sábado, 31 de enero de 2009
Hay escritores ocultos en blogs y páginas personales que tienen talento y palabras a raudales que emocionan y sorprenden. La última escritora “anónima” que he encontrado ha sido Esther Gutiérrez Araneda, y Ayer un poema que me ha gustado especialmente.

Pensé que al tener
aquella luna llena en mis manos
al fin sería feliz...

Pero solo conseguí nublar
para siempre mis días.

No era la luna lo que yo quería,

sino...

ser capaz de ver
cuando ella se esconde
Esther Gutiérrez Araneda
Ayer


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Publicado por elchicoanalogo @ 13:51  | Relatos de amigos
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viernes, 30 de enero de 2009
A veces los pequeños y cálidos recuerdos aparecen sin invocarlos. Paso la mirada por una estantería repleta de libros por leer y escojo un libro al azar, Las benévolas, que deja un vació con su forma y grosor. Y cuando lo devuelvo a aquel hueco desnudo por resultarme una lectura inadecuada para esos días, roza Tierras de cristal, de Baricco. Hay una hermosa dedicatoria en la primera página. La leí por enésima vez. Por enésima vez una sonrisa, cierta sorpresa por las palabras, nunca me acostumbraré al reflejo (los reflejos) que tienen otras personas de mí. La letra de Sonia, redonda, corpórea, en un hilo azul. Un hilo azul como sustituto de una voz.
Baricco es escritor y es mago, y como con los magos hay que dejarse llevar y disfrutar de su forma poética de escribir, de sus inventos e historias inverosímiles, de su tono de fábula. No hay que intentar descubrir el truco, preguntarse cómo se hace, más vale quedarse con la ilusión, creer que cada página es como un hombre que vuela o la paloma que sale de un pañuelo violeta.
Tierras de cristal me recordó a Seda y Esta historia, los inventos de la segunda, los viajes misteriosos de la primera. Siempre con la prosa poética de Baricco, con sus digresiones sobre la percepción de la realidad (hay una hermosa, muy hermosa, sobre el tiempo y los trenes, el libro merece la pena sólo por esas páginas desvariadas).
Hay una ciudad extraña, unos personajes enigmáticos, inventores, locos, visionarios, una mujer, como siempre, hermosa, tan hermosa que duele, regresos que se anuncian con una cajita y una locomotora que llegará hasta el mar, un inventor de instrumentos musicales, de notas invisibles, capaz de crear dos sinfonías que serán tocadas a la par, un arquitecto que sueña con un palacio de cristal, una viuda que se imagina un matrimonio, un niño que es capaz de ver y paralizar un segundo de una vida, como un fotograma, mientras la vida continúa, un destino en forma de chaqueta de hombre sobre el cuerpo de un niño de ocho años.
Baricco habla del tiempo, del amor, del destino, el dolor, la muerte y el infinito, de cómo a veces la vida/amor es como los raíles de una vía de tren, siempre escapando hacia delante sin alcanzarlos nunca. Su voz es de fábula, de cuento, con detalles y pequeñas historias por doquier.
Y, también, la imaginación como refugio y huida, como soporte de la vida (y con estas páginas recordé Un hombre en la oscuridad de Auster).
No sé si Tierras de cristal es un gran libro o no, sólo sé que es un gran truco de magia. Y me quedo embobado y boquiabierto con la ilusión que se representado ante mí. Y con la dedicatoria de Sonia... (palabras reflejadas).


Tenía grabadas en los ojos dos imágenes: el rostro de Jun, el más bello que había visto en su vida, y la mesa preparada abajo, en el comedor. Los tres candelabros, las luces, el cuello estrecho de las botellas talladas como diamantes, las servilletas con misteriosas letras bordadas, el humo que salía de la sopera blanca, el borde dorado de los platos, la fruta muy brillante depositada sobre grandes hojas en una bandeja de plata. Todas estas cosas y el rostro de Jun. Aquellas dos imágenes le habían entrado por los ojos como la instantánea percepción de la felicidad absoluta y sin condiciones. Se las llevaría consigo para siempre. Porque es así como te fastidia la vida. Te pilla cuando todavía tienes el alma adormecida y siembra en su interior una imagen, o un olor, o un sonido que después ya nunca puedes sacarte de encima. Y aquélla era la felicidad. Lo descubres después, cuando ya es demasiado tarde. Y ya eres, para siempre, un exiliado: a miles de kilómetros de aquella imagen, de aquel sonido, de aquel olor. A la deriva.
( … )
El chico ya había intuido, entonces, que la vida es un tremendo lío y que, por regla general, estamos llamados a afrontarla en un estado de absoluta y radical falta de preparación. Sobre todo lo desconcertaba —no sin razón— la cantidad de cosas que había que aprender para sobrevivir a las incógnitas de la existencia (que eran, precisamente, tantas): miraba el mundo, veía un ingente número de objetos, personas, situaciones y comprendía que sólo en aprender el nombre de todas aquellas cosas —todos los nombres, uno a uno— emplearía una vida. No se le escapaba que en esto se escondía cierta paradoja.
«Hay demasiado mundo», pensaba. Y buscaba una solución.
La idea se le ocurrió, como ocurre a menudo, como extensión lógica de una experiencia banal. Frente a la enésima lista de la compra que la señora Abegg le puso en la mano antes de enviarlo al Bazar Fergusson e Hijos, Pehnt comprendió, en un instante de nouménica iluminación, que la solución se hallaba en la astucia de catalogar. Si uno, a medida que aprendía las cosas, se las apuntaba, obtendría al final un completo catálogo de las cosas que debía aprender, consultable en cualquier momento, actualizable y eficaz contra eventuales pérdidas de memoria. Intuyó que escribir una cosa significa poseerla, ilusión hacia la que se inclina una parte no desdeñable de la humanidad. Pensó en centenares de páginas abarrotadas de palabras y sintió que el mundo le daba un poco menos de miedo.
Alessandro Baricco
Tierras de cristal

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Publicado por elchicoanalogo @ 20:47  | Libros...
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jueves, 29 de enero de 2009
Este sueño que vivo,
esta nostalgia con nombre y apellido,
este huracán encerrado tambaleando mis huesos,
lamentando su paso por mi sangre...
No puedo abandonar el tiempo y sus rincones,
el valle de mis días
está lleno de sombras innombrables,
voy a la soledad como alma en pena,
desacatada de todas las razones,
heroína de batallas perdidas,
de cántaros sin agua.
Me hundo en el cuerpo,
me desangro en las venas,
me bato contra el viento,
contra la piel que untada está a la mía.
Qué haré con mi castillo de fantasmas,
las estrellas fugaces que me cercan
mientras el sol deslumbra
y no puedo mirar más que su disco
- redondo y amarillo-
la estela de su oro lamiéndome las manos,
surcándome las noches,
desviviéndome,
haciéndome desastres...
Me entregaré a los huracanes
para pasar de lejos por esa luz ardiendo.
Estoy muriéndome de frío
Gioconda Belli
Esta nostalgia

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Publicado por elchicoanalogo @ 19:36  | Poesía
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miércoles, 28 de enero de 2009
Ty Tabor editó su nuevo disco, Balance, en el pasado mes de diciembre. Guitarrista de los siempre interesantes King´s X, lleva varios discos en solitario, mezclando con elegancia la parte pesada del rock con finas y pausadas canciones. Y en este Balance muestra eso, canciones tranquilas, con muchas líneas de guitarra, y algún trallazo, como la inicial Money Mouth, de la que estoy enganchado.

