionado, se tumbó en el colchón y abrió el libro al azar. Y leyó: “morará el lobo con el cordero, y el tigre con el cabrito se acostará: el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará. La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas; y el león como el buey comerá paja. Y el niño de teta se entretendrá sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna del basilisco. No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como cubren la mar las aguas”.
Se durmió con la vista fija en ese ojo laboriosa y sabiamente disecado.

4
Su madre nunca aparecía por el puerto. Demasiado ocupada estaba en ganar el pan. Así que encontrarla allí esa mañana fue todo un gozo para el chico. Se sentaron juntos, los pies jugueteando con el agua, y él recostó la cabeza en su hombro.
- Háblame de Dios. ¿Es El capaz de perdonar?
- Por supuesto. El nos ama. ¿Por qué preguntas eso?
- ¿Por qué se llevó a papá?
- Sus designios escapan a nuestra comprensión. Tenemos que aceptarlos porque El así lo ha decidido. Somos sus hijos y le debemos obediencia.
- Es lo que dice la Biblia.
Ella lo abrazó y lo besó en la frente.
- Algún día lo comprenderás, Ahab.
El niño no quedó muy convencido.

Tags: El ojo de la ballena, Guillermo Monti

Publicado por elchicoanalogo @ 11:34  | Voces amigas
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Jueves, 04 de diciembre de 2008

Alga quisiera ser, alga enredada,
en lo más suave de tu pantorrilla.
Soplo de brisa contra tu mejilla.
Arena leve bajo tu pisada.

Agua quisiera ser, agua salada
cuando corres desnuda hacia la orilla.
Sol recortando en sombra tu sencilla
silueta virgen de recién bañada.

Todo quisiera ser, indefinido,
en torno a ti: paisaje, luz, ambiente,
gaviota, cielo, nave, vela, viento…

Caracola que acercas a tu oído,
para poder reunir, tímidamente,
con el rumor del mar, mi sentimiento.
Ángel González
Alga quisiera ser, alga enredada (en Áspero mundo)


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Publicado por elchicoanalogo @ 9:13  | Ángel González
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