lunes, 19 de enero de 2009
Abandoné las sombras,
las espesas paredes,
los ruidos familiares,
la amistad de los libros,
el tabaco, las plumas,
los secos cielorrasos;
para salir volando,
desesperadamente.

Abajo: en la penumbra,
las amargas cornisas,
las calles desoladas,
los faroles sonámbulos,
las muertas chimeneas,
los rumores cansados;
pero seguí volando,
desesperadamente.

Ya todo era silencio,
simuladas catástrofes,
grandes charcos de sombra,
aguaceros, relámpagos,
vagabundos islotes
de inestables riberas;
pero seguí volando,
desesperadamente.

Un resplandor desnudo,
una luz calcinante
se interpuso en mi ruta,
me fascinó de muerte,
pero logré evadirme
de su letal influjo,
para seguir volando,
desesperadamente.

Todavía el destino
de mundos fenecidos,
desorientó mi vuelo
—de sideral constancia—
con sus vanas parábolas
y sus aureolas falsas;
pero seguí volando,
desesperadamente.

Me oprimía lo fluido,
la limpidez maciza,
el vacío escarchado,
la inaudible distancia,
la oquedad insonora,
el reposo asfixiante;
pero seguía volando,
desesperadamente.

Ya no existía nada,
la nada estaba ausente;
ni oscuridad, ni lumbre,
—ni unas manos celestes—
ni vida, ni destino,
ni misterio, ni muerte;
pero seguía volando,
desesperadamente.
Oliverio Girondo
Vuelo sin orillas en Persuasión de los días

Tags: Vuelo sin orillas, Persuasión de los días, Oliverio Girondo

Publicado por elchicoanalogo @ 19:28  | Oliverio Girondo
Comentarios (2)  | Enviar
Comentarios
Magnífico poema. Atmósfera desoladora, asfixiante y sobrecogedora.

Vuelves a tener al gaditano por estos lares.

Un abrazo.
Publicado por Jesus
martes, 20 de enero de 2009 | 20:16
Pues me alegra de que estés de vuelta. Girondo tiene muchas caras, siempre sorprende.
Abrazos expansivos
Publicado por elchicoanalogo
martes, 20 de enero de 2009 | 20:25