Money Mouth (Ty Tabor)


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Publicado por elchicoanalogo @ 19:42  | Canciones
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martes, 27 de enero de 2009
Michael Berg tiene quince años. Un día, regresando a casa del colegio empieza a encontrarse mal y una mujer acude en su ayuda. La mujer se llama Hanna y tiene treinta y seis años. Unas semanas después, el muchacho, agradecido, le lleva a su casa un ramo de flores. Éste será el principio de una relación erótica en la que, antes de amarse, ella siempre le pide a Michael que le lea en voz alta fragmentos de Schiller, Goethe, Tostói, Dickens... el ritual se repite durante varios meses, hasta que un día Hanna desaparece sin dejar rastro. Siete años después, Michael, estudiante de derecho, acude al juicio contra cinco mujeres acusadas de criminales de guerra nazis y de ser las responsables de la muerte de varias personas en el campo de concentración del que eran guardianas. Una de las acusadas es Hanna. Y Michael se debate entre los gratos recuerdos y la sed de justicia, trata de comprender qué llevó a Hanna a cometer esas atrocidades, trata de descubrir quién es en realidad la mujer a la que amó...

El lector es una novela conmovedora sobre el amor, el pasado, la culpabilidad y, en menos medida, la literatura. Un adolescente se enamora de una mujer madura (el mito de todo adolescente) que le enseña el amor, el sexo, el dolor en una relación extraña, a escondidas, de sumisión y culpa y aceptación, donde se sigue el mismo ritual, la lectura, el baño, el sexo y el descanso. Michael se posiciona en el mundo a través de este amor, que ejercerá una influencia total en su desarrollo como hombre. Es hermosa la escena donde espía a Hannah poniéndose las medias, su vergüenza al ser descubierto, su huída y su regreso, la forma de evocar su olor, su piel, la forma de tratarle, cómo ella le pide que le lea fragmentos de un libro antes de hacer el amor. Es un amor primerizo, descoloca a Michael, siento que la traiciona al no hablar nunca de ella.
Hannah desaparece sin avisar. Y Michael, al inicio, se siente perdido, pero continúa con su vida con Hannah como música de fondo. Hasta que la reencuentra en un juicio contra unas guardianas de los campos de extermino nazis. Y todo se tambalea. Sus recuerdos, su culpabilidad. La novela adquiere otro tono, reflexivo, sobre la culpa y la piedad, sobre el nazismo y cómo lo asumió la primera generación nacida tras la segunda guerra mundial, reflexiones interesantes que intentan alejarse de lo tópico, de lo manido.
Y en ese reencuentro, la necesidad de evocar de Michael, de capturar el pasado de manera fiel, de que no se difuminen las caras y los recuerdos, de intentar comprender y a la vez castigar el pasado de Hannah.
Muy buen libro.


Tenía miedo: del contacto, de los besos, de no gustarle, de no ser bastante para ella. Pero cuando ya llevábamos un rato abrazados, cuando me empapé de su olor y sentí plenamente su calidez y su fuerza, todo cobró sentido: me puse a explorar su cuerpo con las manos y la boca, nuestras bocas se encontraron, y por fin la tuve encima de mí, mirándome a los ojos, hasta que llegué al clímax y cerré los ojos con fuerza, y al principio intenté contenerme, pero luego grité tan fuerte que ella tuvo que taparme la boca con la mano.
( ... )
Cuando la evoco tal como era entonces, la veo sin rostro. Tengo que reconstruírselo. Frente alta, pómulos altos, ojos azul pálido, labios gruesos, mentón enérgico. Un rostro ancho, áspero, de mujer adulta. Sé que me pareció hermosa. Pero no consigo evocar su hermosura.
( ... )
¿Por qué? ¿Por qué lo que fue hermoso, cuando miramos atrás, se nos vuelve quebradizo al saber que ocultaba verdades amargas? ¿Por qué se oscurece el recuerdo de unos años felices de matrimonio cuando nos enteramos de que el otro tuvo un amante durante todo ese tiempo? ¿Acaso porque en semejante situación no se puede ser feliz? Y, sin embargo, ¡éramos felices! A veces un final doloroso hace que el recuerdo traicione la felicidad pasada. A lo mejor es que la única felicidad verdadera es la que dura siempre. Porque sólo puede tener un final doloroso lo que ya era doloroso de por sí, aunque no fuéramos conscientes de ello, aunque lo ignorásemos. Pero un dolor inconsciente e ignorado ¿es dolor?
( ... )
Al mismo tiempo me pregunto algo que ya por entonces empecé a preguntarme: ¿cómo debía interpretar mi generación, la de los nacidos más tarde, la información que recibíamos sobre los horrores del exterminio de los judíos? No podemos aspirar a comprender lo que en sí es incomprensible, ni tenemos derecho a comparar lo que en sí es incomparable, ni a hacer preguntas, porque el que pregunta, aunque no ponga en duda el horror, sí lo hace objeto de comunicación, en lugar de asumirlo como algo ante lo que sólo se puede enmudecer, presa del espanto, la vergüenza y la culpabilidad. ¿Es ése nuestro destino: enmudecer presa del espanto, la vergüenza y la culpabilidad? ¿Con qué fin? No es que hubiera perdido el entusiasmo por revisar y esclarecer con el que había tomado parte en el seminario y en el juicio; sólo me pregunto si las cosas debían ser así: unos pocos condenados y castigados, y nosotros, la generación siguiente, enmudecida por el espanto, la vergüenza y la culpabilidad.
Bernhard Schlink
El lector

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Publicado por elchicoanalogo @ 19:22  | Libros...
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lunes, 26 de enero de 2009
Huyendo en parte de su pasado como activista del IRA, el protagonista llega a una diminuta isla perdida en el océano donde la única edificación es una cabaña del meteorólogo y un faro. Su primera sorpresa consiste en comprobar que el único habitante de la isla no sale a recibirle, pero pronto esto se convierte en un detalle sin importancia cuando descubre que el faro es periódicamente atacado por seres procedentes del mar cuyos objetivos nadie conoce. No tarda en unir esfuerzos con el defensor del faro, Batis Caffó, pero con el paso de los días, y sometido a la extrema tensión de los ataques nocturnos, empieza a replantearse su actitud hacia los supuestos monstruos marinos.
Mediante una estremecedora y emocionante novela en la que la aventura y la acción ocupan un lugar central, el autor plantea de un modo inteligente y agudo la percepción del ser humano hacia el individuo distinto, cuestiona la actitud que hay que adoptar frente al extraño y aboga implícitamente por el diálogo entre los diferentes.

Leer La piel fría ha sido una sorpresa. Apenas tenía detalles de la historia, sólo sabía que un hombre llega a una isla perdida en una especie de huída interior y exterior, que estaba narrada en un tono entre irreal y onírico y había recibido buenas críticas.
A lo largo de la historia hay tantos giros en la trama que te mantiene expectante, con ganas de avanzar, sorprendido por la capacidad de mutación en el narrador, en la realidad de lo que ve y el intento de comprender cada nueva situación.
Un hombre llega a una pequeña isla, que actúa como un personaje más en la historia, para aislarse y tomar distancia con su pasado. Parece que nos encontramos ante una historia reflexiva e intimista. Pero de repente el intimismo se convierte en terror y lucha por la vida. Algo inesperado. Y La piel fría se convierte en una historia agónica, con numerosas capas: la reflexión, el terror, el amor, la soledad, el paisaje interior y la supervivencia.
La forma de escribir de Sánchez Piñol es inteligente, atractiva y reflexiva, por momentos, recuerda a Matheson y Bioy Casares, y La piel fría una gran y grata sorpresa.


El paisaje que un hombre ve, ojos afuera, acostumbra a ser el reflejo de lo que esconde, ojos adentro.
( … )
La noche amplía sus dominios. Ahora sólo se nos conceden tres horas de luz. El resto es patrimonio de la noche. El sol se despide de nosotros antes de que amanezca. ¿Cómo describir en el papel el terror que esto entraña? En condiciones normales, estar aquí, en la isla, ya sería una experiencia formidable y angustiosa. Con los monstruos rodeándonos supera los límites del entendimiento. A menudo, aunque parezca extraño, las pausas entre los ataques son peores que los propios ataques. Dentro del faro, entre penumbra de quinqués, nos llegan los ruidos fusionados del viento, la lluvia y el mar, y esperamos el nuevo día, y esperamos, y seguimos esperando, y no podemos saber si llegará antes la luz o la muerte. Nunca hubiera pensado que el infierno podría ser algo tan simple como un reloj sin agujas.
( … )
La vida no es gran cosa. Sucede, sin embargo, que en su paseo por el mundo la humanidad manifiesta grandes tendencias a pensarse. Pensé en mi primer recuerdo de infancia, y en el último de mi vida civilizada. Mi primer recuero era la visión de un puerto. Tal vez tuviese tres años, o menos. Estaba sentado en una trona, en Blacktorne, junto a varias docenas de niños más. Pero yo estaba cerca de una ventana desde el cual se vislumbraba el puerto más gris del mundo. Mi último recuerdo también era un puerto: el que vi desde la popa del barco que me traslado de Europa a la isla. En efecto, la vida no es gran cosa.
Albert Sánchez Piñol
La piel fría

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Publicado por elchicoanalogo @ 20:24  | Libros...
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domingo, 25 de enero de 2009
Nadie recuerda un invierno tan frío como éste.

