Domingo, 01 de febrero de 2009
La lluvia enrojecida por las luces de las farolas.
La voz de Steve Hogarth en Beyond you (si fueras un bebé te escondería en los pliegues de mi corazón… )
La luz amarillenta y cansada de diciembre.
Los cumpleaños disfrazados de vaqueros e indios.
El último beso, porque el primero está en tu recuerdo y el último aún en tus labios, palpitante, húmedo, tierno, ilimitado. El primer beso, por la explosión desconocida.
Ver tu reflejo en los ojos de quien amas.
Los regalos fuera de temporada: Un dibujo de tu sobrino, unas manoplas de lana de una peruana loca, un libro de Woody Allen de quien al principio sólo era unas palabras que luego fueron una voz y que se convirtieron en un abrazo de mi amiga Auro.
Las dedicatorias de los libros, una historia detrás de cada nombre, de cada frase.
Un camino. Cualquier camino. Un horizonte infinito. Sólo tú y tus pasos, sin pasado que recordar, sin futuro, porque el futuro cambia con cada paso.
Los viajes relámpago para estar con los amigos.
Mi familia.
Las llamadas de madrugada, la tenue luz azulada del televisor sobre las paredes oscuras y estrellas titilantes en la ventana.
El vuelo despreocupado de una gaviota sobre la superficie del mar y cómo remonta los acantilados.
Los capones de Mariola.
Richard Ford. Sin más.
El cielo de Galicia, las luciérnagas en el camino y las estrellas quebradizas con su código morse.
Los desvaríos de Oliverio Girondo. Mujeres voladoras, llorar a lágrima viva, todo era amor…
Las tardes de río, la hierba bajo tu piel, las libélulas que pasan ante tus oídos, las arañas de agua.
Una serpiente enredada entre tus piernas y un cocodrilo encerrado en una sala de reuniones (las entrevistas más curiosas en mi época de Tele7).
Las manos de Neil Peart cuando toca la batería.
Echar a andar por el placer de hacerlo y acabar a 22 kilómetros de casa, con Iñaki fumando un cigarrillo tras otro.
Las llamadas, años atrás, de Gabriela sólo porque me extrañaba y quería escuchar mi voz (tan neutra, tan pastosa y que a ella le gustaba).
El corazón yendo boom, boom, boom (estoy escuchando Solsbury Hill, de Peter Gabriel)
La madrugada acariciando la mano de mi sobrino recién nacido y él que me agarró el dedo y ya no la soltó hasta que tuvo hambre.
La ignominia que rodea a Kike y nuestras conversaciones sobre Bukowski.
Los gatos callejeros que te persiguen para que les des comida y mimos (Gertrudis)
El hombre tranquilo, de John Ford.
El sonido de una locomotora, la finitud y la aventura que traen consigo.
La sensación de estar en casa, ya sea en Ortuella, la Ribeira, Tucumán, Compostela o en el camino.
Pasar una tarde en un aeropuerto y ver cientos de reencuentros, de despedidas, de abrazos, lloros, emociones desatadas, ahí recordamos que lo que realmente importa son las personas que queremos.
Las sonrisas de Clara y Jacqui, la mirada infinita de Blanca, como de horizonte, los cuentos de Carolina.
The World's My Oyster Soup Kitchen Floor Wax Museum, de King Crimson.
Las segundas oportunidades. Volver a saber de ti 15 años después de nuestro último encuentro.
Cualquier buena historia, ya sea en cine, hojas o a viva voz (mi abuelo recordando la emboscada que sufrió en la guerra civil, mi tío Carlos y sus bromas, mi tío Polo, hablador incansable).
Los encuentros con Sergio. Dos días sin verle y es un caudal de noticias y sorpresas.
Fat city, de John Huston.
Encontrar libros descatalogados en una feria de ocasión (La roja insignia del valor, El tesoro de Sierra madre) y dar un salto de emoción.
Las veces donde me siento ante esta pantalla y dejo mi mente en blanco y, de repente, cientos y miles de palabras en pequeños cuentos de infancia o muerte.
Las mujeres habladoras.
Las huellas en mi piel.
The Analog Kid, de Rush. Cuando Geddy Lee canta aquello de la chica de ojos aduladores y piernas bronceadas baila al final de su sueño. El solo de Alex Lifeson.
El suelo nevado, el sonido de la nieve quebrada, la blancura que te devuelve a la infancia.
Los momentos donde creemos que no podemos más y comprobamos que sí, que podemos un poco más, que somos más fuertes de lo que creemos, y esperamos a que vuelvan las fuerzas para salir adelante.
Volver a casa, donde sea que esté.
El amor, porque si la vida merece la pena es por el amor.

Publicado por elchicoanalogo @ 21:54  | Great White Way
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Comentarios
Una lista de los mejores momentos de la vida... de tu vida. He le?do todos y cada uno de esos instantes, y he sonre?do. Me he parado en muchos de ellos, porque me he visto reflejado. Gracias por hacerme recordar, a trav?s de tus alegr?as y buenos recuerdos, los que permanecen en mi mente (y algunos que estaban casi desaparecidos).
Publicado por Jesus
Lunes, 02 de febrero de 2009 | 19:24
Al final, o uno se queda con lo bueno o se pega un tiro, y no es cuesti?n. Adem?s, si comparamos lo bueno que nos ha pasado con lo malo, siempre encontraremos m?s recuerdos que nos hacen sonre?r que llorar.
Abrazos, gaditano
Publicado por elchicoanalogo
Lunes, 02 de febrero de 2009 | 22:14
Hola:

Vaya amigo, si que has tenido momentos muy buenos, disfrut? mucho leer esta publicacion.

Un abrazo

Fran
www.franznaider.blogspot.com
Publicado por Invitado
Viernes, 06 de febrero de 2009 | 16:19
Saludos, Fran,

S?, tuve grandes momentos. Creo que es un buen ejercicio hacer una lista de este tipo para darse cuenta de lo que uno ha conseguido y vivido.
Abrazos marillionescos
Publicado por elchicoanalogo
Viernes, 06 de febrero de 2009 | 20:22