Viernes, 09 de enero de 2009
Está ese momento donde terminas un libro y aún tienes las páginas y los personajes y la historia pegados a la yema de los dedos. Sientes cierta pérdida, en cierta forma es un abandono, un final, un libro que te ha acompañado dos días, una semana, del que has entrado y salido, como una vida paralela y lo cierras. Y las palabras y las hojas y la historia y los personajes se oscurecen con ese cierre. Repito, cierta sensación de pérdida y tristeza. Como ocurre con cualquier final. Y buscas un lugar para ese libro. Tengo separados mis libros entre los leídos y los pendientes. Van de unas estanterías a otras. Y cuando colocas el libro entre otros del mismo autor o de la misma editorial te vas deshaciendo de él, o él te abandona poco a poco. Y vuelves la mirada. Con la pérdida. Y descubres más de un centenar de historias por leer. Y buscas un nuevo libro. Hay momentos donde sabes qué quieres, un libro de viajes, algo oriental, una historia para pasar el rato, ciencia ficción, una buena trama de novela negra. Y sólo has de alargar la mano. En otras ocasiones dudas, no sabes qué elegir. Y vas saltando de un libro a otro, lees párrafos, devuelves el libro porque no te convence, porque estás buscando no una historia sino una emoción, algo indefinible. Y de repente lees el primer párrafo de Incendios, de Richard Ford,

En el otoño de 1960, cuando yo tenía dieciséis años y mi padre llevaba sin trabajo algún tiempo, mi madre conoció a un hombre llamado Warren Miller y se enamoró de él. Esto sucedió en Great Falls, Montana, en la época del boom del petróleo en Gipsy Basin, adonde mi padre nos había llevado en la primavera de aquel año desde Lewiston, Idazo, en la creencia de que la gente –gente modesta como él- estaba haciendo dinero en Montana –o lo haría muy pronto-, y con el deseo de llevarse un trozo del pastel mientras duraran los buenos tiempos, antes de que todo se fuese al traste y se esfumase en el viento.

Y sabes que has encontrado eso que buscabas, que estás ante una historia que te despertará y te apretujará las entrañas.

Richard Ford regresa a la Montana de sus cuentos recogidos en Rock Springs y tal vez sea eso, un cuento largo que bien podría estar en aquel libro. El estilo, el paisaje, los personajes te remiten a su anterior libro, nada del exhaustivo y reflexivo Frank Bascombe sino la cotidianeidad de sus cuentos, las frases cortas, sencillas y, a la vez profundas y con una suave melancolía. Incendios es como leer el retazo de una vida, de un chico adolescente que intenta entender el mundo de sus padres, de los adultos, en un lugar nuevo, desconocido, asediado por los incendios de las cercanas montañas rocosas. El humo que esconde el horizonte y a la vez es el signo de la tierra devastada. Cuatro personajes bien trazados, un chaval que mira aturdido alrededor, su padre que decide partir hacia los incendios en busca de una oportunidad, su madre que no soporta la soledad, que necesita que merece algo más, un extraño que se cuela y busca un pedazo de pasión, y el frió otoñal de un paisaje seco, que se quema. Incendios es pura emoción, es, sencillamente, la incomprensión de la vida y la búsqueda de una explicación, de algo a lo que agarrarse, de la fidelidad y el dolor de la perdida, de un ubicarse en el mundo como buenamente se puede, sabiendo que, ahí delante, esperan pequeños fuegos, y que esos fuegos, a veces, se unen para formar un gran incendio.

Y ahora estoy en ese momento donde tengo que dejar un libro que me ha conmovido, con la vida de Joe y sus padres aún resonando en mí, y buscar una nueva historia, algo diferente. Tal vez Sorgo rojo.





Me pregunté si existía alguna pauta o algún orden en la propia vida; no una pauta u orden que uno conociera, sino algo que actuara en su persona e hiciera que los hechos, cuando acontecieran, parecieran justos y oportunos, o le infundiera confianza en relación con ellos, o le indujera a aceptaros aún cuando parecieran negativos. O si todo simplemente sucedía, incesantemente, como en un torbellino, sin que nada lo detuviera o lo causara… de modo idéntico al que suponemos en las hormigas o en las moléculas bajo el microscopio, o al que supondrían en nosotros, sin conocer nuestras dificultades y problemas, quienes nos observaran desde otros planetas.

( … )

Y yo quería responderle algo, aunque no estuviera hablando conmigo sino consigo, o con nadie. No tenía intención de contarle a mi padre nada de aquello, y quería que ella lo supiera, pero no quería ser el último en hablar. Porque si decía algo, cualquier cosa, mi madre guardaría silencio como si no me hubiera oído, y yo tendría que vivir con mis palabras –fueran cuales fueren- tal vez para siempre. Y hay palabras –palabras importantes- que uno no quiere decir, palabras que dan cuenta de vidas arruinadas, palabras que tratan de arreglar algo frustrado que no debió malograrse y nadie deseó ver fracasar, y que, de todas formas, nada pueden arreglar.
Richard Ford
Incendios (traducción de Jesús Zulaika. Anagrama)

Tags: Incendios, Richard Ford, Jesús Zulaika, Anagrama

Publicado por elchicoanalogo @ 19:21  | Libros...
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Comentarios
Acabo de leer "Incendios" la noche anterior; y creo que de haber escrito algo al respecto eso mismo es lo que habr?a escrito. Tengo a?n los personajes y las palabras dentro, atorados a medio camino. Siento como si no pudiera sacarlos -y es posible que no quiera hacer eso-. Creo, mientras pasan las horas, estar teniendo ese mismo sentimiento de perdida, de tener que renunciar a algo para poder seguir, como lo expresaba la madre de Joe en las p?ginas de la novela. El impacto fue tan grande que creo que a?n no lo comprendo bien. Gracias por tus palabras amigo, hacen un poco m?s f?cil llevar consigo esta sensaci?n innombrable y anonima.
Publicado por Eugenio
Martes, 29 de diciembre de 2009 | 19:43
Saludos, Eugenio,
Mis dos libros favoritos de Ford son el Rock Springs e Incendios, ambos transcurren en Montana y comparten el tono de p?rdida y reflexi?n. Es una de esas historias que se quedan dentro, que acongojan por su cercan?a y sencillez. Uno de mis libros favoritos.
Abrazos
Fernando
Publicado por elchicoanalogo
Martes, 29 de diciembre de 2009 | 19:52