Las calles de la ciudad son láminas de hielo.
Las ramas de los árboles están envueltas en fundas de hielo.
Las estrellas tan altas son destellos de hielo.

Helado está también mi corazón,
pero no fue en invierno.
Mi amiga,
mi dulce amiga,
aquella que me amaba,
me dice que ha dejado de quererme.

No recuerdo un invierno tan frío como éste.
Ángel González
Canción de amiga en Otoños y otras luces (2001)

Tags: Canción de amiga, Otoños y otras luces, Ángel González

Publicado por elchicoanalogo @ 15:03  | Ángel González
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miércoles, 21 de enero de 2009
Sôber aparecieron en un recopilatorio de la revista Heavy Rock con una de sus primeras canciones, La prisión del placer. En aquella época se hacía llamar Sôber Stoned. La canción me impactó, la quemé con sucesivas y constantes escuchas, me atrajeron la melodía, la letra, cierta melancolía mezclada con la contundencia de las guitarras. La volvieron a incluir en su disco Morfología, más trabajada. Gran canción.

La prisión del placer (Sôber)



El salvador de los sueños no vino esta vez,
mostrando el desnudo que se encuentra
detrás de las cosas que reflejan placer.

Una vez me obligué a tragar sin pensar, si
mi alma se iba a olvidar de tanto rencor, que tras
mis ojos podía ocultar.

Perturbando mis ideas, volví a caer en el
mismo pozo, pozo que no perdona, que no sabe de
amor ni personas.

Me arrastré sin dudar por el cielo hasta
odiar, el motivo por el cual me debo olvidar de
tí, y con ello tu maldad.

Y ahora ya no sé si aquel hombre que
había tras de mí sacara a flote su
mirada. Ya no quiero nada, no, no necesito nada
más. Que reviente en trozos mi cerebro.

Piensa que nos vimos en otro lugar, en el cual no
existía la realidad. Piensa que nos vimos
en otro lugar, en el cual no existía la
realidad.

Tags: La prisión del placer, Morfología, Sôber

Publicado por elchicoanalogo @ 13:17  | Canciones
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Las primeras luces de la mañana.
Jirones de una voz con docenas de voces y de un sueño.
Frío.
El aliento en mi boca.
2 grados en un termómetro con números rojos.
Nubes sombrías, extrañas, cenicientas en el horizonte.
Retazos de cumbres nevadas.
Las aceras mojadas y brillantes que reflejan la luz del sol.
Pensamientos desubicados, intranquilos.


Amanecí con las primeras luces de la mañana. Apenas había dormido un par de horas. Las últimas imágenes de mi sueño se evaporaron al abrir los ojos. Recordé su voz llena de fragmentos de otras voces, su voz que era capaz de hacerme saltar, sonreír, llorar o hundirme. Está pegada a mi piel, como la huella de sus dedos, de sus labios, de sus palabras. Mi piel como mapa de su paso transitorio por mí. Cada mañana, los recuerdos aparecen en oleadas.
Hacía frío. A cada paso, el aliento escapaba de mi boca. De niño me parecía algo mágico, inaudito. Humo en mis labios. Como si fuera el rastro de una fogata.
El termómetro de la esquina marcaba dos grados en números rojos. Una mujer cruzó la calle. Llevaba abrigo, guantes, bufanda y gorro. Me gusta sentir el frío en la cara, me despeja y me atonta, me hace sentir vivo y a la vez triste.
En el horizonte, sobre los montes, nubes sombrías y cenicientas. Anticipaban la lluvia (¿agua nieve?) que ahora cae sobre Ortuella. El resto del cielo, azul, gélido, inquieto. Las aceras mojadas reflejaban la luz del sol, por momentos te cegaban con su brillo.
Llevaba una semana sin salir. La libertad de la calle, el frío, el viento, las nubes cenicientas me arrastraban hacia pensamientos extremos, tranquilidad y dudas, hacia recuerdos que son como jirones de una vida.

Publicado por elchicoanalogo @ 11:47  | Descartes...
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lunes, 19 de enero de 2009
Abandoné las sombras,
las espesas paredes,
los ruidos familiares,
la amistad de los libros,
el tabaco, las plumas,
los secos cielorrasos;
para salir volando,
desesperadamente.

Abajo: en la penumbra,
las amargas cornisas,
las calles desoladas,
los faroles sonámbulos,
las muertas chimeneas,
los rumores cansados;
pero seguí volando,
desesperadamente.

Ya todo era silencio,
simuladas catástrofes,
grandes charcos de sombra,
aguaceros, relámpagos,
vagabundos islotes
de inestables riberas;
pero seguí volando,
desesperadamente.

Un resplandor desnudo,
una luz calcinante
se interpuso en mi ruta,
me fascinó de muerte,
pero logré evadirme
de su letal influjo,
para seguir volando,
desesperadamente.

Todavía el destino
de mundos fenecidos,
desorientó mi vuelo
—de sideral constancia—
con sus vanas parábolas
y sus aureolas falsas;
pero seguí volando,
desesperadamente.

Me oprimía lo fluido,
la limpidez maciza,
el vacío escarchado,
la inaudible distancia,
la oquedad insonora,
el reposo asfixiante;
pero seguía volando,
desesperadamente.

Ya no existía nada,
la nada estaba ausente;
ni oscuridad, ni lumbre,
—ni unas manos celestes—
ni vida, ni destino,
ni misterio, ni muerte;
pero seguía volando,
desesperadamente.
Oliverio Girondo
Vuelo sin orillas en Persuasión de los días

Tags: Vuelo sin orillas, Persuasión de los días, Oliverio Girondo

Publicado por elchicoanalogo @ 19:28  | Oliverio Girondo
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viernes, 16 de enero de 2009
Después de Thrak y de las sesiones de ensayos para el segundo disco del doble trío, Robert Fripp dividió King Crimson en pequeñas formaciones independientes, móviles e inteligentes, los llamados “ProjeKcts”. Fue un paso adelante, arriesgado, una búsqueda de nuevos caminos musicales a través del compromiso de los músicos y su capacidad improvisadora.
El primero de los King Crimson ProjeKcts que editó un disco fue ProjeKct Two (Robert Fripp, Trey Gunn y Adrian Belew), luego, un cuádruple disco con improvisaciones en directo de los ProjeKcts One, Two, Three y Four. Seis músicos en cuatro diferentes formaciones, que improvisaban música para la futura reencarnación de King Crimson. Fue una época compleja, atractiva, llena de calidad sonora, de discos donde el oyente debía hacer una escucha atenta, donde descubría de cacofonías a momentos especialmente inspirados y turbadores.
Tony Levin y Bill Bruford no volvieron a King Crimson tras los Projekcts. El grupo quedó compuesto por Robert Fripp, Adrian Belew, Trey Gunn y Pat Mastelotto. En el año 2000 editaron un nuevo disco bajo el nombre de King Crimson, The ConstruKction of Light. Es un disco extraño, tal vez la creatividad desbordada de los ProjeKcts no terminó de verse reflejada, se recuperaron antiguas composiciones, una nueva parte de Lark´s tongues in aspic y FraKctured. Aún así, tenía cosas muy interesantes. Mi favorita, The World's My Oyster Soup Kitchen Floor Wax Museum, una gran canción con una parte instrumental portentosa, esquizoide y potente.

