lunes, 26 de enero de 2009
Huyendo en parte de su pasado como activista del IRA, el protagonista llega a una diminuta isla perdida en el océano donde la única edificación es una cabaña del meteorólogo y un faro. Su primera sorpresa consiste en comprobar que el único habitante de la isla no sale a recibirle, pero pronto esto se convierte en un detalle sin importancia cuando descubre que el faro es periódicamente atacado por seres procedentes del mar cuyos objetivos nadie conoce. No tarda en unir esfuerzos con el defensor del faro, Batis Caffó, pero con el paso de los días, y sometido a la extrema tensión de los ataques nocturnos, empieza a replantearse su actitud hacia los supuestos monstruos marinos.
Mediante una estremecedora y emocionante novela en la que la aventura y la acción ocupan un lugar central, el autor plantea de un modo inteligente y agudo la percepción del ser humano hacia el individuo distinto, cuestiona la actitud que hay que adoptar frente al extraño y aboga implícitamente por el diálogo entre los diferentes.

Leer La piel fría ha sido una sorpresa. Apenas tenía detalles de la historia, sólo sabía que un hombre llega a una isla perdida en una especie de huída interior y exterior, que estaba narrada en un tono entre irreal y onírico y había recibido buenas críticas.
A lo largo de la historia hay tantos giros en la trama que te mantiene expectante, con ganas de avanzar, sorprendido por la capacidad de mutación en el narrador, en la realidad de lo que ve y el intento de comprender cada nueva situación.
Un hombre llega a una pequeña isla, que actúa como un personaje más en la historia, para aislarse y tomar distancia con su pasado. Parece que nos encontramos ante una historia reflexiva e intimista. Pero de repente el intimismo se convierte en terror y lucha por la vida. Algo inesperado. Y La piel fría se convierte en una historia agónica, con numerosas capas: la reflexión, el terror, el amor, la soledad, el paisaje interior y la supervivencia.
La forma de escribir de Sánchez Piñol es inteligente, atractiva y reflexiva, por momentos, recuerda a Matheson y Bioy Casares, y La piel fría una gran y grata sorpresa.


El paisaje que un hombre ve, ojos afuera, acostumbra a ser el reflejo de lo que esconde, ojos adentro.
( … )
La noche amplía sus dominios. Ahora sólo se nos conceden tres horas de luz. El resto es patrimonio de la noche. El sol se despide de nosotros antes de que amanezca. ¿Cómo describir en el papel el terror que esto entraña? En condiciones normales, estar aquí, en la isla, ya sería una experiencia formidable y angustiosa. Con los monstruos rodeándonos supera los límites del entendimiento. A menudo, aunque parezca extraño, las pausas entre los ataques son peores que los propios ataques. Dentro del faro, entre penumbra de quinqués, nos llegan los ruidos fusionados del viento, la lluvia y el mar, y esperamos el nuevo día, y esperamos, y seguimos esperando, y no podemos saber si llegará antes la luz o la muerte. Nunca hubiera pensado que el infierno podría ser algo tan simple como un reloj sin agujas.
( … )
La vida no es gran cosa. Sucede, sin embargo, que en su paseo por el mundo la humanidad manifiesta grandes tendencias a pensarse. Pensé en mi primer recuerdo de infancia, y en el último de mi vida civilizada. Mi primer recuero era la visión de un puerto. Tal vez tuviese tres años, o menos. Estaba sentado en una trona, en Blacktorne, junto a varias docenas de niños más. Pero yo estaba cerca de una ventana desde el cual se vislumbraba el puerto más gris del mundo. Mi último recuerdo también era un puerto: el que vi desde la popa del barco que me traslado de Europa a la isla. En efecto, la vida no es gran cosa.
Albert Sánchez Piñol
La piel fría

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Publicado por elchicoanalogo @ 20:24  | Libros...
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