The World's My Oyster Soup Kitchen Floor Wax Museum (King Crimson)



Hat bandana Graham cracker jackhammer in
A nail file suit your self-serviceman
The world's my oyster soup kitchen floor wax museum
Autographed pictures of Shakespeare fishing
Gear head phone Madison Square garden hose
The world's my oyster soup kitchen floor wax museum

And the chorus:
Get set get wet get fat get fit get a life
Get it on get it up get it off of me
The world's my oyster soup kitchen floor wax museum
Get sacked get the facts get a load of this
Get pissed get real get over it get it over with
The world's my oyster soup bowling ball of wax museum

Cannibal dog house plan B happy
As a lark's tongue in cheekbone china doll
The world's my oyster soup kitchen floor wax museum
Don't ask Y2 cake and eat it too
Nothing lasts for evergreen thumbscrew
The world's my oyster soup kitchen door frame by frame

Get back slapback backtalk halfback back track talkback
Back to back I'll be back to get you back
The world's my oyster soup kitchen floor wax museum
Get bumped get pumped get dumped get the funk
Get sick get fixed get jiggy with it
The world's my oyster souffle mignon

Get set get wet get fat get fit
Get along little doggiem get it off of me
Oyster soup kitchen floor wax museum
Get sacked get the facts get a load of this
The world's my oyster soup kitchen floor wax museum


Los King Crimson que grabaron The ConstruKtion of Light también editaron un disco como ProjeKct X, Heaven and Earth. Dejo como ejemplo la instrumental Demolition, otra forma de abordar The World's My Oyster Soup Kitchen Floor Wax Museum.

Demolition (ProjeKct X)



Tags: World's My Oyster Soup, ConstruKction of Light, King Crimson, Demolition, ProjeKct X

Publicado por elchicoanalogo @ 21:18  | Canciones
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jueves, 15 de enero de 2009
nadie puede salvarte sino
tú mismo.
te verás una y otra vez
en situaciones
casi imposibles.
intentarán una y otra vez
por medio de subterfugios, engaños o
por la fuerza
que renuncies, te des por vencido y/o mueras quedamente
por dentro.

nadie puede salvarte sino
tú mismo
y será muy fácil desfallecer,
pero que muy fácil,
pero no desfallezcas, no, no.
limítate a mirarlos.
escucharlos.
¿quieres ser así?
¿un ser sin cara, sin mente,
sin corazón?
¿quieres experimentar
la muerte antes de la muerte?

nadie puede salvarte sino
tú mismo
y mereces salvarte.
no es una guerra fácil de ganar
pero si algo merece la pena ganar,
es esto.

piénsalo.
piensa en salvarte a ti mismo.
tu parte espiritual.
la parte de tus entrañas.
tu parte mágica y ebria.
sálvala.
no te unas a los muertos de espíritu.

mantente
con buen talante y garbo
y al cabo,
si fuera necesario,
apuesta tu vida en plena refriega,
al carajo las probabilidades, al carajo
el precio.

nadie puede salvarte sino
tú mismo.
!hazlo!¡sálvate!
entonces sabrás exactamente de
qué hablo.
Charles Bukowski
Nadie sino tú

Tags: Nadie sino tú, Charles Bukowski

Publicado por elchicoanalogo @ 10:49  | Poesía
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domingo, 11 de enero de 2009
Emma me envió un enlace a un vídeo de Anne Sexton, una de las grandes figuras literarias del pasado siglo.



Me preguntas pero casi nunca puedo recordar.
Yo camino con mi ropa, impoluta de ese viaje.
Luego, el deseo casi innombrable vuelve.

Incluso entonces nada tengo contra esta vida.
Conozco bien las briznas de hierba que mencionas,
los muebles que has puesto bajo el sol.

Pero los suicidas tienen un lenguaje especial.
Como carpinteros, quieren conocer con qué herramientas.
No preguntarán por qué construir.

Me he afirmado dos veces con facilidad,
he poseído al enemigo, he comido al enemigo,
he aprendido su arte y magia.

De esta forma, densa y reflexiva,
más caliente que el aceite o el agua,
he descansado, baboseando por la boca de la máscara.

No pensaba en mi cuerpo ante la aguja.
Incluso había olvidado la córnea y aquellos restos de orina.
Los suicidas ya han traicionado al cuerpo.

Nacidos muertos, no se matan siempre,
pero deslumbrados, no olvidan una droga dulce,
tan dulce que hasta los chiquillos mirarían y sonreirían.

¡Toda esa vida escondida en tu lengua! -
eso, se convierte en pasión.
La muerte es un triste hueso; magullado, me diríais

y, no obstante, ella me espera, año a año,
para deshacer con sutileza una vieja herida,
para extraer mi aliento de su horrible cárcel.

Allí, en equilibrio, los suicidas se encuentran,
arrasando fruta, una luna hinchada,
dejando el pan que equivocaron por un beso,

dejando abierto el libro por descuido,
algo no hablado, el teléfono descolgado
y el amor, no importa lo que fuera, una infección.
Anne Sexton
Querer morir

Tags: Querer morir, Anne Sexton

Publicado por elchicoanalogo @ 11:03  | Poesía
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sábado, 10 de enero de 2009
Escribí “esto” a mi amiga Ale, profesora de música, mujer vital, alegre, con una familia hermosa. No es un relato ni un desvarío, es sólo un correo sobre una madrugada de jueves (otra madrugada de jueves).

Había algo extraño, traqueteante que me impedía dormir, un pálpito en mi corazón inquieto, como un oleaje sin fin. Me levanté en el frío de la noche. Esa tarde había paseado bajo la nevada, como de niño. Sentía la leve caída de los copos de nieve, cómo se posaban suavemente en el suelo, las ramas desnudas de los árboles invernales, mis manoplas de lana. Siempre vuelvo a ser un niño si escucho el crujido de la nieve bajo mis pies. Las montañas estabas semi ocultas por una neblina tan fina como el humo de una chimenea. Mi aliento era como estelas de vapor. Cada pocos pasos tenía que limpiar mis gafas, a veces empañadas, a veces sombreadas por la nieve.
Más de 20 años atrás la nevada fue mayor, profunda, inquebrantable. Recuerdo que en pocos minutos el pueblo quedo envuelta por una nube gris y pesada y descargo la mayor nevada que recuerde. Las aceras y las carreteras desaparecieron, los coches no conseguían dejar rastro de su paso, enseguida cubierto por la blancura de la nieve. Como era niño saltaba sobre la capa de nieve, veía mis pies hundirse en ella, dejar una huella que se rellenaba con copos cada vez mayores. Por un instante sentí un momento de felicidad en estado puro.
Llegué al salón. Miré la noche a través del cristal. Incluso en la madrugada, cuando la oscuridad es mayor y el mundo parece una inmensa cueva, la nieve iluminaba el horizonte, como si guiara tu mirada y tus pasos. En el cielo pocas nubes y el atisbo de la luz lunar. Parecía un sueño entre blanquecino y azulado.
Todo parecía tranquilo, quieto, como un mundo de cristal. E imaginé el sonido del viento sobre la nieve. En uno de los montes brilló una luz amarilla. Pensé en las luciérnagas, en su titilar, en su luz propia. Los faros del coche avanzaban despacio por la carretera de la arboleda. Parecía que estaban en equilibrio sobre el monte. Allí, en la madrugada, alguien conducía en mitad de un monte nevado sin saber que otro observador se preguntaba quién sería y a dónde se dirigía.
Necesitaba la nieve, los recuerdos, la luz para apaciguar mi insomnio, mi extrañeza, mi corazón palpitante. Si hay algo tranquilizador es un horizonte nevado en mitad de la madrugada que deshace la oscuridad.

Publicado por elchicoanalogo @ 22:24  | Descartes...
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viernes, 09 de enero de 2009
Está ese momento donde terminas un libro y aún tienes las páginas y los personajes y la historia pegados a la yema de los dedos. Sientes cierta pérdida, en cierta forma es un abandono, un final, un libro que te ha acompañado dos días, una semana, del que has entrado y salido, como una vida paralela y lo cierras. Y las palabras y las hojas y la historia y los personajes se oscurecen con ese cierre. Repito, cierta sensación de pérdida y tristeza. Como ocurre con cualquier final. Y buscas un lugar para ese libro. Tengo separados mis libros entre los leídos y los pendientes. Van de unas estanterías a otras. Y cuando colocas el libro entre otros del mismo autor o de la misma editorial te vas deshaciendo de él, o él te abandona poco a poco. Y vuelves la mirada. Con la pérdida. Y descubres más de un centenar de historias por leer. Y buscas un nuevo libro. Hay momentos donde sabes qué quieres, un libro de viajes, algo oriental, una historia para pasar el rato, ciencia ficción, una buena trama de novela negra. Y sólo has de alargar la mano. En otras ocasiones dudas, no sabes qué elegir. Y vas saltando de un libro a otro, lees párrafos, devuelves el libro porque no te convence, porque estás buscando no una historia sino una emoción, algo indefinible. Y de repente lees el primer párrafo de Incendios, de Richard Ford;
En el otoño de 1960, cuando yo tenía dieciséis años y mi padre llevaba sin trabajo algún tiempo, mi madre conoció a un hombre llamado Warren Miller y se enamoró de él. Esto sucedió en Great Falls, Montana, en la época del boom del petróleo en Gipsy Basin, adonde mi padre nos había llevado en la primavera de aquel año desde Lewiston, Idazo, en la creencia de que la gente –gente modesta como él- estaba haciendo dinero en Montana –o lo haría muy pronto-, y con el deseo de llevarse un trozo del pastel mientras duraran los buenos tiempos, antes de que todo se fuese al traste y se esfumase en el viento.
… y sabes que has encontrado esa emoción indefinible que buscabas, que estás ante una historia que te despertará y te apretujará las entrañas.
Richard Ford regresa a la Montana de sus cuentos recogidos en Rock Springs y tal vez sea eso, un cuento largo que bien podría estar en aquel libro. El estilo, el paisaje, los personajes te remiten a su anterior libro, nada del exhaustivo y reflexivo Frank Bascombe sino la cotidianeidad de sus cuentos, las frases cortas, sencillas y, a la vez profundas y con una suave melancolía. Incendios es como leer el retazo de una vida, de un chico adolescente que intenta entender el mundo de sus padres, de los adultos, en un lugar nuevo, desconocido, asediado por los incendios de las cercanas montañas rocosas. El humo que esconde el horizonte y a la vez es el signo de la tierra devastada. Cuatro personajes bien trazados, un chaval que mira aturdido alrededor, su padre que decide partir hacia los incendios en busca de una oportunidad, su madre que no soporta la soledad, que necesita que merece algo más, un extraño que se cuela y busca un pedazo de pasión, y el frió otoñal de un paisaje seco, que se quema. Incendios es pura emoción, es, sencillamente, la incomprensión de la vida y la búsqueda de una explicación, de algo a lo que agarrarse, de la fidelidad y el dolor de la perdida, de un ubicarse en el mundo como buenamente se puede, sabiendo que, ahí delante, esperan pequeños fuegos, y que esos fuegos, a veces, se unen para formar un gran incendio.

Y ahora estoy en ese momento donde tengo que dejar un libro que me ha conmovido, entre perdido y huérfano, y con la vida de Joe y sus padres aún dentro de mí, y buscar una nueva historia, algo diferente, que me lleve a oriente. Tal vez Sorgo Rojo.

Me pregunté si existía alguna pauta o algún orden en la propia vida; no una pauta u orden que uno conociera, sino algo que actuara en su persona e hiciera que los hechos, cuando acontecieran, parecieran justos y oportunos, o le infundiera confianza en relación con ellos, o le indujera a aceptaros aún cuando parecieran negativos. O si todo simplemente sucedía, incesantemente, como en un torbellino, sin que nada lo detuviera o lo causara… de modo idéntico al que suponemos en las hormigas o en las moléculas bajo el microscopio, o al que supondrían en nosotros, sin conocer nuestras dificultades y problemas, quienes nos observaran desde otros planetas.
( … )
Y yo quería responderle algo, aunque no estuviera hablando conmigo sino consigo, o con nadie. No tenía intención de contarle a mi padre nada de aquello, y quería que ella lo supiera, pero no quería ser el último en hablar. Porque si decía algo, cualquier cosa, mi madre guardaría silencio como si no me hubiera oído, y yo tendría que vivir con mis palabras –fueran cuales fueren- tal vez para siempre. Y hay palabras –palabras importantes- que uno no quiere decir, palabras que dan cuenta de vidas arruinadas, palabras que tratan de arreglar algo frustrado que no debió malograrse y nadie deseó ver fracasar, y que, de todas formas, nada pueden arreglar.
Richard Ford
Incendios

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jueves, 08 de enero de 2009
A sus quince años, Christopher conoce las capitales de todos los países del mundo, puede explicar la teoría de la relatividad y recitar los números primos hasta el 7.507, pero le cuesta relacionarse con otros seres humanos. Le gustan las listas, los esquemas y la verdad, pero odia el amarillo, el marrón y el contacto físico. Si bien nunca ha ido solo más allá de la tienda de la esquina, la noche que el perro de una vecina aparece atravesado por un horcón, Christopher decide iniciar la búsqueda del culpable. Emulando a su admirado Sherlock Holmes el modelo de detective obsesionado con el análisis de los hechos-, sus pesquisas lo llevarán a cuestionar el sentido común de los adultos que lo rodean y a desvelar algunos secretos familiares que pondrán patas arriba su ordenado y seguro mundo.

Tal vez en El curioso incidente del perro a medianoche no ocurran grandes cosas ni haya extraños giros de la trama ni haya algo cercano a un clímax o un final definido, e incluso puede que por momentos resulte previsible pero hay un par de puntos muy interesantes que hacen que este libro sea diferente, como elegir como narrador a un niño autista y ver a través de él cómo hay otros mundos posibles en los que apenas reparamos, sus reacciones y su lógica para buscar un orden a su alrededor, cómo puede ser vivir junto a un autista.
Es un libro que se lee de una sentada, entretenido, interesante, con buenas reflexiones y un punto de vista diferente y original.


El señor Jeavons dijo que yo era un chico muy listo.
Yo dije que no era listo. Tan sólo advertía cómo son las cosas, y eso no es ser listo. Sólo es ser observador. Ser listo es ver cómo son las cosas y utilizar la información para deducir algo nuevo. Como que el universo está en expansión o que alguien ha cometido un asesinato. O cuando uno ve el nombre de alguien y leda un valor a cada letra del 1 al 26 (a = 1, b = 2, etc.) y suma los números en la cabeza y descubre que dan un número primo, como Scooby Doo (113), o Sherlock Holmes (163), o DoctorWatson (167).
El señor Jeavons me preguntó si eso me hacía sentirme seguro, eso de que las cosas siempre tuviesen un orden preciso, y le contesté que sí.
Entonces me preguntó si no me gustaba que las cosas cambiaran. Y dije que no me importaría que las cosas cambiaran si yo me convirtiera en un astronauta, por ejemplo, que es uno de los mayores cambios que uno puede imaginar, aparte de convertirse en niña o morirse.
Me preguntó si me gustaría ser astronauta y le dije que sí.
Dijo que era muy difícil llegar a ser astronauta. Yo dije que ya lo sabía. Uno tenía que ser oficial de las fuerzas aéreas y acatar muchas órdenes y estar dispuesto a matar a otros seres humanos, y yo no puedo acatar órdenes. Además, no tengo la visión de 20/20 que se necesita para ser piloto. Pero dije que puedes seguir deseando algo por muy improbable que sea.

( … )

Entonces pensé en que durante mucho tiempo a los científicos les había desconcertado que el cielo sea oscuro por las noches pese a haber billones de estrellas en el universo, pues hay estrellas en todas las direcciones en que uno mire, así que el cielo debería estar lleno de luz estelar porque no hay casi nada que impida que la luz llegue a la Tierra.
Entonces descubrieron que el universo está en expansión, que las estrellas se alejan rápidamente unas de otras desde el Big Bang y que cuanto más lejos están las estrellas de nosotros más rápido se mueven, algunas de ellas casi a la velocidad de la luz, y eso explica por qué su luz nunca nos llega. Me gusta este dato. Es algo que podemos comprender al mirar el cielo por la noche, pensando, sin tener que preguntárselo a nadie.
Cuando el universo haya acabado de explotar, las estrellas disminuirán su velocidad, como una pelota lanzada al aire, hasta detenerse y volver a caer hacia el centro del universo. Entonces nada nos impedirá ver todas las estrellas del mundo porque todas vendrán hacia nosotros, cada vez más rápido, y sabremos que pronto llegará el fin del mundo porque al alzar la mirada hacia el cielo por las noches no habrá oscuridad, sino la luz resplandeciente de billones de estrellas que se acercan.
Sólo que nadie verá eso porque ya no quedarán personas en la Tierra para verlo. Para entonces seguramente ya se habrán extinguido. Y en el caso de que queden algunas no lo verán, porque la luz será tan brillante y ardiente que todas morirán abrasadas, aunque vivan en túneles.
Mark Haddon
El curioso incidente del perro a medianoche

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miércoles, 07 de enero de 2009
Kitty Garstin, joven y bella londinense, cumple sus veinticinco años sin haber alcanzado el objetivo para el que fue educada por su madre: hacer una buena boda. Por temor a que su hermana menor se case antes que ella, contrae matrimonio con un bacteriólogo, un hombre inteligente, educado y moralmente intachable, que la adora pero de quien no está enamorada. Después de la boda, se trasladan a Hong Kong, donde Kitty se enamora de Charlie Towsend, un inglés apuesto y frívolo de la colonia extranjera, con quien será infiel a su marido. Descubiertas sus relaciones adúlteras, y traicionada por Charlie, se verá obligada a seguir a su marido a una zona del interior de China afectada por el cólera. Kitty, incapaz de obtener el perdón de su marido, se entrega a labores humanitarias. El contacto con la muerte y con una realidad dura y penosa harán de ella una persona nueva.  

En un viaje a Italia Maugham encontró la idea para este libro. La hija de la dueña de la casa donde se hospedaba le daba lecciones de italiano. Entre las lecturas utilizaron el Purgatorio, de Dante. Ahí, la historia de una infidelidad de una mujer y de un viaje a un lugar nocivo para matar a la esposa. A partir de esos versos de dante Maugham construye la historia de una mujer “casquivana” y superficial, educada para el matrimonio y la vida ociosa que se casa con un hombre que no ama,
El velo pintado es un viaje de ida y vuelta, cómo en la vuelta se ve todo de diferente manera porque se ve desde otra perspectiva y la persona ha sufrido un gran cambio. En la ida, Kitty, después de descubrir lo despreciable de su amante, el miedo a su marido que intenta acabar con ambos al aceptar ir a una ciudad con epidemia de cólera, se cuestiona su forma de ser, de pensar, la vida que ha llevado hasta ese momento. Rodeada de la muerta de una ciudad asediada por el cólera, en Kitty se abre paso la humanidad, se cuestiona su amor por su amante, por su marido. En el regreso algo ha cambiado en ella. Aunque sucumba ante las tentaciones, aunque haya una parte de ella que desprecie, algo ha cambiado. Ya no intenta ser ese modelo impuesto de mujer (“He sido necia, malvada y odiosa, y he recibido un castigo terrible. Estoy decidida a evitarle todo eso a mi hija. Quiero que sea valiente y sincera. Quiero que sea una persona, independiente de los demás, dueña de sí misma, y quiero que afronte la vida como lo haría un hombre libre y le saque más partido del que le he sacado yo” ), sólo anhela la búsqueda de la paz.
Hay dos historias de amor, una sórdida, con el amante, un tipo egoísta y presumido, una historia pasional y a la vez dolorosa. Más interesante es la relación con el marido, cómo Kitty descubre a otra persona en el viaje a la ciudad del interior de China, sus reflexiones sobre por qué no puede amarle a pesar de todo lo bueno que hay en él. Esa parte de la ciudad con cólera es extraordinaria, reflexiva, tanta muerte fuera de las paredes de su casa y es donde Kitty encuentra un punto de inflexión, de cambio, de vida.

No entiendo nada. Qué rara es la vida. Me siento como si hubiese vivido siempre en un estanque de patos y de pronto me enseñaran el mar. Casi me deja sin aliento, y al mismo tiempo me alboroza. No quiero morir, quiero vivir. Empiezo a cobrar valor me siento como uno de esos viejos marineros que zarpan hacia mares ignotos y creo que mi alma anhela lo desconocido.

Kitty, con lágrimas en las mejillas, contempló el paisaje con las manos entrelazadas a la altura del pecho, puesto que se había quedado sin aliento, con la boca entreabierta. Nunca había albergado semejante alegría en su corazón, y se le antojó que su cuerpo era un mero envoltorio que yacía a sus pies, y que ella era puro espíritu. Ante ella se encontraba la Belleza. La aceptó del mismo modo que el creyente acepta en la boca la oblea de Dios.
William Somerset Maugham
El velo pintado


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martes, 06 de enero de 2009
Rob Fleming está a punto de cumplir treinta y seis años y tiene una tienda de discos antiguos en el norte de Londres donde sólo vende vinilos. Su negocio, destinado a un público de serios coleccionistas de frivolidades, está siempre al borde de la bancarrota. Y Laura, su última novia, le ha dejado. ¿Será porque Rob parece empeñado en prolongar su adolescencia hasta la decrepitud o, como piensa él, porque su colección de discos y la de Laura eran incompatibles? Para consolarse, Rob se refugia en la compañía de Barry y Dick, sus cómplices en la tienda, y juntos hacen innumerables listas de los top del pop: las cinco mejores películas, los cinco mejores episodios de «Cheers»... Y también comienza a salir con Marie, una cantante americana. Pero de pronto reaparece Laura. Y aunque Rob creyera al principio que esa ruptura no estaba entre las más cruentas de su vida, muy pronto comenzará a hacerse preguntas arduas sobre la familia, la monogamia, el amor y la madurez. ¿Será que por fin va a descubrir que también hay vida, y música, después de la adolescencia?

Entretenido, salvaje, desvariado, melómano, extravagante… Hace años vi la película de Stephen Frears, me pareció una historia interesante con un John Cusack en estado de gracia. Desde entonces quise leer el libro. Lo he leído con una sonrisa en la cara. Rob Fleming es uno de eso personajes entrañables a pesar de sus constantes meteduras de pata, su infantilismo y egoísmo. Aún así se te hace entrañable. Es extraño, lo sé.
Y es eso sobre lo que trata Alta Fidelidad, sobre madurar y no ser con 36 años aquel adolescente ignorante de 15, de asumir los nuevos roles y ver cómo la vida va más allá de las convenciones que hemos creado.
Y sobre el amor. Está el amor a la música (y la neurosis coleccionista de Rob). Es increíble la cantidad de referencias musicales de este libro, de Zappa a Marvin Gaye, de Neil Young a Katrina and the waves. Vas anotando mentalmente cada canción para escucharla por primera vez o volver a escucharla por enésima, es un recorrido musical. Y el amor. Con mayúscula. Alta fidelidad parte de una ruptura. Laura deja a Rob y en la primera parte él se dirige a ella y le cuenta su top5 de grandes rupturas, cómo ella llegó tarde para colarse en ese top5. En la segunda parte va comprendiendo que ese amor tranquilo que creía podía permitirse perder y por el que no iba a sufrir nada era algo más, mucho más, una puerta a la madurez, al compromiso, a ser un adulto con errores y sin miedos. Descubre lo más cercano al amor de su vida.
Nick Hornby escribe con un estilo desenfadado que engancha fácilmente, tiene párrafos desternillantes, top5 de cualquier categoría, el top5 de las canciones para un lunes por la mañana, de películas subtituladas, de capítulos de Cheers…, y crea a un persona tan egoísta como humano, tan entrañable como inmaduro al que tomas cariño y con el que te enfadas cuando parece que sólo quiere dejar pasar las oportunidades, cuando la va a estropear una vez más. Y está Laura, una mujer que es pura coherencia, que no quiere seguir en una relación estancada, que ve lo que conviene en cada momento, que es frágil en ocasiones, que sabe que Rob necesita una patada en el culo para que avance. Y están Barry y Dick, los dependientes de la tienda de disco de Rock, uno loco, otro apocado, inolvidables ambos. Y Marie, la cantautora yanqui que se parecen a Susan Dey. Y los vinilos. Y las cintas grabadas a una persona especial.
Gran libro.

Algunas de mis canciones preferidas: Only Love Can Break Your Heart, de Neil Young; Last Night I Dreamed That Somebody Loved Me, de los Smiths; Call Me, de Aretha Franklin; I Don´t Wan´t to Talk About It, de quien sea. Y luego, Love Hurts, When Love Breaks Down y How Can You Mend a Broken Heart, y también The Speed of Sound of Loneliness y She´s Gone, y I Just Dont´t Know What to Do with Myself, y qué sé yo. Hay canciones de éstas que he escuchado por término medio al menos una vez por semana (trescientas veces el primer mes, y después de vez en cuando), desde que tenía dieciséis, diecinueve o veintiún años. ¿Cómo no va a dejarte eso magullado por algún sitio? ¿Cómo no te va a convertir eso en una persona fácilmente rompible en mil trocitos, cuanto tu primer amor se va al garete? ¿Qué fue primero: la música o la tristeza? ¿Me dio por escuchar música porque estaba triste? ¿O es que estaba triste porque escuchaba música? ¿No te convierten todos esos discos en una persona de tendencia melancólica? Hay quien se preocupa, y mucho, de que los niños pequeños jueguen con armas de fuego, de que los adolescentes vean videos en los que la violencia es moneda corriente; nos da miedo que esa especie de cultura de la violencia termine por tragárselos como si tal cosa. A nadie le preocupa en cambio que los niños escuchen miles, literalmente miles de canciones que tratan siempre de corazones destrozados, de rechazos y abandonos, de dolor, tristeza, pérdida. Las personas más desgraciadas que yo he conocido, románticamente hablando, son las que tienen un desarrollado gusto por la música pop. Y no sé si la música pop es la causante de esta infelicidad, pero sí tengo muy claro que han escuchado esas canciones infelices desde hace más tiempo del que llevan viviendo una vida más o menos infeliz. Así de claro.
Nick Hornby
Alta Fidelidad


Tráiler de la película


Escena de presentación de la tienda de discos y de Dick y Barry (en una de la estanterías, una edición en vinilo de Discipline, de King Crimson)

Tags: Alta fidelidad, Nick Hornby

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La lección que saqué en claro de la debacle de Charlie es que uno ha de medirse con púgiles de su mismo peso. Charlie no era de mi categoría: era demasiado guapa, demasiado lista, demasiado ingeniosa. Era demasiado, vaya. Y yo, ¿qué? Soy como la mayoría, un simple peso medio. No soy el menda más brillante del mundo, pero está claro que tampoco soy el más soso: he leído novelas como La insoportable levedad del ser o El amor en los tiempos del cólera y las he entendido, o eso creo (porque trataban sobre las chicas, ¿no es eso?), aunque tampoco es que me gustaran demasiado. Mis cinco libros favoritos son El sueño eterno, de Raymond Chandler; El dragón rojo, de Thomas Harris; Sweet Soul Music, de Peter Guralnick; Guía del autoestopista galáctico, de Douglas Adams; y para terminar, qué sé yo, habría que poner alguno de William Gibson, o puede que de Kart Vonnegut. Leo el Guardian y el Observer, aparte del New Musical Express y algunas revistas de música; no me duelen prendas cuando se trata de ir a Camden a ver películas en versión original subtitulada (ya puestos, las cinco mejores películas en V.O.S.: Betty Blue, Subway, ¡Átame! Mi hombre es un salvaje, La diva), pero en conjunto prefiero las películas americanas. (Las cinco mejores películas americanas, que es lo mismo que decir las cinco mejores películas de todos los tiempos: El padrino, El padrino II, Taxi Driver, Uno de los nuestros y Reservoir Dogs).
No tengo mala planta; de hecho si ponemos, por ejemplo a Mel Gibson en un extremo del espectro y en el otro a Berky Edmonds, un tío de la escuela cuya grotesca fealdad era legendaria, calculo que estaría más decantado del lado de Mel, aunque no por mucho. Una novia que tuve me dijo una vez que me parecía un poco a Peter Gabriel, y Gabriel no está mal, ¿eh? Soy de estatura media, ni gordo ni delgado, no tengo ninguna desagradable pilosidad facial, suelo ir limpio y aseado, visto tejanos y camisetas y una chupa de cuero más o menos todo el año, salvo en verano, que es cuando dejo la chupa en casa. Voto al partido laborista. Tengo bastantes clásicos de comedia en vídeo: cosas de Monty Python, Hotel Fawlty, Cheers, etcétera. Entiendo de que van las feministas en casi todos los aspectos, aunque no tanto las radicales.
Mi genio, si se puede decir así, consiste en combinar un montón de cualidades medias en una presentación compacta. Yo diría que hay millones de tíos como yo, pero en realidad no creo que sean tantos: muchos tíos tienen un gusto musical impecable, pero luego resulta que no leer; muchos tíos sí que leen, pero es innegable que tiran a gordos; muchos tíos simpatizan con la causa del feminismo, pero llevan una barba estúpida; muchos tíos tienen un sentido del humor digno del mejor Woody Allen, pero son clavaditos a Woody Allen. Muchos tíos beben demasiado, muchos tíos hacen el idiota cuando conducen sus coches o motos, muchos tíos tienden a meterse en peleas o se las dan de tener dinero por un tubo o toman drogas. Yo la verdad es que no peco de nada de eso; si se me dan así las mujeres no es por las virtudes que tengo, sino por las sombras que no tengo.

( … )

Hay hombres que llaman y hombres que no llaman, y yo preferiría ser de estos últimos. Son los hombres como es debido, esa clase de hombres que las mujeres tienen en mente cuando suspiran por nosotros. Es un estereotipo seguro, sólido y carente de significado: el tío hace como que todo le importa un pimiento, que cuando lo abandonan a lo mejor se pasa un par de noches sentado a solas en el pub y luego sigue como si tal cosas sus asuntos. Aunque tal vez a la siguiente pondrá menos confianza que antes, al menos tiene bien claro que no ha quedado como un gilipollas y tampoco le ha dado un susto a nadie.
 
( ... )

Me da la impresión de que si pones la música (y los libros posiblemente, y el cine, y el teatro, y las cosas que tienen sentimiento y que te hacen sentir) en el centro de tu ser, no podrás aclarar ni en broma tu vida amorosa; no podrás pensar en esa vida amorosa como quien piensa en el producto acabado. Tendrás que pasarte la vida dándole caña, tendrás que mantenerla viva y revuelta; tendrás que darle caña sin parar, desenmarañarla a cada paso, hasta que se te deshaga entre las manos y te veas obligado a empezar otra vez de cero. A lo mejor es que todos vivimos la vida a una intensidad excesivamente alta, al menos los que nos pasamos el día entero absorbiendo cosas de alta carga emocional, y es consecuencia lógica que no podamos sentirnos meramente contentos: tenemos que ser infelices, o si no vivir en éxtasis, en un estado de completa felicidad, y esos estados son difíciles de alcanzar dentro de una relación de pareja sólida y estable. Puede que Al Green  sea directamente responsable de más cosas de las que había supuesto. Está visto, los discos me han ayudado a enamorarme, sin duda. Oigo un tema nuevo, con un cambio de acorde que me derrite las entrañas, y sin darme ni cuenta ando buscando una chica, y antes de que me dé cuenta la he encontrado. Me enamoré de Rosie, la de los orgasmos simultáneos, justo después de enamorarme de una canción de los Cowboy Junkies; la ponía sin parar, una y otra vez, y me ponía en plan soñador, y necesitaba una chica con la que soñar, y la encontré, y …bueno, todo un problemón.

( … )

A lo largo de los últimos dos años, aquellas fotos mías de cuando era niño, las fotos que nunca quise que vieran mis novias, han empezado a producirme una punzada de no sé qué, porque no es exactamente infelicidad, pero sí un pesar a la vez llevadero y profundo. Hay una en la que salgo con un sombrero de vaquero, apuntando con un revólver a la cámara, empeñado en parecer un perfecto vaquero pero sin conseguirlo. Quiero pedirle disculpas a ese pequeño, decirle que lo siento, que le he decepcionado. Yo era el que presuntamente tenía que cuidar de él, pero la he jodido: me equivoqué en los momentos malos, y ese crío ha terminado por convertirse en mí.

Let's get it on (Marvin Gaye)



I've been really trying now baby
Trying to hold back this feeling for so long
And if you feel like I feel
Come on

Let's get it on
Let's get it on
Let's get it on
Let's get it on

We're all sensitive people
With so much to give
As long as we got to be here
Let's live

There's nothing wrong with me
Loving you, now
Giving yourself to me
Can never be wrong
If (your) love is true

Don't you know how sweet and wonderful life can be, yeah
I'm just asking you, baby
To get it on with me

Oh but I ain't gonna worry
I ain't gonna push
I won't push you baby

Come on, come on, come on, come on, come on
Stop beating around the bush
Let's get it on
Let's get it on baby
Let's get it on


Got to get you off of my mind (Solomon Burke)



Got to get you off of my mind
I know it's just a matter of time
You've found somebody new
And our romance is through
Yes it is

Gonna throw your picture away
You didn't want my love, any old way
You've found somebody new
And our romance is through
Yes it is

Some folks love is hard and strong
That's the kind of love that lingers on
Some folks love is swift and fast
That's the kind of love that'll never last

We had a love that was in between
And to me it was like a dream
If we had stayed together till June
Not a problem, bride and groom

That's why
Got to get you off of my mind
I know it's just a matter of time
You've found somebody new
And our romance is through
Listen to me

Got to get you off of my mind
I know it's just a matter of time
Got to get you off of my mind
I know it's just a matter of time


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lunes, 05 de enero de 2009
Han sido días ajetreados, divertidos y, a la vez, tranquilos. Encuentros, llamadas, paseos, los últimos libros comprados el 31 de diciembre. Hacía tiempo que no disfrutaba de una navidad tan acogedora y sin sobresaltos.
El año empezó con dos sorpresas. Susana, desde Vitoria, me regaló mi primer libro del año, A la sombra del granado. Junto a él, una postal navideña y un cuaderno y marca páginas artesanales. Y Pablo, desde Buenos Aires, un par de postales. Una hecha por él (enseña origami), la otra sobre las pasiones argentinas, que según la postal son: el obelisco, el “10”, campo y caballos, tango, Che Guevara, asado, fútbol, mujeres, mate y Carlos Gardel. Me sorprendió lo de mujeres, parece que los hombres no son una pasión argentina…
Para ellos, y como villancico final, Run rudolph run, en versión rockera a cargo de Lemmy Kilmister (Motörhead), Billy F. Gibbons (Zz Top) y Dave Grohl (Foo Fighters).

La postal y regalos de Susana




Las postales de Pablo








Run rudolph run (Lemmy Kilmister, Billy F. Gibbons y Dave Grohl)



Out of all the reindeer you know you're the mastermind
Run, run Rudolph, Randalph's way too far behind
Run, run Rudolph, Santa's got to make it to town
Santa make him hurry, tell him he can take the freeway down
Run, run Rudolph, reelin’ like a merry-go-round

Said Santa to a boy child "What have you been longing for?"
"All I want for Christmas is a Rock and Roll electric
guitar"
And then away went Rudolph, whizzing like a shooting star

Run, run Rudolph, Santa has to make it to town
Santa make him hurry, tell him he can take the freeway down
Run, run Rudolph, reelin’ like a merry-go-round
Run, run Rudolph, Santa has to make it to town
Santa make him hurry, tell him he can take the freeway down
Run, run Rudolph, reelin’ like a merry-go-round

Said Santa to a girl child "What would please you most to
get?"
"A little baby doll that can cry, sleep, drink and wet"
And then away went Rudolph whizzing like a Saber jet

Run, run Rudolph, Santa has to make it to town
Santa make him hurry, tell him he can take the freeway down
Run, run Rudolph, reelin’ like a merry-go-round

Run, run Rudolph, Santa has to make it to town

Tags: villancicos, navidad, Run rudolph run, Lemmy Kilmister, Billy F. Gibbons, Dave Grohl

viernes, 02 de enero de 2009
Ha sido un cambio de año tranquilo, dulce y cálido, sin asperezas ni malos momentos, dos días que espero marquen el camino de este 2009. En los últimos días de diciembre me había sentido sin fuerzas para evitar mirar atrás, repasaba al año que terminaba y me dejaba llevar por una cierta tristeza. Esperaba el cambio de año para terminar con eso. Y es que, inconscientemente, este cambio de año iba a actuar como frontera, como punto de no retorno.

Una curva tras la estación de Zorroza y el edificio sin cristales de la antigua feria de muestras destrozada por la bomba de Eta. Era una imagen extraña, inesperada, una imagen que remitía a una zona catastrófica tras algún huracán extremo.
Apenas me crucé con otras personas en el paseo de la ría. Llegué al museo marítimo. Atracado en el muelle, la goleta Thalassa. Las cuerdas que partían de los tres mástiles, la pasarela cerrada, el ligero vaivén, la sirena como mascarón de proa. Pura aventura. Parecía que, en cualquier momento, aparecería el hombre de Boston.
Cerca de la gran vía, hombres y mujeres con bolsas de regalos hablaban por el móvil y gritaban buenos deseos y sonreían mientras les brillaban los ojos. Me crucé con un par de mujeres en traje de noche. Y con la oleada de luces azules de los árboles invernales. Entré, sin quererlo, en la casa del libro. Compré los tres últimos libros de este año. Bukowski. Auster. Hajnoczy.
Camino de la estación noté algo inesperado, cierta sensación de pérdida, de tristeza, como cuando estás por terminar un libro. Dos páginas más y se acabó la historia. Fue algo extraño.



Cuando salí de casa cayeron unas tímidas gotas de lluvia. El viento arrastraba las serpentinas apiladas en el suelo, en las ramas desnudas de los árboles, los restos de petardos y cohetes, la soledad de la tarde de año nuevo. El cielo dividido en nubes y claros se difuminaba con la luz del atardecer. Los árboles desnudos siempre me han parecido radiografías de pulmones.
Apareció Sergio con Eva y su hija Eider. Eider tiene 8 meses, está enorme, sus ojos son curiosos, inquietos y le gusta canturrear. Luego se unió Diana con su sonrisa perenne. En la cafetería, Eider jugueteaba con las cucharas y los pañuelos, tiraba todo al suelo lo golpeaba contra la mesa, a veces reía con esa sonrisa inocente y natural de los bebés.
La noche, tranquila y agradable. Paseamos por un pueblo sin apenas gente. Conversaciones. Risas. Y la sonrisa de Sergio, una sonrisa provocada por una llamada y que sólo la puede producir el amor, hablar con la persona que quieres. Esas llamadas que hacen que te brillen los ojos, que te sientas ilusionado y con una calidez interior que sería capaz de derribar la más alta montaña.
Diana me abrazó en la despedida. No sé cuándo volveremos a vernos. Y es que la mayor parte de las personas que quiero están lejos de mí. Creo que nuestro próximo encuentro será en Houston. Y le dije que uno de mis deseos de este año es recibir la noticia de su embarazo. 
Ha sido un gran cambio de año. 2009. Tomorrow on the horizon…

Eva, Eider, Sergio

Con Diana